Por: Miguel Alejandro Rivera
En tiempos de las Reformas de Enrique Peña Nieto, las cuales se aprobaban por consigna, sin debates serios, con obligación del entonces bloque oficialista, nadie esperaba sorpresas en los días de votaciones en el Pleno de San Lázaro; sin embargo y para sorpresa de muchos, no fue tan sencillo anticiparse a los hechos, sucediéndose situaciones que jamás nadie se hubiera imaginado aquellos 12 y 13 de diciembre de 2013. Parece que así es la política mexicana, sorpresiva y surrealista.
Desde temprano entrar a San Lázaro era prácticamente imposible: granaderos y manifestantes del Movimiento Regeneración Nacional hacían de ello una faena extravagante, gracias a la cual muchos de los trabajadores dieron hasta tres vueltas al Palacio Legislativo sin lograr ingresar. Incluso la misma Amalia García, ex gobernadora de Zacatecas y entonces diputada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), peregrinaba pidiendo a los policías le permitieran el acceso.
Hablando de peregrinaciones: lindo día para votar la reforma más controversial de los últimos años, pues en unas horas sería el festejo de la Virgen de Guadalupe, quien muy tranquila observa desde el Cerro del Tepeyac el caos vial que ella y los legisladores provocaban.
Dentro del Palacio Legislativo todo parece marchar en calma, se vive una paz rutinaria que invita a pensar la Reforma Energética no existe y ha sido una historia fantástica más, creada por Luis de Llano o algún otro genio creativo de las grandes televisoras.
Trascendía que dentro del cerco que protegía San Lázaro desde ya hacía más de una semana, se encontraban patrullas del Estado de México. ¿Será que sólo en ellos confiaba Peña Nieto? No podemos negar que cuando se trata de reprimir, los policías mexiquenses son expertos, y si hay alguna duda, basta preguntar a los habitantes de San Salvador, Atenco.
Ya en el interior del recinto, mientras la mayoría de los medios se aglutinaban a las afueras de la Junta de Coordinación Política, alguien corre la voz de que “están cerrando el Pleno” ¿Quién, quienes, por qué, ahorita? La respuesta no importa, fotógrafos, camarógrafos y reporteros corren a velocidad para saber qué estaba pasando.
Son aproximadamente las 14:15 hrs. Al entrar a la sala de prensa de la Cámara de Diputados son tantas cosas y tan deprisa las que sucedían, que no se sabe ni hacia donde voltear. Diputados del PRD, PT y MC se encerraron en el Pleno de la Cámara y echan mano hasta de curules para cerrar el paso de cualquiera que no sea medio de comunicación. Su desesperación por sellar el salón es tanta que incluso hay algunos roces con reporteros y camarógrafos, quienes se aglomeran en una puerta de no más de un metro de ancho para entrar a cubrir la nota.
“El que entra ya no sale”, grita la diputada perredista Claudia Bojórquez, quien de donde puede, saca fuerzas y carga una curul para reforzar su tapón a manera de presa de castor. Los reporteros titubean con entrar o salir, pues la amenaza de quedarse ahí hasta nuevo aviso es preocupante, más aún, viniendo de los legisladores, en ese entonces de izquierda.
Los que han decidido entrar son atacados de inmediato por su instinto de supervivencia, sus preocupaciones básicas son el agua, un baño, la comida y los cargadores de celulares y cámaras, obviamente para cubrir la nota. Después de un rato los diputados permitirían entrada y salida, dado que ningún legislador de otro partido intentó asaltar el Pleno; ellos tenían su propio plan…
Comandados por Alejandro Sánchez Camacho, secretario general del PRD, los legisladores del Sol Azteca sabían que no sería suficiente tomar la tribuna, así que además de llenarla de lonas y carteles, han echado candado a las puertas del Pleno. Por su parte legisladores del Movimiento Ciudadano, que en ese tiempo aseguraban ser de Morena, decretaban un ayuno de 24 horas.
Unas cuantas decenas de personas ocupan el Pleno de la Cámara de Diputados; cualquiera se puede sentar en un curul, acostarse en el piso o subir hasta la Mesa Directiva, la cual está ocupada por diputadas perredistas, quienes huelga decir, no paran de gritar consignas y hacer el barullo de la protesta. “El petróleo es de todos, no de unos cuantos” gritan.
En 2012, cuando iniciaba la LXII Legislatura, se discutía la Reforma Laboral; en ese entonces, legisladoras del PRD irrumpieron en la tribuna e incluso la diputada Lourdes Amaya arrancó el micrófono de la presidencia para evitar que siguiera la sesión y así frenar la aprobación de la reforma. En ese momento, el entonces presidente de la Mesa Directiva, Jesús Murillo Karam, decretó un receso y los perredistas se adueñaron del pleno.
Cuando los legisladores de las izquierdas pensaban que habían vencido a la derecha, Murillo Karam y el resto de la mesa directiva salieron desde un balcón en el Pleno, mesiánico él, y siguió con la sesión para aprobar la que se dice fue la primer reforma de Enrique Peña Nieto, a pesar de haber sido oficialmente enviada por Felipe Calderón.
Por eso, el negar el acceso al Pleno no era ni de lejos la solución para este asunto, pues PRI, PAN y demás partidos de derecha se amurallaron también en el auditorio Aurora Jiménez de Palacios, apenas cruzando la explanada de San Lázaro, a unos metros del salón de sesiones “oficial”, ese donde con letras de oro dice: “La Patria es Primero”.
Van llegando los diputados a este salón de sesiones improvisado. Parece que pocos toman en serio el momento y un diputado priísta se atasca de tostadas y paté, mientras literalmente solo, narra todo lo que sucede imitando la voz del conocido cronista deportivo, Enrique “El Perro” Bermudez. Nadie le hace caso y se hace reír a sí mismo: “Llegan los perredistas, nadie los quiere, pobrecitos. Mira nada más, aquí estamos todos para discutir el futuro del país…”, una imagen que da tristeza.
En el nuevo salón no caben todos, es un verdadero desorden, aquí no hay curules y no se sabe quién es diputado, quién es reportero y quién es colado. De por si las sesiones por lo general parecen un salón de clases sin maestro, donde los chamacos no se están quietos, pero el Pleno es tan grande que los cuchicheos se pierden y son derrotados por la voz de quien tiene el micrófono; empero aquí eso no sucede, el auditorio es más pequeño y las acciones llegan a tornarse anárquicas.
Al filo de las 17:00 hrs. Comenzaba la sesión: todos se acomodaban a este nuevo espacio para el debate: Manlio Fabio Beltrones sondea el asunto desde la primera fila, un grupo diferente de perredistas a los que tienen “secuestrado” el Salón de Sesiones pide que se someta a discusión el cambio de sede de la sesión, o mejor aún, que el asunto se turne a las comisiones pertinentes. La mesa directiva hace caso omiso y sigue con el show.
Beltrones hace gala de su amplia experiencia política y echa la culpa a los perredistas enclaustrados en el Pleno de que se proceda tan rápido con esta reforma “han secuestrado algo que nos pertenece a todos (…) en la Junta de Coordinación se acordaba que se enviara a comisiones, pero la actitud de algunos legisladores de izquierda nos ha llevado a esto”. ¡Ahora resulta que la política mexicana se rige por venganzas y rabietas! Prácticamente Beltrones ha dado a entender que si los perredistas no se encierran, la reforma no se hubiera discutido en ese momento y se hubiera tratado con la seriedad que nuestro país merecía.
Varios perredistas, incluido el coordinador del grupo parlamentario, Silvano Aureoles, quien brilló por su ausencia en el cierre del Salón de Sesiones, exigen nuevamente que se regrese a comisiones, argumentando que se debe respetar el reglamento. De inmediato el priísta Enrique Cárdenas le responde “ustedes abran el pleno”.
Ya no solo se trataba de aprobar una reforma, parecía que el “encerrón” de los diputados de izquierda calentó a los de derecha; todo radicaba entonces en ver “de que cuero salían más correas” y cuales eran “los chicharrones que tronaban”. Todo se convirtió entonces en un circo, algo ya clásico en el ambiente legislativo de nuestro país: Roberto López del PRD pide la palabra, Ricardo Anaya, presidente de la Mesa Directiva se la da a Monreal, López se queja, Monreal sede la palabra, el presidente se molesta “aquí yo soy el que da la palabra”, los panistas y priístas se burlan de cómo Anaya trata a los diputados de la izquierda como niños… En fin, siempre su mismo cuento.
Ricardo Monreal finalmente toma la palabra: “Este es un adefesio legislativo, no una reforma constitucional (…) vivimos en una dictadura legislativa, como la de Hitler, Mussolini o Huerta (…) ustedes son un montón de pajecillos del rey Enrique de Atlacomulco apoyando el atraco a la Nación”. Ante la rechifla después de llevar ya varios minutos hablando, Monreal exclamaba: “¡Ahora se aguantan!”. Finalmente grita a los diputados de la derecha: “¡Vende patrias!”, y por alguna extraña razón se sienta sonriente y bromea con otros diputados de su partido ¿qué no este asunto es serio o los gritos que acaba de pegar son actuados?
A estos comentarios, varios legisladores del PAN, PVEM y PRI responden enérgicamente, incluso el coordinador del Verde, Arturo Escobar y Vega logra acallar a todo el auditorio cuando toma la palabra y se desgañita defendiendo la reforma que está siendo discutida: “No Ricardo (Monreal), no somos vende patrias, la patria está de este lado y no llevamos prisa, llevamos treinta años de atraso (…) no es cierto que estamos en contra de lo que quiere la gente”.
Ya son las 18:50 hrs. Aleida Alavez, otra de las legisladoras que comandó la toma del Pleno habla “algo” con Beltrones, por todos lados hay cuchicheos; a tan solo algunos metros de ahí siguen en el verdadero Salón de Sesiones los perredistas que decidieron encerrarse como protesta y a otros pocos metros más, afuera de Palacio, siguen las manifestaciones de la sociedad que no quiere la aprobación de la Reforma Energética.
A las 18:56, la Mesa Directiva anunciaba la llegada de la minuta del Senado con respecto a la Reforma Energética. Al momento, Francisco Arrollo Vieyra devora un sándwich que obtiene de una improvisada cafetería en el auditorio de la sesión. Al percatarse de que hay comida, muchos diputados priístas se aglomeran para obtener un pedazo de “algo”, lo que sea… Una naturaleza rapaz se apodera de ellos.
Mastican, tragan, hablan con la boca llena; toman una, dos tortas, se colman las manos y siguen atascándose de comida. Pareciera que traje y corbata son un requisito para obtener algún entremés, pues un hombre en mezclilla y camisa corta observa de lejos y a leguas se ve que se le antoja, pero no se atreve a pedir una tortita. Que analogía de la sociedad mexicana, condensada en un momento tan crucial para México.
De ahí se vienen los posicionamientos, lo mismo de siempre: demagogia, lisonja, protestas, aplausos, abucheos, quejas, todo depende del partido que esté al micrófono. Lo que sale un poco del guion es que durante el posicionamiento del PRD, la legisladora del mismo partido Alpha González arma un conato de bronca con una diputada priísta, interrumpiendo al pobre Luis Espinoza Cházaro, quien no hacía más de quince días, fue también interrumpido por una bronca en su primer informe legislativo en su delegación, Cuajimalpa.
La sesión sigue y afuera del auditorio donde ésta se lleva a cabo, el petista Rafael Huerta Ladrón de Guevara protesta porque no le permiten el acceso; utiliza un pequeño amplificador que cuelga de su cintura para protestar y reproduce el Himno Nacional a todo volumen. Mientras tanto, un pequeño grupo de perredistas que siguen encerrados en el Pleno oficial, celebran una sesión hechiza, donde prácticamente nadie hace caso a sus discursos en tribuna. En los curules de “la derecha”, abandonados mientras se sesiona en otro lugar, los perredistas han colocado hojas con la leyenda “traidor a la patria”. Los integrantes del Movimiento Ciudadano que decretaron su ayuno bien podrían comer algo, pues nadie los ve, aunque a leguas se nota que han respetado su palabra, lucen terrible.
Ladrón de Guevara ingresaría más tarde a la sesión del auditorio y sería abucheado por los sectores de derecha, incluso diputadas priístas le taparon el camino para llegar a la mesa directiva, repitieron la hazaña del primero de diciembre de 2012, cuando jugaron a ser lindas gendarmes de chalina roja, cuidando las escaleras del Pleno para proteger a Enrique Peña Nieto en su toma de protesta. Por su parte los “secuestradores” del Salón de Sesiones pasarían ahí toda la noche sin que alguien les hiciera mucho caso, ni si quiera un par de fotógrafos que obligados debieron acompañarlos.
A las 22:10 se votaba en lo general la tan esperada Reforma Energética. A falta de tablero electrónico, cada legislador debe pasar el micrófono y de viva voz emitir su voto. Durante la votación, que duró alrededor de una hora, llamó la atención la panista Verónica Sada, quien votó en contra de la reforma, además de dos conatos de bronca suscitados prácticamente al mismo tiempo en cada uno de los extremos del salón: uno protagonizado por Karen Quiroga y Landy Berzunza; el otro por el perredista Sebastián de la Rosa, quien se enfrentó con guardias de seguridad. Y es que esto está tan caliente como un partido de fútbol donde ya se repartió la leña, casi todos tienen amarilla, hubo un par de expulsados y los jugadores esperan cualquier provocación para terminar a golpes.
La reforma se aprobó en lo general con 354 votos a favor por parte de los partidos PRI, PAN, PVEM así como PANAL y 134 votos en contra, de PRD, PT, MC y algunos cuantos de detractores de partidos de derecha. Obviamente no se hicieron esperar los aplausos y los gritos de “México, México” por parte de los legisladores de la derecha; se burlaba, gritaban, reían y poco les faltó para abrir ahí mismo las botellas champagne.
De ahí y como en todas las sesiones de la LXII Legislatura, donde se aprobaron reformas sumamente importantes para el país, vinieron las reservas, las cuales como siempre eran más de cien. También se esperaba que fueran tan monótonas como siempre, con una izquierda que en ese entonces proponía el debate y una derecha que no lo aceptaba nunca; sin embargo, el color lo puso el diputado michoacano Antonio García Conejo, quien pasadas las 2:30 de la mañana se despojó de sus ropas hasta quedar en calzones, mientras expresaba su reserva en tribuna, argumentando que la derecha “así ha despojado a la Nación”.

Minutos después se le vería pensativo, no sabemos si por caer en la cuenta de haber hecho el ridículo o por haber dado más armas a la derecha para volver esta reforma una discusión chacotera, pues ahora cuando presentaban sus reservas ciertos diputados, las priístas les gritaban “mucha ropa”.
Después de casi un día de discusión debido a las 350 reservas presentadas por los partidos de izquierda, la llamada reforma energética se aprobó y finalmente Peña Nieto pudo obtener su cereza en el pastel de las reformas. Antes del 15 de diciembre de 2013, debía aprobarse y así fue como se hizo, para beneplácito del entonces presidente y de las grandes compañías extranjeras que llegarían para llevarse la riqueza de México.
Se modificaron los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución y con ello se perdió la soberanía y gran parte de la riqueza del país; Enrique Peña Nieto hizo lo que Calderón no se atrevió en 2008. El PRI había regresado a la presidencia y lo hizo con todo: laboral, educativa, en telecomunicaciones, fiscal, política… fueron muchas las reformas y muy desastrosos los resultados.
A ocho años ya de aquel suceso, hoy vivimos bajo el primer gobierno de izquierda en muchos años, el de Andrés Manuel López Obrador; ahora se discute la Reforma Eléctrica, muy relacionada con aquellos sucesos de 2013; las implicaciones que conlleva esta propuesta para la economía nacional son, como cualquier política pública, debatibles; sin embargo, hace mucho que no se ven vallas rodeando las Cámaras legislativas, ni tampoco manifestaciones en las calles; sin duda algo ha cambiado.
