Por: Esperanza Cativo
Ministros de mi cuerpo
privilegiados de la entrega y de los cuidados
poseedores de mis lágrimas en el sereno
ignorantes del todo y
saberes de la nada
Ustedes,
que acarician las pieles de mis hermanas
que se creen feudos
de nuestras raíces
Que mandan sin pagar alquiler
y en las corazas,
acribillan las crisálidas restantes
en rescoldos de primavera
Jueces que escatiman en el oprobio
de corazones refulgentes
Ustedes,
dadores de la banalidad
que contemplan desde el “sólo yo”
Nunca
Tú
que sólo estamos al alcance
de caricias vacías
en el polvo estelar
de un universo imaginario
Ustedes,
pergaminos de las promesas gélidas
en donde engendran oscuridad
y empuñan relámpagos
para perpetuar sus armas libertinas
Quienes poseen en cada poro
las fauces de la desgracia
y la autocomplacencia
A ustedes,
dictadores del abismo.
No son más que espinas incrustadas
en el imperio de mis flores
germinadas entre mis piernas
Mis sueños fueron arrebatados
entre gritos que hacían eco
en las cuencas de mis ojos sin brillo
Me niego a ser sus silencios
y la cómoda en un cuarto titilante
de entropías difusas
Huérfanos de la empatía,
ya no son más los anhelos
que cargan mis cicatrices impías
sólo delatan los deseos de
Habitarme
Renacerme
Vivirme
en el océano de la libertad absoluta
donde mis brazos se extienden y
alcanzan la costa
costa nueva
donde los granos de arena son las memorias
de ellas,
queriendo quedarse
entrelazadas
auténticas
VIVAS
