Por: Miguel Alejandro Rivera
“En madrugadas como esta, pienso en ella y me alegro que no esté aquí por seguridad nuestra”. Es esta la frase con la que el escritor Fausto Leyva arranca su poemario Mujer Líquida, un libro estruendoso, incendiario, de divina crudeza… un libro con el que no cuesta identificarse a cada punzada que el autor describe con sus letras.
La primera parte del volumen es “Apuesta en contra”, en la que Leyva retrata escenarios furiosos, momentos oscuros, valles del devenir a los que cualquiera le tiene miedo. “Ya sé dónde termina ese callejón / he entrado varias veces / se torna oscuro / tanto que lastima”, se lee en el poema “No quiero estar ahí”.
Las letras de Mujer Líquida son incómodas porque así tienen que serlo, porque la vida, como la literatura, no es un juego de felicidad perpetua donde no se presenten los escenarios que, en sus reflexiones, nos comparte Fausto Leyva.
La siguiente parte del libro es “Secreto en su mirada”, donde se percibe un ambiente un tanto más sexual y romántico, sin dejarnos engañar por el sentido del amor alegre que se consume en las películas taquilleras. Leyva refleja un amor real, de reflexiones profundas y verosímiles que se encuentran en interesantes analogías y juegos literarios. “Esto del amor estruendoso / no es lo mío / para qué tanta palabrería inútil / si apenas la beso / arden los labios / falta el aliento” (…) “Respira como esperando ser fusilada / deslizo los dedos por su columna / aprieto sus hombros / la tomo del cabello / estrujo sus senos / sus muslos / su cadera / serpentea su maravillosa figura”.
Mujer Líquida fue publicada por Editorial Taller de Creación Literaria, en un volumen de exquisita calidad que sorprende desde la portada hasta las ilustraciones que se incluyen dentro de sus páginas. Fausto Leyva es también autor de Jauría, compilación de versos afilados y de Recuerdos de Rabioso Licor.
