La trampa de la pobreza: el trabajo juvenil en México

Por: Kunti Amaro Prado

El objeto este artículo es analizar la dinámica del trabajo juvenil y la explotación laboral, problemática que surge a partir del abuso de poder del dueño de una empresa, el personal administrativo e incluso desde la gerencia de un centro de trabajo y de la falta de protección de los derechos del trabajador establecidos en la Ley federal de trabajo; también mencionaré al mito de la meritocracia como justificación de estas prácticas, los trabajos en los que más se nos expone a estos abusos y cómo al final todos estos factores se cohesionan y forman un aparato de abuso sistemático que explota y lastima continuamente los jóvenes.

Resulta lógico que antes de empezar a hablar sobre los factores anotados en el párrafo anterior, hable sobre las instituciones y leyes que amparan a los jóvenes y en general a cualquier trabajador, o que en teoría deberían hacerlo.

Primeramente, tenemos a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, esta es la dependencia del gobierno federal que se encarga de fortalecer la política laboral, propicia el diálogo entre patrones y trabajadores, además, vigila el cumplimiento de los derechos de las y los trabajadores.

Por otra parte, los trabajadores en México cuentan con la Ley Federal del Trabajo como sustento legal de los derechos y obligaciones de los trabajadores y patrones. Este conjunto de alrededor de mil artículos divididos en dieciséis capítulos, establecen las particularidades del trabajo en la república mexicana; sus títulos temáticos son los siguientes: condiciones de trabajo, derechos y obligaciones de los trabajadores y el patrón, trabajo de las mujeres, relaciones colectivas del trabajo, huelgas, riesgos del trabajo, prescripción de derechos, derechos sociales, representantes de los trabajadores y de los patrones, responsabilidades y sanciones, entre otros. Cada uno de estos capítulos hace referencia a diferentes temas como lo son el trabajo de los menores, accidentes laborales, pensión, finiquito, liquidación, prestaciones, despido injustificado, renuncia y las sanciones al patrón y al trabajador por el incumplimiento de la Ley federal del Trabajo, ya que es obligación de todos conocer y cumplir lo establecido en estos artículos.

A continuación, hablaré sobre la PROFEDET (Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo) esta instancia es la encargada de promover y garantizar el estricto cumplimiento de los derechos laborales en el marco de los derechos humanos, primeramente, a través de la conciliación como mecanismo legal e idóneo para resolver conflictos obrero-patronales, como lo podrían ser un despido injustificado, la negación del finiquito, reducción del salario, el nulo pago de horas extra o la negación de otras prestaciones.

Como se ha expresado con anterioridad, el trabajo juvenil en México posee complejos factores intrínsecos a la explotación laboral, de los cuales considero los más importantes los siguientes: edad, género, nivel socioeconómico, estado de procedencia, color de piel, nacionalidad y nivel de estudios, siendo los dos primeros los recursos temáticos de este artículo.

Cuando los jóvenes entran al campo laboral, que suele ser a los dieciocho, e incluso antes, carecen de experiencia laboral, pero también desconocen sus derechos como trabajadores, aceptan trabajos que pagan $4,000 o $5,000 al mes, sin prestaciones, sin horarios fijos de salida, o como lo llaman los empleadores “disponibilidad de tiempo”, “descansos rolados”, no se elaboran contratos y si estos llegasen a existir, no se proporcionan copias, todo esto bajo el entendimiento de que como no tienen experiencia no merecen un sueldo más alto e ignoran lo ilegal de estas prácticas. Esta falta de derechos da pie a otras irregularidades y abusos dentro de un centro de trabajo como el acoso, el racismo, el clasismo, el maltrato psicológico, entre otros.

Una de las industrias que está más plagada de esta explotación es la restaurantera, que además suele ser en dónde los jóvenes tienen su primer contacto con el campo laboral. Por ejemplo, un mesero o mesera debería trabajar 8 horas al día, sin embargo, sus turnos suelen durar hasta 12 horas sin pagarles horas extras, sólo por “amor al trabajo” por “ponerse la camiseta” y así es como existen restaurantes como Pujol en donde una comida de dos personas puede costar $7,000 y a sus trabajadores les pagan $4.000 al mes, les descuentan la vajilla, les roban la propina, les descuentan su paga, en donde sufren abuso psicológico y el que no aguanta simplemente es débil.

Sobre estas realidades surge el mito de la meritocracia y el mito de la pobreza, porque entonces el que trabaja 8 horas hace menos mérito por salir de la pobreza que el que es explotado 12 horas por el mismo sueldo, la mujer que no se calla el acoso que recibe de su jefe está más loca que la que no dice nada por miedo a que la despidan, el que pide prestaciones es un revoltoso mientras el que no lo hace es un buen trabajador, pero le pagan con palmaditas en la espalda; al final el pobre es pobre porque quiere, el pobre es pobre porque no tiene hambre, el pobre es flojo, el pobre debe servir y darle el gusto a la clase alta mientras trabaja a 4 horas de donde vive, mientras no puede descansar, mientras lo que le pagan no le alcanza para comer, mientras que en las instituciones que deben proteger los derechos del trabajador no contestan ni el teléfono.

Considero que la siguiente profesión en la que se desarrollan los jóvenes es la de repartidor de aplicaciones, siendo esta también muy difícil de llevar a cabo, desde mi experiencia podría decir que es uno de los trabajos peor pagados, desahuciadores y miserables que un joven puede tener.

Existen diferentes desventajas del trabajo por aplicaciones, siendo las más destacables la inexistencia de un sueldo fijo, maltrato por parte de trabajadores de la empresa, acoso de gerentes en los restaurantes, acoso de otros repartidores, acoso de los clientes, acoso de la gente en la calle, violencia por parte de conductores, maltrato por parte de los porteros de los edificios, maltrato de los restaurantes (por ejemplo tener que recoger pedidos por donde sacan la basura), la inexistencia de prestaciones. Hablando puntualmente de esta última, por ejemplo, Rappi te proporciona un seguro contra accidentes, gastos funerarios y daños a terceros, sin embargo, este último es significativamente superior al de accidentes o gastos funerarios, además sólo aplican si el repartidor estaba realizando un pedido y aún así debe ser aprobado por la empresa.

También hay que tomar en cuenta a la violencia de género como agravante de las desventajas del trabajo por aplicaciones. Si bien la labor del repartidor es difícil, la de la mujer repartidora suele serlo un poco más, se enfrenta, como sus compañeros, a maltrato psicológico, asaltos, entre otros; pero también experimenta situaciones socialmente inherentes a su género, el acoso sexual y, en muchos casos, intentos de violaciones o violaciones de las cuales no suele haber forma de denunciar. Por otro lado, es común encontrarse con mujeres jefas de familia o madres solteras que tienen que llevar a trabajar a sus hijos a pie o en bicicleta, estás mujeres no sólo se arriesgan a ellas mismas, sino también a sus hijos ya que por falta de apoyo y oportunidades económicas no puede dejarlos en casa, aún así el pago que recibe no es equitativo con su esfuerzo.

Específicamente hablando de Rappi, su sistema pago, recompensas y forma en la que otorga pedidos a sus repartidores; la forma en la que funciona la aplicación suele cambiar constantemente, pero en general para que la aplicación le otorgue al trabajador pedidos suficientes tiene que hacer méritos, debe aceptar todos los pedidos que pueda, aunque le paguen $27 por llevar la mochila llena de comida desde la Condesa al edificio más alto de Reforma, si no lo hace lo sancionan bloqueando la aplicación una hora, entonces si trabaja más su recompensa es que le dan oportunidad de trabajar, otra forma en la que la empresa sanciona a sus repartidores es que cuando el cliente rechaza el pedido y la comida ya está en la bolsa se la cobran al repartidor, le dan un día para llevarla a sus oficinas, sino genera deuda.

Otra problemática muy grande es la cuestión de los productos que les hacen comprar para poder trabajar, si bien no es necesario adquirir la mochila el no hacerlo crea dificultades a la hora de laborar, si no tiene mochila le envían menos pedidos, si tiene la mochila chica le envían menos pedidos que si tuviera la mediana, si tiene la mediana le envían menos pedidos que si tuviera la grande y así termina pagando $600 de una mochila las primeras 2 semanas de trabajo.

Un trabajador nuevo que hace sus pedidos en bici, trabajando 8 horas probablemente no supera los $120 diarios tomando en cuenta que en promedio un pedido le puede general entre $27 y $40 teniendo al día un promedio de 3 pedidos. Estas empresas venden la idea de que el trabajador es su propio jefe, que puede general el dinero que quiera y se romantiza al repartidor explotado que cruza mar y tierra para llevarle al cliente una hamburguesa de Shake Shack que cuesta más de un día de su trabajo y todo con una sonrisa.

Para concluir me gustaría terminar de relacionar la mentira de la pobreza con el trabajo juvenil en México. En general para el mexicano es difícil conseguir trabajo y, como lo mencioné anteriormente, hay diferentes agravantes a esta problemática. Tener un trabajo mal pagado no sólo significa que debes comer menos, significa esfuerzo, significa aguantar violencia emocional, sexual, física, significa incertidumbre porque no se puede general antigüedad, significa no tener pensión, significa que no puedo tener un crédito para comprar una casa, significa que si yo muero hoy mi familia no va a tener nada mañana.

Reducir la explotación laboral y el abuso de poder a su simple romantización crea un impacto muy grande en la sociedad. El no ofrecer prestaciones no sólo enriquece al dueño de una empresa, sino que empobrece al trabajador, en este caso a los jóvenes, acorta su vida, daña su salud mental, reduce las posibilidades de terminar una carrera y hace que el recibir una beca sea prácticamente su única fuente de ingresos.

Al final de todo, sólo queda preguntarnos, ¿qué están haciendo las instituciones por los jóvenes?, ¿por qué son minimizados casi al punto de la invisibilización? Quitarles oportunidades de crecimiento laboral y personal sólo le quita a México la posibilidad de ser un país diferente.

Publicado por Paradigma

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