Por: Miguel Alejandro Rivera
En el universo de las letras y las páginas, donde a veces ya nada parecer impresionarnos, uno encuentra de pronto joyas especiales como 79 cartas para Liberthad, más 20 y una de pilón; en este libro, Margarito Mendoza experimenta con el género epistolar, llevando al lector tras la pista de una destinataria que parece merecer, desde cartas de amor, hasta disertaciones sobre personajes como Roque Dalton o el Ché Guevara.
Con un estilo relajado, dinámico, alegre, el autor no abandona la calidad de una literatura que se disfruta en cada línea, porque te identificas, porque te llega a lo profundo, porque sientes las letras como si fueran tuyas. “Qué diera por una mujer que ría conmigo, que piense conmigo, que sueñe conmigo; por una mujer que recite, que cante, que se politice conmigo. Qué diera por una mujer que le gusten los libros, que lea conmigo poesía y literatura en general…”, escribe Margarito Mendoza en su texto ¡Ay, qué güey!
Esta edición de autor publicada en 2019, resulta en momentos conmovedora, como en las líneas del poema ¡Cómo chingaos no!, cuyo título contrasta con sus líneas iniciales de ternura y aliento: “Nada termina mientras existe una esperanza, y una esperanza existe mientras existan risas alegres en los rostros de los niños; mientras universalmente existan el amor y el respeto; mientras exista la admiración de los hijos, la solidaridad de los hermanos, la sinceridad de los amigos…”.
Como bien lo explica Reyna Mejía Palafox en la cuarta de forros, “en este racimo de cartas hay las que juegan con la imaginación e incitan a materializar la poesía que vive en nuestra cotidianidad. Lanzar metáforas siempre será mejor que arrojar piedras como recurso despertador de conciencia”.
Concluimos pues con unas líneas que Margarito Mendoza González le dedica a un imprescindible de la historia nacional: “Viva Emiliano Zapata, el valiente guerrillero que defendió al campesino del hacendado usurero. Zapata siempre luchó por la tierra al jornalero, y ricos y gobernantes le llamaron bandolero…”.
