Por Diego Flores Téllez
El arte, la manifestación de la actividad humana a través de la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos lingüísticos, plásticos o sonoros, se divide en siete bellas artes, a saber: Arquitectura, cinematografía, danza, escultura, literatura, música y pintura. La división artística con la que considero que tengo más contacto es con la sexta, es decir, con la música.
Escucho esta última cuando camino por los pasillos de mi escuela preparatoria con dirección a mi primera clase del día, mientras viajo en el metropolitano de color naranja de la Ciudad de México hacia mi casa, cuando hago algunas tareas que no necesitan completa atención de mi parte y mientras hago el quehacer de todo el primer piso de mi hogar.
Uno de los temas que se trata en la música es el del amor, el sentimiento hacia otra persona que nos atrae o nos gusta. Para mí, un chico de 17 años que cursa el cuarto semestre de su educación media superior, dicha temática me parece ajena, no porque yo sea una “una cosa que ni sentimientos tiene”, como diría el personaje de Lord Farquaad de la película Shrek.
El amor, en el sentido romántico, me resulta un fenómeno ajeno que acontece en pocos sujetos debido a que no lo he sentido durante mucho tiempo y, por consiguiente, no he tenido pareja. A pesar de esto, me gusta mucho escuchar las canciones que giran en torno a dicho tema, así como a su antónimo, su contrario, su opuesto, el desamor.
Una composición que hace referencia al amor es Te amo de Alexander Acha: (…) te amo más que a nuestra mágica noche de bodas, más aún que esto te amo (…). Y una canción que se refiere al desamor es Canciones de amor de Julieta Venegas: Estoy tan cansada de las canciones de amor, siempre hablan de un final feliz. Bien sabemos que la vida nunca funciona así.
Creo que no soy seguidor ni partidario de ninguna de estas dos temáticas, más bien yo me voy del lado de algo que es muy importante para mí: La amistad. Esta última me parece muy relevante porque desde siempre me ha costado socializar con los demás individuos y hacer amigos debido a mi timidez; y así quiero estudiar Comunicación y Periodismo.
Ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, pero mi sociabilidad estaba en un grado tan bajo que mis padres me llevaban con una psicóloga con el fin de revertir dicha situación; la verdad no sé si se logró, pues de un momento a otro dejé de asistir a mis sesiones psicológicas. Lo que sí es que mis mejores amistades comenzaron con un acercamiento por parte de mis amigas y amigos.
La realidad es que después de estos acercamientos empezamos a charlar, conocernos, juntarnos y salir como un grupo de amigos. El hecho de tener amistades, y ser integrante de un grupo de amigos y amigas me hace sentir muy bien, me hace pensar que mis amistades me entienden, me hace sentir querido por personas diferentes a los miembros de mi familia.
—Diego, ya es la una de la tarde. Vamos al Pizza Hut que está al lado del Town Center a comprar dos pizzas de pepperoni para el pícnic— me dijo mi amiga Éricka.
—Sí, está bien. Sólo déjenme hacer una cosa y las alcanzo, a ti, a Itzel y a Mariana — le contesté a mis tres amigas.
—Claro, no te preocupes, te esperamos – me contestó mi amiga Itzel.
Bueno, antes de irme con mis amigas a comprar las cosas para el pícnic que organizamos con motivo del 14 de febrero, Día del Amor y de la Amistad, te diré, a ti que estás leyendo esto, unas últimas palabras. Si tienes novia o novio cuida con ella o él todos y cada uno de los aspectos de su relación amorosa. Si eres como yo sé agradecido con tus amistades, sal con ellas, lleva a cabo actividades con ellas, etc., pues la vida es corta y, por esto, la amistad no debería celebrarse sólo el 14 de febrero, sino siempre.
