Por: Alejandra Ponce
El pasado 19 de febrero se conmemoró el Día Internacional contra la Homofobia en el Deporte, en homenaje al nacimiento de Justin Fashanu, primer futbolista que hizo pública su homosexualidad.
En el marco de este acontecimiento es necesario señalar un tema importantísimo en el ámbito deportivo que si bien de a poco ha ganado lugar en el reconocimiento y visibilidad de grupos minoritarios y lastimados por la heteronorma dentro del deporte, continúa siendo tabú, generando división y fomentando estereotipos: la diversidad sexual.
La historia de Fashanu sirvió al mundo deportivo como ejemplo de la persecución y el maltrato a los derechos humanos de quién se atrevió a mostrarse y reconocerse fuera de los estándares de la heteronormatividad que permea en el deporte. Y es que este ámbito se ha concebido histórica y socialmente como un espacio dominado y creado para los hombres que cumplen con los requisitos de la masculinidad hegemónica (características físicas, heterosexualidad, poca afectividad y un conjunto de actos asociados a lo masculino persé).
La concepción de esta masculinidad ha fomentado desventajas y maltratos a quienes se ven como invasores de estos espacios y quienes en ocasiones tienen que alinearse a ciertas normativas que agreden sus libertades, tal es el caso del deporte femenil y los miembros de la comunidad LGBT+.
La finalidad del deporte además de la competitividad tiene otras implicaciones alternas como algunos fomentar el trabajo en equipo, dotar a sus practicantes de salud en todo lo que este espectro representa y es evidente que no siempre se consigue de manera integral ante los actos discriminatorios que permean en este ámbito.
En México una de las problemáticas más visibles ha sido la constante lucha contra el grito homofóbico que la Federación Mexicana de Fútbol ha intentado erradicar sin éxito hasta ahora. La connotación de un grito a quienes muchos apelan en el ‘folclor’ de la picardía mexicana y de nuestro futbol solo ha podido evidenciar el enorme trabajo que se tiene por delante ante esta situación.
Tan solo en nuestro país, entre 2020 y 2021 se registraron 148 casos de violencia que contemplan asesinatos y desapariciones de acuerdo con el Observatorio Nacional de crímenes de odio contra personas LGBT. Alrededor del mundo el mundo del fútbol se ha sumado para erradicar la homofobia y conseguir espacios incluyentes a través de campañas que celebran y reconocen la diversidad sexual y las entidades de género.
La FMF y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación han sumado esfuerzos desde 2019 para la creación de políticas que velen por la igualdad de oportunidades para las mujeres y grupos discriminados a través de un convenio contra la discriminación. En el evento donde se firmo dicho acuerdo, la presidenta del CONAPRED dijo lo siguiente: “el futbol promueve valores como la fraternidad, el trabajo en equipo y el juego limpio, pero no podemos ignorar que también mueve pasiones contrarias a su espíritu como machismo, misoginia, homofobia y xenofobia”.
Lamentablemente, este desafío contra la discriminación va mucho más allá del fútbol, fuertemente arraigado en el mundo deportivo en general basta con recordar los recientes hechos ante el patinador mexicano Donovan Carrillo, quien recibió comentarios negativos en torno a la práctica de un deporte señalado como ‘poco masculino’.
La historia de Justin Fashanu es el claro ejemplo de lo dañinos que resultan los estereotipos dentro del deporte: el futbolista inglés declaró su homosexualidad públicamente en 1990, ocho años después ante la presión, persecución y señalamiento ante esta decisión Fashanú se suicidó.
La discriminación cobra vidas. Y sin el rompimiento de prejuicios difícilmente los distintos grupos minoritarios dentro del fútbol y el deporte lograrán obtener espacios y trato digno íntegro. La tarea que tiene nuestro balompié es titánica, no basta con la alianza de la FMF y el CONAPRED, también está el llamado para los medios de comunicación quienes debemos de ser más responsables con el tratamiento de la información, evitando fomentar discursos de odio. Y a todos los actores de este deporte: jugadores, directivos y aficionados, hagamos un llamado a la empatía, tolerancia y respeto, jugando todos en el mismo equipo.
