Cuando el fútbol no es sólo fútbol

Por: Alejandra Ponce

Existe una discusión sobre qué tanta importancia cobra el fútbol como fenómeno social y es que este deporte se ha desarrollado de tal manera que también funge como una industria de entretenimiento que no es ajena a temas políticos, económicos y por supuesto, socioculturales.

La popularidad del fútbol permite que este tenga influencia en un gran número de personas, generando pasiones y emociones que en ocasiones se llevan a las líneas más extremas de su propio significado, exhibiendo imágenes y actos violentos en escalas inverosímiles. Pareciera que a veces este juego está muy lejos de ser solo eso y se traduce erróneamente a un campo de batalla, olvidando el espíritu de competencia, deportividad y fair play por el que debería conducirse.

La rivalidad deportiva se ha mal entendido desde una estructura violenta que predomina en el fútbol, adoptar los colores de un equipo conlleva una serie de valores y afinidades que pueden encontrarse a partir de la historia del club, su filosofía, el lugar de origen o la admiración por algún jugador destacado. Desgraciadamente, así como se decide ‘pertenecer’ a un club pareciera que inmediatamente el rechazo y el ‘odio’ deportivo hacia quienes visten un jersey diferente al que elegimos se incluye de facto.

Este 5 de marzo del 2022 el Estadio La Corregidora fue testigo de uno de los peores episodios del fútbol mexicano. Mientras Querétaro recibía al Atlas en la Jornada 9 del irónico torneo “Grita x la Paz” el caos en la tribuna expuso espantosas imágenes de violencia: aficionados del Atlas fueron golpeados y despojados de sus camisetas, algunos hasta quedar inconscientes, lo que provocó que las autoridades permitieran el ingreso de los espectadores a la cancha para ponerse a salvo, sin embargo, ante la falta de elementos de seguridad todo se salió de control y se convirtió en una batalla campal.

Lastimosamente no son imágenes únicas en el balompié mexicano. En Inglaterra los “hooligans”, hinchas radicales que realizan actos vandálicos con pretexto del futbol, ocasionaron uno de los peores episodios de este deporte con la Tragedia de Heysel; en Argentina, el Super Clásico entre Boca Juniors y River Plate en repetidas ocasiones ha sido escenario de tensas trifulcas que paralizan a la ciudad de Buenos Aires, casi siempre para los escenarios más penosos y lamentables, donde las agresiones y la sangre son un complemento más de este evento.

Tan solo un día después de lo sucedido en Querétaro, pseudoaficionados del Atlético Mineiro y Cruzeiro en Brasil protagonizaron una pelea donde el saldo fue de una persona fallecida y un herido por impacto de bala. La rivalidad en el fútbol ha trascendido los 90 minutos y las líneas del césped. En el libro Historia mínima del fútbol en América Latina el autor Pablo Alabarces, doctor en Sociología , menciona “los distintos hinchismos-es decir, los estilos de ver y alentar- dialogan y se contaminan”. Entenderlo también es replantear qué mensajes se construyen en el fútbol y quienes son los responsables de esta contaminación.

Estos hechos que hoy se lamentan alrededor del mundo deben ser una llamada de atención para todos quienes participamos de uno u otro modo en este deporte, desde el aficionado que decide ir al estadio y participar con cánticos que incitan al odio hasta a los que están dispuestos a quitar una vida por vestir y sentir colores diferentes; los directivos y dueños del balón que muchas veces han decidido no actuar para frenar acciones alrededor del balompié que dañan su entorno y esencia respondiendo solo a intereses económicos, y por supuesto, los medios de comunicación.

Es importantísimo que en estos últimos el manejo y cuidado de la información sea cada vez más responsable en apego a la ética del ejercicio periodístico, cuidando evitar cualquier postura o mensaje que incite al odio, la violencia y al morbo que actos tan polémicos como la violencia dentro del fútbol pueden generar.

No es necesario que exista sangre en la tribuna para confirmar la existencia de violencia en fútbol, basta con los cánticos que buscan amedrentar, ofender y ‘terminar’ con el rival, los cuales por desgracia hemos normalizado llevándolos hasta la reproducción inconsciente de mensajes llenos de ira.

Diversas personalidades de este deporte han coincidido en que si bien el fútbol se mimetiza muchas veces en lo mejor o lo peor de una sociedad no termina por cambiar el hecho de que solo es eso: fútbol.

Jorge Valdano sentenció alguna vez que el fútbol es “lo más importante de lo menos importante”. Hoy pareciera que un juego de 11 contra 11 es de vida o muerte. Sí, de muerte por crudo que suene, pues el extremismo ha conseguido que se cobren vidas bajo el puro pretexto del juego.

Por fortuna, el otro extremo del fútbol es sumamente bello. Que no se nos olvide que la esencia de este, como otras disciplinas debe servir para inspirar, divertir y hasta educar. En un mundo tan atroz donde la violencia es protagonista de nuestras vidas no olvidemos al fútbol como válvula de escape a la fantasía, a una realidad menos cruda y mucho más amable.

Que estos actos que provocan indignación, impotencia y tristeza en colectivo nos hagan recordar una vez más que el fútbol puede ser más que solo un deporte pero a su vez no termina por ser más que solo eso: fútbol.

Publicado por Paradigma

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