Por: Nathaly Rosas González
Dentro de la amplia geografía de nuestro país existen los más diversos paisajes y modos de vida, unos privilegiados y otros no tanto.
Se sabe que hay Estados en los que domina la pobreza y que ella afecta profundamente en el desarrollo de sus habitantes; el día de hoy hablaré de la situación de algunos niños y niñas de Guerrero y Oaxaca.
Los citados Estados se reconocen por la escasez económica en que viven muchos de sus pobladores, la falta de escuelas, la creciente presencia de la delincuencia y por lo tanto, la inseguridad en que se vive dentro de algunas comunidades.
Viviendo en Ciudad de México y teniendo acceso a muchas de las novedades tecnológicas y el propio ritmo de vida que nos genera la ciudad, nos hace concebir una realidad limitada y muy distinta a la que viven los niños de otros lugares.
Mientras que a muchos niños desde corta edad en las grandes ciudades sus padres les buscan cursos de preparación o recreación en muy diversas área (deportivos, idiomas, artes, etc.) y se empeñan por encontrar los mejores colegios y darles todas las herramientas necesarias para un óptimo desarrollo (incluida una dieta más o menos balanceada), también están otro tipo de niños, que lejos de pasar tiempo en redes sociales o video juegos (ya sea porque en sus comunidades no hay acceso a internet, o bien porque no tienen un dispositivo móvil) ellos deben participar activamente en las labores económicas del hogar.
Hay niñas y niños que desde muy temprano van al campo a hacer surcos, arrancar hierva o “llevar el desayuno” (a los padres que se fueron mucho más temprano), niñas que con trabajos cargan una cubeta con maíz hacia el molino; esos mismos niños y niñas a veces ni desayunan por estar trabajando.
Hay pueblos en que la visión de los pequeños no va más allá de medio terminar una primaria o secundaria, si las posibilidades de los padres lo permiten, y después quizá migrar a Estados Unidos, como la mayoría de los paisanos, ¿y las niñas? Para muchas no hay otro destino que el matrimonio y el hogar como actividad principal, pensar en ser médicas o maestras es simplemente un sueño.
Existen muchas leyes nacionales e internacionales en las que se habla del interés superior del niño y conceptos por el estilo, lo cierto es que la realidad de miles y miles reflejan que a ellos aún no les hacen efectivo el cumplimiento de esos derechos.
