Por: Luis Sánchez
Los hechos todavía no cuadran, el caso aún no se esclarece y probablemente nunca se sepa realmente lo que sucedió, porque hay demasiadas inconsistencias en el proceso de la Fiscalía; pero a este punto, lo que realmente nos atañe a nosotros es todo lo que está detrás, más bien, de fondo.
Dicen que fue un olor fétido lo que llamó la atención del personal de aquel motel, que hizo que se lograra encontrar el cuerpo de una joven desaparecida por trece días. Ese no es el olor de un cuerpo sin vida, es el olor de un sistema y de una sociedad completamente putrefactos.
A Debanhi la encontraron en una cisterna el pasado 21 de abril, después de trece días de intensas búsquedas, porque durante esos días sus padres la buscaron incansablemente, siempre con la esperanza de encontrarla con vida. Trece días debe ser una eternidad para un padre que busca a su hija desaparecida.
Lo triste, lo fétido, lo putrefacto de este caso, es que solo es uno más. Lo triste, lo fétido y lo putrefacto es que, al buscar a Debanhi encontraron otros cinco cuerpos de mujeres desaparecidas, claramente sin vida. Qué fétida y qué putrefacta está nuestra sociedad, que puede valer tan poco la vida de una mujer.
Hemos perdido por completo el valor de la vida, pero aún más devaluada está la mujer hoy en nuestra sociedad. Ser mujer en este país triste, fétido y putrefacto vale menos que una eyaculación. Y todavía, como sociedad, nos indignamos cuando salen y “manchan” nuestros monumentos. Sí, Debanhi era de esas que marchaba para detener los feminicidios, vaya ironía. No importa si las matan, pero que no nos grafiteen el Ángel de la Independencia: eso es lo que estamos diciendo como sociedad.
Me cuesta trabajo entender cómo una persona, corrijo, una mujer no puede vivir libremente; qué más da si era de madrugada, qué más da si llevaba poca ropa —que además no era el caso—, qué más da si sus amigas la dejaron en una fiesta, nada de esto debería de importar cuando se trata de la vida de una mujer. Y hago mucho hincapié en el hecho de ser mujer, porque yo soy hombre y sé que no importa si estoy con poca ropa, si voy solo en un taxi o si es de madrugada, no corro el mismo peligro que una mujer.
Para colmo de males y de putrefacciones, la Fiscalía ha mostrado demasiadas inconsistencias y cabos sueltos en la investigación. El gobierno de Nuevo León no ha logrado plantear una solución eficaz a este caso y al de los más de treinta y tres que se suman solo en este año. Y el gobierno federal está más preocupado por las propiedades de un periodista que en resolver una problemática social que año con año crece, pues la cifra de mujeres asesinadas ha ido en aumento desde 2019.
En fin, entre tanta fetidez y putrefacción ya me dio mucho asco.
