Por: Nathaly González Guevara
Durante el transcurso del siglo pasado y en lo que va del presente hemos sido testigos de las grandes luchas que se han llevado a cabo a fin de lograr un estatus de equidad de la mujer con respecto al hombre; hemos observado desde la victoria del voto femenino, hasta la postulación de candidatas a la presidencia de la república. Numéricamente también se han emparejado las cifras, tanto en la academia como el campo laboral y en los muy diversos sectores públicos y privados.
Sin embargo, siguen existiendo mujeres en realidades alternas y distintas, éstas que aún no gozan del rompimiento de los techos de cristal ni el abandono de los suelos pegajosos.
Hay mujeres que continúan a la sombra de la invisibilización por muy diversas razones, que van desde el propio entorno social que las sigue absorbiendo en su dinámica cíclica de repetición de patrones, roles y estereotipos, así como por su situación económica (y de probable codependencia), la falta de oportunidades, en fin.
Muchos son los esfuerzos que se hacen desde las políticas públicas, la academia, la iniciativa privada, los colectivos y la filantropía en un afán de lograr un verdadero respeto hacia los derechos de las mujeres, y si centramos la atención en ciertos grupos, por supuesto que veremos grandes logros y avances, no obstante, al voltear discretamente la mirada hacia otros grupos como los de las mujeres indígenas, las víctimas de trata, las que sufren violencia intrafamiliar y no denuncian, las presas, es más y sin ir más lejos: las que son acosadas a diario en la calle o el transporte público al dirigirse a la escuela o el trabajo. Víctimas de feminicidio y desaparecidas son punto y aparte.
Entonces, volviendo a nuestra pregunta inicial: ¿Hemos avanzado? Indudablemente sí, pero nos hace falta redoblar esfuerzos y lograr el reconocimiento absoluto de los derechos y la dignidad de todas y cada una de las mujeres; aún se necesita conseguir condiciones de seguridad para todas (y todos) que nos permitan el libre desarrollo de nuestras actividades; ya Norberto Boglio expresaba que el siglo XX era el siglo de los derechos humanos, y el Dr. Raymundo Gil Rendón agrega “que el siglo XXI es el del cumplimento de los mismos”, y en ese tenor esperemos pronto ver efectivamente cristalizada la anhelada equidad.
