Por: Erick Hernández
El día de Amano empieza con una lata de cerveza. Han sido 10 días seguidos que se ve en la necesidad de pedirse un taxi para poder regresar a casa. Este le deja a mas o menos 100 metros de su hogar pasando por una calle oscura y desolada, por suerte la bebida ayuda a ignorar esto. Regresar tambaleante es el pan de cada día, y lo único que quisiera ella al llegar a casa es seguir tomando, le gustaría mas ser uno de esos chicos riquillos que van por ahí con su café del Starbucks, pero este no es el caso. La realidad es alcoholismo puro y duro.
En el momento que pone un pie en casa el cuerpo de Amano empieza a ceder, 130 horas extra realizadas para recibir apenas un “trabaja mas duro”. – ¿Estas de joda? – se pregunta Amano, después de todo ella sale de la oficina antes que su jefe, – ¿es que acaso no duerme? – se pregunta a si misma, -a de ser una maldita máquina, quien sabe…-.
Son las 3:00 de la madrugada y escarba en su refrigerador por algo de “cenar”. Sobras de hace una semana que van directo al horno de microondas. No hay escape de la vida del Shachiku. El termino japones “Shachiku” refiere a aquellos trabajadores asalariados que son constantemente explotados por la empresa en la que laburan. El termino se traduce literalmente como ganado corporativo, y es un perfil que se ve comúnmente en ciertos sectores laborales de país Japón. Estas empresas abusan total y constantemente de los derechos de los empleados, no respetan los horarios de las jornadas laborales, recesos de almuerzos, días feriados, etcétera.
Este tipo de prácticas en las compañías japonesas provocan muchos problemas de salud tanto físicos como psicológicos a aquellos que se les contrata como lo son desordenes, trastornos psicológicos variados y sobre todo es de los principales causantes del conocido “Karoshi”, que significa muerte por sobre trabajo.
Amano prepara la presentación para el día de mañana (o mas bien, para dentro de unas horas), su jefe nunca toma un no por respuesta. Su botella de whiskey que compro apenas hace tres días ya está casi vacía, por lo que tiene que empatarla con refresco. El trabajo supone demasiado, concentrarse en los deberes con el cuerpo rígido y la mente desgastada, bajo la presión diaria y continuos regaños es la rutina habitual. Se muere de hambre, pero aun no puede detenerse a descansar. Trabaja por una hora completa en la que no vuelve a tocar su comida, para cuando por fin prueba bocado, la comida ya esta fría. Solo toma otro sorbo de su bebida, suspira por un momento y solo entonces tiene un breve momento de tranquilidad, es tan tentadora y liberadora la simple idea de cerrar los ojos y meter la cara completa al tazón de arroz. Quince minutos después el cansancio la vence y dormita por un breve momento con la computadora encendida frente a ella y la botella de whiskey vacía en una mano.
Son las 4:30 AM, tras regresar de su corto letargo se levanta, va al baño y decide dormir en su cama, entre ruidos extraños y preocupaciones de lo que será del trabajo en unas horas. La alarma suena, buenos días son las 6:30 AM, Amano solo durmió dos horas. De forma inconsciente su cuerpo se mueve y prepara para salir a trabajar, como un perro al cual se le tiene bien entrenado, en este caso el entrenador es la propia sociedad japonesa y sus estándares laborales. Procura realizar su aseo personal lo más rápido posible, por lo que no se baña, en cambio usa un spray que esta diseñado como un aseo rápido, especialmente diseñado para personas como ella. 6:34 AM, debe comer algo para el desayuno pese a que no tiene tiempo para hacerlo en forma. Busca el primer refrigerio que encuentra y lo introduce en el microondas, de otra forma probablemente se desmayaría a mitad del trabajo. Lo hace rápidamente y con desesperación, es tanto el estrés que no le permite ni ser paciente frente al electrodoméstico. Con dificultad logra hacerlo funcionar, puede parecer que en la oficina es una señorita, pero estando en casa es literalmente un hombre de mediana edad. La comida esta lista, y a la par que casi traga un burrito precocido se maquilla lo mejor que puede: mordisco, maquillaje, mordisco, maquillaje, todo en cuestión de tres minutos. Aun así, el burrito no va a ser suficiente para aguantar todo el día, por lo que busca mas sobras del refrigerador que empaqueta y guarda para comer después, si puede.
Son las 6:43, Amano toma su mochila, se coloca el reloj y su abrigo, y toma una botella de café junto con un huevo hervido que se ira comiendo de camino al trabajo. 7:10 AM y ya se encuentra en la estación del metro. Mientras sube las escaleras eléctricas no puede evitar pensar en que pasaría si todos cayeran al mismo tiempo, como fichas de dominó. Dicho esto, no hay manera de que ella pueda subirlas en la mañana. Queda un minuto para que salga su tren, por lo que se apresura corriendo, tratando de no caerse entre el cansancio acumulado y los tacones altos e incomodos. Por suerte logra subir, ardería el infierno en la tierra si no llegase ella treinta minutos antes que su jefe, son las 7:30 AM. Su corazón empieza latir desesperadamente, y así la jornada laboral de Amano empieza, a las 7:40 AM.
Avanzamos y ahora son las 12:30 PM. El jefe le ha dicho -que quede eso para hoy, o te mueres-, por lo que trabaja lo más rápido que puede. Pasos de angustia que se combinan con la inquietud de tener en unos momentos una junta con los clientes de la empresa para la que trabaja.
Por fin Amano tiene un ligero respiro, y a las 2:00 PM le permiten salir a comer, por lo que se dirige a la tienda de conveniencia mas cerca a comprar una bola de arroz, si no consume nada no podrá aguantar hasta la media noche. Aun con esto en mente ella no tiene apetito alguno, cualquier cosa que entre en su boca ahora mismo le provoca vomitarlo, pero debe aguantar. Ya comprados sus alimentos se dirige a un parque cercano a descansar, pero ni siquiera eso es una opción. Las negociaciones durante la junta no salieron nada bien y ahora no sabe que hacer al respecto, son tantas cosas en su mente ahora mismo que no puede concentrarse en su comida o el simple hecho de estar sentada en el parque. Observa a las palomas que se le acercan esperando a que les de comida: tan pacificas y despreocupadas, al instante piensa y desea poder ser una paloma más. Su corazón palpita irregularmente, pero es tanto su cansancio que no tiene interés alguno en tratar ese asunto. El cansancio vence una vez más, y cae dormida en la banca del parque durante cinco minutos, para luego despertar debido a las risas de una pareja de jóvenes que van pasando cerca de ella, – ¿Cómo puede estar alguien feliz entre semana? – refunfuña mientras ve a la pareja.
Esos cinco minutos de descanso en realidad fueron quince, por lo que se apresura a regresar a la oficina, de forma que ella considera es casi como si fuese en contra de su voluntad. Su cuerpo en automático quiere regresar a las labores, pero en si ella no. Con cada paso que da al acercarse a la oficina, siente como sus pies se vuelven mas y mas pesados, y se pone peor, es su jefe quien le manda mensaje a medio camino: “Tenlo listo para hoy o te mato. ¿Entendido?”, al leer tal amenaza lo sabe, le espera una tanda de gritos y regaños en la sala de castigo apenas regrese a la oficina, aunque a consideración de Amano es su culpa por no lograr tener el recado listo. -Mi jefe tiene todo el derecho de matarme- reflexiona.
Tras un pesado día de trabajo son la 1:00 AM, Amano por fin alcanzo el ultimo tren del día en dos semanas. Compra una lata de cerveza cara antes de llegar a casa y así olvidar sus penas. No pudo evitar llorar estando en la sala de juntas, en el momento en el que se le dijo que era una mierda de persona. Abre su bebida y piensa – ¿sabes qué? Me voy a emborrachar y a olvidarme de todo eso. Después de todo soy una mierda de persona, ¿no? -. Para ella el llegar a casa no representa absolutamente nada, apenas pone un pie a dentro, recibe una llamada de su jefe: -buenas noches- saluda Amano, – ¿terminaste el documento? – pregunta directamente su jefe, -si lo termine- responde Amano algo dudosa, – ¿adjuntaste X elemento? – pregunta rápidamente su jefe, a lo que ella se da cuenta de que olvido hacerlo, pero el señor Kawashi (otro jefe suyo) dijo que estaba bien no poner esos en el acuse. -No, no lo hice- responde Amano, – ¿está segura de que no pasa nada? – pregunta su jefe desconfiadamente y de forma prepotente, – ¿a eso le llamas tener el trabajo terminado? – le grita, -lo siento, no lo pude terminar- responde Amano apenada, – ¿me tomas por un estúpido? – grita el jefe, -no, para nada- contesta Amano, – ¿tú crees que este trabajo es un juego? ¡te voy a puto matar, zorra! – grita aún más su jefe, – ¡te quiero en mi oficina a las 6 mañana, te voy a moler a golpes! -. Posteriormente su jefe cuelga abruptamente.
Por momentos Amano desearía huir, renunciar a ese trabajo que la tiene como la tiene. Solo el cocinar su propia comida es lo que le puede dar algo de paz día con día. Se siente derrotada y buscar ayuda o quejarse y ventilar sus problemas con alguien mas es muy complicado para ella. Piensa sería más fácil si fuese una máquina. Las lagrimas empiezan a caer frente a su cena, nuevamente son las 2:00 AM. Sigue comiendo mientras llora de frustración y sabiendo que aún le queda mucho trabajo por terminar. Para las 3:30 AM se rinde ante el sueño una vez acabado sus deberes. Antes de acostarse va al baño y toma múltiples suplementos vitamínicos que el doctor le recetó. Buenas noches, son las 4:00 AM. Mañana, el ciclo vuelve a comenzar…
