La familia no es la excepción: relato de un abuso sexual

Por: Norma Santana

A Lizeth le costó muchos años pronunciar las palabras que han marcado su vida. La falta de terapias y sus intentos de suicidio fueron cada vez más continuos. Hasta que en una madrugada, con lágrimas en los ojos logró hablar con sus padres pues había sido víctima de abuso sexual en la infancia. Tenía 5 años cuando su primo, 14 años mayor que ella, empezó con los tocamientos cuando ella acudía a su vivienda para jugar.

“Todo empezó con lo que yo pensaba que era un juego cuando era muy pequeña. Mi mamá siempre me advirtió y me prevenía pero no me di cuenta que estaban abusando de mí, no recuerdo mucho, a esa edad apenas era consciente de lo que pasaba, pero sí tengo en la memoria la primera vez que me masturbó. Yo no sabía que hacer, le dije que no quería seguir, pero él no paró, continuó y me dejó llorando, creí que esto ya no volvería a pasar pero estaba equivocada, con el paso del tiempo se seguía haciendo más grande mi dolor”, explica Lizeth en la entrevista.

No recuerda la edad exacta de cuando frenó el abuso, pues solo tiene presente el sufrimiento y los problemas psicológicos que tuvo como antecedente ya que siempre se cuestionó con culpa durante mucho tiempo: ¿Había sido cómplice? ¿Por qué no paró antes? ¿Por qué le había hecho eso su primo? ¿Por qué aún no les dice nada a sus papás?

Lizeth guardó el atroz secreto durante 16 años a sus padres, nos relata que estuvo día con día, semana, meses atrás de la puerta de sus padres para tomar valor de decirles, pero le ganaba la vergüenza, el miedo, hasta que en una madrugada de abril, sin pensarlo abrió esa puerta, sollozando y con un nudo en la garganta les dijo a sus padres que habían abusado de ella, “Aun recuerdo aquella madrugada, llena de llanto, no podía respirar, es como si mis sentidos se perdieran, solo quería volver a callar”.

Sus padres preocupados y sin entender comenzaron a cuestionar, sin embargo, vieron el dolor de su hija, solo callaron y le brindaron seguridad además de que comprendieron el comportamiento de Lizeth, pero lo que parecía que habría acabado su sufrimiento comenzó uno nuevo, las secuelas del abuso y el tiempo callada género que presentará problemas psicológicos.   

México ocupa el primer lugar en abuso sexual infantil con 5.4 millones de casos por año, informó la asociación Aldeas Infantiles SOS, en donde los agresores pertenecen al núcleo familiar en donde se aprovechan del vínculo para ejercer su poder; fue más la vergüenza y miedo que el poder denunciar.

Por otra parte el agresor al imponer su poder hizo pensar que no tendrá voz y validez al hablar y que el juego “algo entre tu y yo” se trataba de algo especial, pero en realidad le estaba causando daño.

De esta forma es que Lizeth no presentó golpes ya que la controlaba de forma psicológica. “Mi primo siempre me decía que ese juego era normal, que también lo jugaban mis demás primos, hasta mis papás pero no debía de decirle a nadie ya que aún no tenía la edad y me iban a regañar. Yo no comprendía por qué lo jugaban, me causaba asco y siempre me hacia llorar”

El mecanismo que emplean los agresores suele generar en la víctima un estado de confusión que habitualmente tarda mucho tiempo en superar; por ello aunque ya cuente con la mayoría de edad aún le causa problemas al dormir, ataques de ansiedad, depresión y fantasías de suicidio en las que cristalizaron todo causado por el abuso que vivió y callo tanto tiempo.

Expertos aseguran que el abuso sexual en la infancia, conlleva el posible desarrollo de múltiples problemas emocionales, sociales, conductuales y físicos, como lo es disfunciones sexuales, baja autoestima, pobre autoconcepto, depresión mayor, trastornos de ansiedad, trastorno de estrés postraumático, alcoholismo, drogadicción entre otros.

Lizeth, que hoy tiene 21 años, se estuvo culpabilizando y haciendo menos su caso, jamás pudo ver de nuevo la cara de su agresor. “Se aprovechó de su situación de poder, de su enorme influencia en mí para dar satisfacción a sus deseos”, ahora es capaz de reconocer y dejar de sentirse culpable. “Con mucha frecuencia cuando se producen abusos en el ámbito familiar y la víctima lo exterioriza se le culpabiliza a ella. Se considera más grave sacarlo a la luz que los propios hechos. Eso es lo que me pasó a mí”.

El silencio hizo que estuviera a la sombra, con fuerza de sus padres y el de ella es que se atreve por primera vez contarlo, hacer a un lado su memoria, su sentimiento ya que asegura que puede ser un reflejo para otros. “Los abusos sexuales es un problema que jamás nos imaginamos debe de ser denunciado por muchos años que hayan pasado”.

Publicado por Paradigma

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