Por: Isabel Morales
Mi familia me ha dado una parte de lo que significa “ser mexicanos”, a través de
ellos, sé que los mexicanos chambean todos los días, comen tacos a doble tortilla, mientan madres para bien o para mal, se toman el tiempo para rezar y tener fe para ayudar, pero también para que los ayuden.
Así como pueden ser agresivos, tienen una solidaridad única, son inteligentes, flojos, su naturaleza es tener un comal en la cocina, un mecate para tender ropa en el patio y crucifijos en las cabeceras de sus camas.
Son de los que ponen carpas o cierran las calles para hacer fiestas, toman chelas
y tequila, mezclan maíz con maíz, como los chilaquiles con bolillo y las guajolotas, se carcajean y hablan fuerte, dicen “ahorita” como sinónimo de sí, no, ya voy y al rato.
Tienen abuelos y oficios poco valorados, van al tianguis, al mercado y encuentran
lo que necesitan en las chácharas, les gusta decir “¿es lo menos?” y regatear, se
cuidan entre ellos, dicen “si te metes con él, te metes conmigo” aunque no sepan
pelear.
En realidad, los mexicanos pelean a su manera para sobrevivir todos los días. Sus
manos tienen magia, las convierten en su máxima herramienta, las utilizan para
crear y destrozar, por ello, el artesano y la humildad construyen el verdadero
significado de México.
