Elizabeth Rivera Hernández
A veces mira al techo, oscuro y sin relieve, pero se imagina el universo más bello de todos. Ahí, desde las sábanas cafés que eran blancas, con miles de boronas regadas que le pican los pies, cierra los ojos y puede sentir, con toda seguridad, su cuerpo flotando, con cometas rozándole los brazos. La luz que irradian los astros que la rodean con especial calidez, iluminan tanto sus mejillas que las dos semanas que lleva sin consumir alimentos no se le notan en las pestañas, ni en las ojeras de hace 3 meses, ni en la sombra que los huesos de su clavícula forman en su cuello.
Pero cuando abre los ojos sigue ahí, en ese cuarto sin iluminación, porque estar en cama hasta tarde es su pasatiempo favorito y la luz del sol le molesta, aunque ni es pasatiempo, su mente la obliga para no pensar en las mil formas con las que podría hacerse daño.
A veces se inventa escenarios increíbles, momentos que la harían feliz. Cuando no puede dormir, en noches como esta, su mente viaja al super mercado. Se imagina entrando por aquella puerta ancha, que vuela su cabello cual ventilador de Hollywood, como en una noche de gala, con sus mejores prendas luciendo un increíble look que hace que no se note que el cabello se le cae a montones hace unos meses.
Su lugar favorito es el de frutas, le encanta poner en práctica los sabios consejos de su madre:
-Para saber si los melones se encuentran en su punto, solo debes olerlo de este huequito, aquí se concentra todo el olor de esta fruta. Cuando encuentres uno que huela tan dulce que te pique la nariz y te altere las “fuentes de babita”, ese es el que llevarás a casa.
Así se observa ella, tomando melones con tan delicadeza que ellos se sienten en una exhibición de arte.
Cuando termine de elegir melones, seguirá buscando frutas, aunque lo único que hará es dar vueltas alrededor de ese estante para comer un poco de uvas verdes para después irse a su segundo pasillo favorito.
Utensilios de cocina. En ese lugar se imagina por fin viviendo en un hogar, no llega a tanto su imaginación para ponerle cara al amor de su vida, pero sí imagina su altura, capaz de bajar las nubes y las estrellas por ella, como todos le han dicho que es el amor.
Su favorito es el cuchillo, imagina rebanando con prisa fruta para ponerse de lunch todas las mañanas, porque por fin cuida de su cuerpo, Desayuna en el auto, pero no le importa, ese momento que tiene a solas consigo misma por fin lo disfruta.
Y ahí en medio del centro comercial, toma entre sus manos el cuchillo perfecto, amarillo, como el color de las flores que su padre le regalaba todos los viernes. Mira su reflejo en el artefacto y sonríe, como diciendo: te amo, está bien, te quiero.
Con las manos temblando, como si su cuerpo entero se formara de placas tectónicas, lo entierra en su estómago, como lo ha visto en muchas películas. El flujo de sangre se concentra en esa parte de su cuerpo, y el resto se queda inmóvil, sin color, perdiendo a cada segundo más la vitalidad. No le importa que la señora que iba comprando el super la viera, mucho menos el niño menor que estaba con ella. Tirada en el suelo y bañada en sangre, con el viejo guardia de seguridad, sacándole el cuchillo porque no tiene ni la menor idea de primeros auxilios, siente tanto placer de por fin haber sido valiente.
Siempre lo supo, nunca pasaría de los 18. La vida le ha sido tan dura. Su sueño siempre ha sido esperar a tener la mayoría de edad para poder tomar un avión, salir de la ciudad hacia la playa, entrar en la suave arena encaminada hacia el hermoso azul celeste y perderse ahí, dentro de blancas olas.
Una lagrima la despierta de ese pequeño trance.
-Maldita sea, sigo viva.
Y despierta. No puede ser que con tal belleza no hayas podido dormir. Ya ni sientes las manos, las tienes tan acalambradas que el dedo gordo parece estar fusionado con el resto de los miembros. Y el pie derecho no lo puedes mover, es como el de un extraño que ha venido a tumbarse en tu cama porque sabía que no podías dormir. ¿Por qué sentiste tanta felicidad? Si ya sabes que jamás has sido lo suficientemente valiente para hacerlo, tienes miles de cuchillos en la cocina, nadie los esconde porque nunca les has contado que te aterra seguir viviendo. Tus compañeros de vivienda solo han visto lo bello de ti. Cuando les pides compañía para ver películas de la infancia los viernes por la noche, cuando les traes fruta del supermercado, claro, melón, siempre dulce y listo para comer. O cuando te quedas con ellos en cama cuando se enferman, porque Lauren siempre tiene pesadillas cuando le da temperatura. Nadie sabe lo que sientes porque te da miedo que se preocupen por ti, ¿cómo crees que serías tan valiente para matarte?
-No creo, no serías buena para eso, te temblarían las manos, bueno, eso pienso yo. Es que en realidad no eres buena para muchas cosas. Lo tuyo es echarle ganas, cuando te lo propones a veces logras cosas buenas, pero para eso no, no creo. Yo tampoco podría, es para cobardes, aunque muchos digan para valientes. La verdadera dureza de alguien se mira cuando afronta las cosas, cualquier pendejo se avienta al metro.
Es lo que le dijo su amiga la primera vez que le contó a alguien que desde los 10 años ha soñado con morir.
A veces tiene días buenos, en los que puede dormir y, aun así, sin acostarse pensando en morir, sueña que la muerte la empuja hacia un precipicio mientras se burla de ella. Algunas veces puede rezar, otras veces se le olvida cómo, y no sabe si es porque los nervios le borran la mente, o lo hace a conciencia para que dios la odie y por fin la mate.
-Cuatro con quince minutos, y no canta el gallo, ¿será que ha muerto? ¿Hasta un gallo tiene mejor suerte que yo?
Y es que le han pasado cosas horribles que le hacen pensar que de verdad no nació para vivir, que fue un error del universo, que ella sí debía morir ahí, con el cordón en su cuello. Pero no, alguien la obligó a nacer en este país que no le ha dado oportunidades para ser quien quiere ser: una gran actriz. Tampoco es que su cara le ayude, en realidad no tiene motivos suficientes para pensar que algún día eso podría pasar. Tiene la nariz curva, aguileña. Su madre dice que cuando era niña no parecía que la nariz le fuera a crecer de ese modo
-Mi pobrecita, la depresión te tumbó tanto, que hasta las facciones se te cayeron.
Aunque era obvio, tiene la nariz idéntica a papá. Por las noches, todas, sin importar cuál, lo extraña. Falleció cuando era niña. Ese recuerdo la atormenta siempre, la visita en sueños cuando pretende no recordarlo, pero siempre está ahí. A ninguna niña de 8 años se le podría olvidar la vez que entró al cuarto de su padre, esperando despertarlo por sorpresa y lo encontró apestando a muerte. Ella nunca se lo va a perdonar, porque no lloró suficiente en el juzgado para que pudiera irse a vivir con papá cuando sus padres decidieron separarse. Así que él murió ahí, en una cama con cobijas sin cambiar de 6 meses, latas de cerveza en el suelo de la habitación y tres frascos de pastillas en el buró. Sin compañía, sin nadie que tocara la puerta por las noches al escucharlo llorar. Sin nadie que le hiciera el desayuno cuando las fuerzas no le daban para eso. Sin nadie que lo abrazara cuando el corazón lo tenía hecho pedazos.
Años después se enteró que él estaba enfermo: Trastorno depresivo mayor con rasgos psicóticos. Nunca estuvo controlado, pero a veces, al mirar a su hija jugar, creía que la vida no era tan mala, que tal vez si luchaba consigo mismo podría vivir junto a ella muchos años.
Su mamá se fue a vivir hace unos años a otro país, cuyo nombre no recuerda porque dejó de escucharla cuando dijo:
-Es que eres demasiado problema para cuidar, yo ni siquiera sé por qué soy madre, necesito tiempo para comprender por qué estoy donde estoy.
Cualquiera sentiría remordimiento de dejar a su hija trastornada para irse a descubrir su verdadero monstro, así que recibe un buen apoyo económico de su madre, que rinde para pagar renta, servicios y la poca comida que consume de repente. Le sobra incluso para salir con amigos, pero ganas no tiene. La gente dice que debería hacer planes, salir a conocer personas o mínimo respirar aire fresco, pero no es divertido salir mientras lo único que quieres es recostarte porque te pesa demasiado el alma.
Además, ¿con quién saldría? Las únicas personas con las que no arruinó la relación son sus roomies, pero ellos son pareja y un tercero siempre estorba. Ha intentado descargar apps de citas, pero siempre fracasa porque no tiene mucho que decir, a nadie le interesa una persona que se describe así:
“Hola, soy Paulina, pero tú dime mi amor, mi nombre no me gusta. Tengo bipolaridad diagnosticada pero no consumo el tratamiento, no me gusta. No estudio ni trabajo y no me interesa hacerlo, no duraré muchos años. No me gusta salir a citas a conocer a nadie, así que si quieres estar conmigo hagámoslo sin tanto show. Solo necesito a alguien que me acompañe por las noches y haga por mí todo lo que yo no puedo hacer, no te daré mucho porque no tengo nada que ofrecer”.
-Maldita sea, Paulina, deja de pensar, solo duerme, o en la cocina hay cuchillos, tú decide.
-No, Laurencio y Miguel tendrían que limpiar y que trauma.
– ¿Te importan?
-Sí, obvio, son mis amigos.
– ¿Y la señora del super mercado y su hijo?
-Bueno, esa es otra historia, no es real.
– ¿Y si lo fuera?
-NO ES REAL.
-Ok.
-Tengo pastillas en el comedor, pero ya no tengo tantas, tendría que posponerlo para mañana.
– ¿Mañana no es el aniversario de…?
-CÁLLATE. No recordamos eso. Sería una fecha terrible para hacerlo.
– ¿El miércoles?
-Los miércoles no me gustan.
– ¿Qué tal el viernes?
-Noche de películas.
– ¿Cuál verás?
-No sé, creo que ya vi muchas veces megamente, necesito algo que me haga llorar.
– ¿La vida es bella?
-Demasiado triste.
– ¿Qué tal Hachiko?
– ¿El perro que vive toda su vida esperando el regreso de su dueño?
-Sí, ¿qué tiene?
-Eres terrible armando planes.
-Bueno, mira la misma pinche película de todos los viernes, pero decide cuándo lo harás.
-No lo sé, creo que ya tengo suficiente dinero para irme a la playa.
– Eres menor de edad, no te dejan subir a los aviones a menos que tengas un permiso de tus padre o tutores.
-Miguel sabe falsificar firmas.
– ¿Crees que te dejaría subirte sola a un avión?
-No le importaría.
-Ellos te aman, no te dejarían viajar sola, eres una hija para ellos.
– ¿Y qué? A mi propia madre no les intereso, ¿qué más da?
– ¿Por qué no te das cuenta de que recibes mucho amor?
-¡CÁLLATE, ¿AMOR DE QUIÉN? ME AMAN POR OBLIGACIÓN, PORQUE ME VEN FRÁGIL, PEQUEÑA, ¿QUIÉN AMARÍA A ALGUIEN COMO YO? Sin estudios, sin trabajo, sin familia, enferma. Compréndelo, Paulina, todos te abandonan al final!.
Entonces evocando al mar en sus adentros las lágrimas brotaron como cada noche.
Tranquila, que este llanto siempre significa que estás por dormir.
Este cuento fue parte de los trabajos en el Taller de Creación Literaria de Paradigma, periodismo de largo aliento.
