Miguel Ángel Pérez
Sandra Karina. Ella tenía apenas 27 años cuando su pareja le arrebató la vida . El informe oficial de la fiscalía señaló que se trató de asfixia por estrangulamiento, a pesar de ello, luego de casi tres años de impunidad, su agresor fue sentenciado.
El camino que familiares de víctimas transitan durante los procesos penales, para que un feminicida o agresor sea juzgado, pueden durar de dos a cinco años en promedio, según el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD).
Antonia Alemán, madre de Karina, narró que este proceso “es muy difícil y doloroso”. En su caso, ha sufrido de revictimización por las autoridades, además de enfrentarse a la omisión de una debida diligencia del proceso con perspectiva de género , así como la falta de apoyo victimal.
Karina, era la menor de tres hermanos, originaria del municipio de Temascalapa, Estado de México y estudió ingeniería en la Universidad Autónoma de Metropolitana (UAM), tenía el sueño de realizar una maestría, “pero desgraciadamente no se lo permitieron”.
“Fue intuición de madre, no me gustaba para ella”, dice Antonia, pues en principio intentaron probar que su hija había muerto a consecuencia de una congestión alcohólica; sin embargo, fue gracias a los peritajes de la Fiscalía que se probó que se trató por asfixia.
Pero ese alarido de dolor no lo atendió ninguna de las autoridades y durante el proceso previo a dictaminar la sentencia sus hermanos no fueron reconocidos como víctimas indirectas, además que la detención del agresor de su hija se prolongó hasta un año.
“Un año tuvo que pasar para que ( el agresor de Karina) fuera detenido, (…) la policía de investigación por feminicidio no hizo nada, aún cuando se giró una orden de aprehensión al mes”, acusó.
Durante este proceso, hasta llegar a una sentencia , Antonia Aleman tuvo que transitar por alrededor de 15 audiencias. “Son difíciles, es doloroso ver al asesino de tu hija, es muy feo que nos hagan pasar por muchas audiencias, porque va uno con la esperanza de que el proceso avance”.
FALTA DE APOYO A VÍCTIMAS
Ximena Urgarte, abogada del IMDHD, que acompaña a víctimas de violencia sexual y feminicidio, acusó que una las principales visicitudes durante el proceso para llegar a una sentencia es la omisión al derecho de las víctimas a recibir apoyo, por parte de la Comsión Ejcutuva de Atención a Víctimas (CEAV) a niveles estatales.
“Las Comisiones de Víctimas pueden tardar hasta un año y medio en empezar a dar el apoyo; debe ser desde el inicio de la denuncia hasta lograr la sentencia incluso más allá, pero esto no sucede en la mayoría de las ocasiones”, denunció.
Agregó que estos apoyos son para llevar el proceso de investigación, así como servicios funerarios, psicológicos y traslados, pero que “no contempla incluir comida y otros tipos de apoyo que son de riesgo”.
Uno de los principales factores en la dilación de los procesos es la estigmatización contra las mujeres y en el caso de feminicidio “mucho de los casos son clasificados inicialmente como suicidio”.
“No solo las cuestionan, sino que también las inhiben a la denuncia, ahí se lleva una gran parte del proceso”, subrayó.
En la parte posterior, relacionada con los tribunales de alzada, “tienen mucha menos capacitación en perspectiva de género” y pueden llegar a disminuir las sentencias a los agresores, quienes tienen ocho años para interponer un amparo una vez que se dicta sentencia.
“Es muy desproporcionado que una víctima contra una apelación que se dicte ,en un caso donde su hija fue asesinada, tenga 15 días para ampararse; mientras una persona sentenciada por el mismo hecho tenga hasta ocho años. Es muy desproporcionado el tiempo”, arremetió.
En marzo de 2023, Luis Iván ‘N’ fue sentenciado a prisión vitalicia, por tribunales de alzada.
“Los magistrados dijeron que fue primodelincuente y que no mostraba extraña violencia”, por lo se redujo su sentencia a 55 años, reprocho Antonia Alemán.
“Para mí no es justicia tener una sentencia, tienen ocho años ( para ampararse) , a nosotros nos dan días. (….) No es posible que no tengan un poco de sensibilidad por todo el dolor que llevamos en este proceso”.
