Por Miguel Alejandro Rivera
Tras el hallazgo de seis rehenes muertos en la Franja de Gaza, la sociedad israelí no aguantó más. El mayor sindicato del país hebreo llamó a una huelga general, la izquierda se le sumó de la mano de las familias de los cautivos por Hamás, y el aeropuerto Ben Gurión, el más importante de la nación, suspendió operaciones.
La guerra sigue porque el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sigue empecinado en aniquilar a un pueblo que lo único que ha hecho desde 1948 es defenderse. En este contexto, el portavoz del brazo armado de Hamás, las Brigadas AlQassam, Abu Ubaida, anunció que el grupo ha emitido nuevas instrucciones a los guardias sobre cómo manejar a los rehenes si las fuerzas israelíes se acercan a sus posiciones en Gaza.
“La insistencia de Netanyahu en liberar a los prisioneros mediante la presión militar, en lugar de sellar una cuerdo, significa que serán devueltos a sus familias envueltos en mantas. Sus familias deben elegir si los quieren vivos o muertos”, afirmó.
Los seis rehenes que murieron la semana pasada, y cuyos cuerpos fueron descubiertos en un túnel de Gaza el sábado 31 de agosto, fueron secuestrados mientras asistían al Festival Nova en Israel. Eran civiles cuyas historias son duras de leer: Carmel Gat, de 40 años, ayudó a otros secuestrados a sobrepasar el encierro con yoga y meditación; Ori Danino, de 25 años, ya había escapado aquel 7 de octubre de 2023 cuando Hamás perpetró su ataque, pero regresó para tratar de salvar a más personas y ahí fue capturado; Alex Lobanov, de 39 años, llamó a su esposa cuando sonaron las alarmas de la invasión y le dijo que pronto regresaría a casa, pero nunca volvió.
Así cada uno de esos alrededor de 250 rehenes que capturó Hamás y que, la mayoría, han muerto o siguen secuestrados: víctimas de un sistema mundo nacionalista y expansionista en el que los verdaderos responsables por lo general quedan impunes.
¿Dónde están Joe Biden, Benjamin Netanyahu y demás patrocinadores de la guerra? En sus oficinas, viviendo a todo lujo, comiendo los manjares que quieren a la hora que se les antoje, el poder jamás sufre los efectos de la justicia.
Y es que justo cuando la noticia de los seis rehenes muertos tenía eco internacional, 11 personas murieron en otro bombardeo más a una escuela en Gaza; mujeres y niños palestinos víctimas de la violencia israelí que no está logrando nada en absoluto. El último balance indica que van 40 mil 738 fallecidos en el enclave palestino, pero ellos, en su mayoría, son anónimos, gente que no sale en los diarios más que a lo lejos, en fotografías que enmarcan el dolor de sus tragedias.
El propio presidente de Estados Unidos, Joe Biden, afirmó que Netanyahu no está haciendo lo posible por liberar a los rehenes; pero, por más que le hagan huelgas, el gobierno hebreo no quiere, no le interesa liberar a los rehenes, la lucha de Netanyahu es ancestral, histórica, simbólica, no le importa lo que piensen hoy de él, le interesa qué dirá la historia judía de su cruzada contra el pueblo palestino que ya ha sufrido tanto.
Es increíble que, antes del estallido de la guerra, la sociedad israelí quería la destitución del propio Netanyahu y el conflicto le vino tan bien que ya nadie recuerda eso, aquellas marchas donde lo tildaban de dictador. Hoy la gente sigue en su contra, pero él tiene claro su objetivo, aunque para muchos no sea tan evidente.
