Por Natalia Lugo / FES Aragón
Fieras familiares fue el nombre del libro presentado por el autor Andrés Cota Hiriart (egresado de la UNAM en la licenciatura de Biología, además de ser zoólogo y naturalista, en el Festival de Artistas en Movimiento ( MovArt) en ENES Juriquilla, UNAM.
El autor hizo una invitación a que escribas sobre lo que conoces, “lo que está próximo al autor», porque, en sus palabras, «hay que congeniar con el lector”. Para él es el intercambio más “rico” entre el escritor y lector.
Este libro, finalista del Premio de no ficción de editorial Asteroide, abarca a los animales de una forma más literaria, porque es un buen espacio para hablar sobre las especies, entre la ciencia ficción y ensayo.
El gusto que Andrés Cota Hiriart tiene por los animales se generó porque sus papás son científicos, pero refirió que alimentar o no ese interés puede hacer la diferencia entre lo que puedas llegar a dedicarte, a cómo ves el mundo. De esta forma, él entendió el mundo de los animales e insectos, que le forjaron un carácter crítico. Por lo que define que su primera faceta fueron los animales.
Para Andrés lo que importa es que congeniar con los seres vivos, pero sin caer en la obsesión. Su obra no lo define, porque no ha cambiado en nada en él. Lo halla como un reto, porque tuvo que dejar sus insectos, algo que lo considera emocional, «te vuelves sensible», dijo y sólo así pudo reinventarse, aunque quiere tener aún más de esos seres vivos.
Confirío que hay urgencia de registrar ecosistemas y cualquier tipo de vida, debido a que se están extinguiendo.Para pensar sobre lo que ocurre, hay que pensar en un incendio, porque intentas mitigar lo que ocurre con el fin de que se salve. Dijó que hay islas donde hay especies en peligro de extinción , pero por culpa del humano, o todo lo contrario.Por ejemplo en un ecosistema donde las cabras eran plaga, “Sacrificar por la extensión“ es polémico, de no hacerlo se perdería la población de las especies originales (endémicas).
De acuerdo con lo que mencionó, un caso especial es el ajolote en Xochimilco , primero hicieron un conteo y vieron que había entre 100 a 600 ejemplares, luego, menos de 20. Se trata de algo complicado, porque: “Es una situación desesperante porque si no controlas el ambiente se extingue la especie endémicas”.
Las acciones de las personas tienen influencia en las especies, dejo a la imaginación lo que ocurriría con los gobiernos, lo que trata de incentivar el libro. Lo que buscaba en este libro era: que fuese divertido, sucesión en los organismo, lo que le da estructura capa ilustrativa, experiencias, pasajes literarios, etc.
El autor aborda su literatura desde una perspectiva profundamente personal y orgánica. Según sus propias palabras, «los autores escriben lo que saben,» lo que refleja su aproximación natural a la escritura. Cota ha indicado que su obra se fundamenta en la interacción con su entorno y en el diálogo con aquellos que pueden no estar familiarizados con sus temas.
Aclara que su obra no se centra en accidentes con animales exóticos como pitones y cocodrilos, sino que se construye en torno a escenas de convivencia con animales, lo que añade una capa de profundidad y reflexión. Decidió que el libro tendría un eje temático centrado en las especies, en lugar de en la narrativa de su familia, lo cual le permite explorar su obsesión con los seres vivos en un contexto más amplio.
El cree que el miedo por las especies por desvinculación, genera un miedo colectivo. Afirmó que no hay que tener miedo a los animales porque: “solo el 5% de los mamíferos son silvestres”.
Se tiene que crear una empatía hacia las especies: “Hay que mitigar esa brecha de diferencia”, ” No hay que creernos superior, muchos animales tienen inteligencia equiparable”. Por eso este libro es una oportunidad equiparable.
El autor explora diversos aspectos de la relación entre humanos y animales en su obra, destacando la importancia de las conexiones emocionales y el valor de la narrativa. Según Cota, «Los seres humanos son historia, son changos narradores, las narraciones cambian,» lo que subraya cómo nuestra percepción de las especies puede evolucionar con el tiempo. Cota señala que «A los científicos les hace falta un lazo emocional, se vale ser más poético,» sugiriendo que la ciencia puede beneficiarse de una aproximación más afectiva y narrativa.
En su libro, él busca hacer que la lectura sea atractiva y entretenida. Para ello, «El autor busca que su libro sea divertido» y «Escogió un eje pues el libro de su primera edición era de más páginas,» demostrando su interés por mejorar la accesibilidad y el enfoque de su obra. Además, señaló, «hay oportunidad en ese tipo de literatura,» lo que indica su creencia en el potencial de esta aproximación para atraer a los lectores.
Asimismo, el autor se preocupa por la situación actual de la biodiversidad. Mencionó que «son más de 40 mil especies en peligro de extinción sin contar los insectos,» lo cual refleja su preocupación por la crisis de extinción. Sin embargo, argumenta que «Una especie no esté en peligro de extinción no significa que no se hable de ella,» resaltando la necesidad de continuar la conversación sobre todas las especies.
Asimismo, aborda temas controvertidos como el sacrificio de organismos, afirmando que «es polémico, aunque unos se consideren plagas.» Además, reflexionó sobre cómo «los humanos crecen desvinculados de algunas especies como las boas,» y sostiene que «el humano es la especie más increíble, no es una plaga,» argumentando que nuestra especie, a pesar de sus errores, tiene un valor inherente.
A pesar de su profunda conexión con los animales, el autor aclara que «no considera regresar a su hábito de vivir con sus animales.» Esto indica un cambio en su enfoque personal y profesional, a la vez que concluye con una reflexión sobre la necesidad de «hay que nivelar todas esas experiencias,» enfatizando la importancia de equilibrar nuestras perspectivas y acciones en relación con el mundo natural.
El evento concluyó con una sección de preguntas y respuestas. y la entrega del reconocimiento por parte de la UNAM al ponente por su participación, así como aplausos.
Andrés compartió en una exclusiva para Paradigma: «De que me senté a escribirlo, me tarde un par de años, dos años de trabajo».
«Yo creo que quien se dedica a escribir realmente lo hace por el proceso porque no tienes ganancias monetarias, no tienes fama, para nada, tienes unos cuantos lectores que valoras, pero lo haces por el proceso porque escribir te lleva un proceso muy especial de pensamiento y de convivencia contigo mismo de alguna manera y es como meditar escribir yo encuentro que es un estado muy similar al de la meditación y me da paz mental», añadió.

Foto: Gabriel Morales, FES Aragón
