Por: Miguel Alejandro Rivera
Todos necesitamos una redención.
La madrugada del domingo 6 de octubre, Boris Bilbraut nos regaló un motivo para sentirnos vivos.
La vibración de sus percusiones, debsu voz, las melodías de la Orquesta Internacional llegaron hasta las entrañas de cualquiera que estuviera cerca de los acordes de No woman no cry o de muchas otras melodías que se le pidieron prestadas a la divinidad de Bob Marley para enaltecerlo esa noche.
Una naturaleza mística inundó el Soul Dread y, como suele suceder con la comunidad rastafari, un abrazo grupal inundó a la audiencia que coreaba desesperada las letras de su ídolo: «There’s a natural mystic, blowing through the air».
Después la consigna fue Get up, stand up, y ahí la magia surgió, porque fue como volver al 2007, cuanto Boris era uno con Cultura Profética y a su vez ellos eran un todo con Marley: ese tributo que todos cantamos en un disco se hacía presente tan cerca que conmovía hasta las lágrimas…
¡Vaya fenómeno! La fantasía de un montón de adolescentes se hacía realidad para los adultos en los que aquellos amantes del reggae se convirtieron.
Y como Boris tampoco se entiende si su pasado, Éstos Árboles retumbó en las almas de los rastafaris así como Canto en la Prisión, su no muy famosas, de las melodías más inteligentes y espirituales que otrora cantaba el señor Bilbraut: «Aquellos árboles, ponen a madurar su ir en su venir, aprendiendo a salir en su llegar».
La audiencia de Aragón, del siempre olvidado nororiente de la Ciudad de México y el Edomex, siempre le agradecerá a Boris Bilbraut por renacer ese amor rastafari, por esa redención que, como él, todos necesitamos.

