
Este año, los estadounidenses Daron Acemoglu, de origen turco, Simon Johnson y James A. Robinson, ambos de origen británico, recibieron el Premio Nobel de Ciencias Económicas de “por sus estudios sobre cómo se forman las instituciones y cómo afectan a la prosperidad”, según la Real Academia Sueca de las Ciencias.
Dentro de las investigaciones de estos tres estudiosos se destacan palabras como desigualdad, prosperidad, naciones e instituciones, algo que a simple vista parece muy concreto y hasta lógico, pero que con dos minutos de reflexión suena a una burla.
El análisis galardonado señala que cuando los europeos colonizaron grandes partes del mundo, las instituciones en esas sociedades cambiaron. Mientras que en unos lugares las instituciones establecieron los fundamentos para sistemas políticos y económicos inclusivos, en muchos otros tuvieron el objetivo de explotar a la población indígena.
Uno de los ejemplos que los economistas toman para su estudio es Nogales, Sonora, que, según ellos, enfoca las diferencias de uno y otro lado de la frontera, siendo el territorio mexicano una muestra de atraso social contra la zona estadounidense… Ya lo decía Herbert Marcuse en los años 60: Estados Unidos quiere que su mundo sea el mejor de los mundos.
También analizan casos como el de Zimbabue, abordándolo como un Estado del siglo XX, sin tocar ni con el pétalo de una rosa el colonialismo europeo que destruyó las dinámicas propias de las sociedades nativas de la región: dónde está la esclavitud, la imposición de fronteras. Para eso, mucho mejor leer a Walter Rodney.
“Los habitantes del norte de la valla viven en el sistema económico de Estados Unidos, que les da mayores oportunidades de elegir su educación y profesión. También forman parte del sistema político de Estados Unidos que les otorga amplios derechos políticos”, dijo el comité que otorgó el premio.
“Al sur de la valla, los residentes no son tan afortunados. Viven en otras condiciones económicas y el sistema político limita su potencial para influir en la legislación”, añadió.
¿Qué se puede esperar de un premio que alguna vez se le dio a Milton Friedman, el artífice del modelo que caminó de la mano a las dictaduras en América Latina?
El Nobel 2024 se le entrega a palabras vacías, que culpan a las instituciones, pero no a las empresas transnacionales ni al modelo neoliberal capitalista que subdesarrolló a los países “al sur de la valla”.
La tasa oficial de pobreza en el 2022 en Estados Unidos fue del 11.5 por ciento, con 37.9 millones de personas en dicha condición, y en 2023 llegó a 650 mil seres humanos en indigencia, una cifra récord para “el ejemplo del mundo».
Los economistas premiados hablan de explotación a los indígenas en el sur, pero no del exterminio y encierro de los indios pieles rojas y de otras etnias “al norte de la valla”.
Científicos sociales como Enrique Dussel o Boaventura de Souza precisamente han propuesto una Epistemología del Sur, porque las sociedades de otras naciones requieren modelos y esquemas diferentes de organización política, económica y social. Para los nuevos nobeles es tan sencillo mirar hacia abajo a las sociedades del sur, sin mezclar en sus cifras un poco de historia: claro, si en Centroamérica se analiza el papel de la United Fruit Company en el subdesarrollo y genocidio indígena de la región durante el siglo XX, seguro las cuentas no les salen.
Hablan sobre la libertad de elegir una carrera estudiantil, pero, durante décadas, desde la dictadura de Augusto Pinochet, los chilenos debieron ajustarse a los créditos universitarios, eligiendo disciplinas que, a la postre, les garantizaran un salario para pagar su deuda educativa, sin importar la pasión alrededor de su profesionalización.
Precisamente, el presidente argentino, Javier Milei, promueve en su país una cruzada contra las universidades públicas, minimizando la lucha estudiantil, y claro, si es ese el sur del que hablan los investigadores, tienen razón, pero se les olvida el enorme papel de Estados Unidos en la implantación de los sistemas de esas naciones.
No leí en su análisis una crítica a empresas como Airbnb, que están haciendo inaccesible la vivienda no sólo “al sur de la valla”, sino en ciudades como Madrid, España, donde apenas el fin de semana miles salieron a quejarse por el alza de las rentas ante la especulación inmobiliaria; no vi una revisión de engaños como Uber con discursos de “sé tu propio jefe explotándote a ti mismo”; no hay alguna reflexión sobre las grandes plazas comerciales como Mítica, que le quitan el espacio, el agua y demás recursos a las comunidades… Qué sencillo es hablar de “instituciones”, así nada más, elogiando a Estados Unidos… Qué sencillo es ganar un Nobel de Economía.
«Si el norte fuera el sur, sería la misma porquería».
