Redacción Paradigma
Entender al otro desde la fraternidad y atender las causas que generan violencia en México fueron los temas centrales que se abordaron en la mesa de diálogo La Violencia en México, Alternativas para la Paz, que se celebró en el Centro Nacional Bahá’í en la CDMX.
Gabriela Amores Moya, abogada especialista en defensa de las mujeres en casos de violencia y feminicidios observó un panorama desolador. La especialista afirmó que en México «jurídicamente no hace falta nada, lo que hace falta es entender qué es la violencia y no minimizarla, hay que saber aplicar la ley».
Y es que Gabriela Amores, como litigante se ha encontrado con discursos violentos desde las autoridades como: «No hubo tanto daño porque era una niña» o «es que usted ya sabía cómo era su pareja, para qué se casó, no estamos para arreglar problemas familiares».
Por su parte, Jimena Esquivel, de la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, afirmó que las instituciones religiosas en México generan ciertos discursos violentos, quizás incluso sin la intención de ello. «No se trata de cambiar las doctrinas, pero sí repensar en las cuestiones culturales y estructurales. Una mujer en el hogar sufre no sólo violencia física, sino incluso en la carga de trabajo en el hogar», expresó.
Sally Sue Hernández, obispa de la Iglesia Anglicana en México, explicó que debe haber un «cambió de narrativas, ya no estamos en tiempos de revictimizar a la persona. Hablamos de una sociedad resentida, enojada».
Ante esto, expresó que «el acompañamiento y el diálogo de las comunidades de fe no sólo deben ser con la víctima, sino con el victimario, también se vale acercarse al perpetrador, para buscar soluciones. Hay que generar espacios seguros para la escucha».
Por su parte, Arturo Serrano, investigador y especializado en tecnologías, compartió que se deben «curar las raíces y no sólo los síntomas de una sociedad centrada en valores fuera de la nobleza humana, no centradas en el espíritu del ser humano».
El docente de maestría y doctorado expresó también que deben impulsarse «esfuerzos para reconceptualizar la naturaleza humana y he aquí el papel clave de la religión».
Carlos Cevallos, encargado del Área de Teología en la Facultad de Humanidades de la Universidad La Salle, compartió que, «lo que abonó en Colombia para resolver los problemas de violencia fue fortalecer el sentido comunitario en lo local y el tejido social. En Guerrero es lo único que ha mantenido a la zona con posibilidades de cambio y mejora», dijo.
En tanto, otro reto, añadió, «es el trabajo de la articulación los esfuerzos de organizaciones e iniciativas para la búsqueda de la paz. Donde nos toca estar es donde estén las víctimas».
Angelo Baños Terrazas, quien desde el gobierno federal trabaja estrategias para eliminar la violencia ejercida por los hombres en México, profundizó en el daño psicológico y social que han hecho los estereotipos machistas en las comunidades. «Nos han robado la mirada, la voz y la palabra. La violencia es un asunto del sistema global, porque la violencia es una estrategia negativa para arreglar conflictos. Antes del sexenio de Felipe Calderón, los criminales no se metían con nadie que no estuviera metido en la ilegalidad, pero después de su gobierno se rompieron los códigos, atacan a las mujeres, a las niñas, a los religiosos».
«Cuando no hay comunicación hay interpretación, y cuando no hay comunicación ahí se mete la violencia, por eso es muy importante el cara a cara, el vínculo con nuestros hijos, con nuestros amigos», ahondó.
De formación sociólogo, Baños destacó que los padres en México se comunican en promedio tres minutos al día, de los cuáles muchas veces el contenido en su mayoría es violento.

También, el especialista explicó que «el amor está vinculado a la violencia en la cultura y los valores. Los mexicanos aprendemos del amor con narrativas como las de José José: a partir del dolor, de la agresión; las mujeres han sido educadas para los otros, para cuidar, para servir y es algo que tenemos que transformar».
Como solución, Baños afirma que se debe recurrir a valores sobre el afecto y que «los hombres recuperen su capacidad de querer, de llorar, necesitamos aprender a manejar la ira».
Ignacio Cuevas, profesor de la Universidad Iberoamericana afirmó que «los perpetradores siguen siendo seres humanos, el problema es que ahora hay tantos grupos criminales que no se sabe con quién hablar».
Asimismo, añadió que las soluciones a la violencia pueden radicar en fortalecer «a los movimientos como las Madres Buscadora, porque todo es familia y es importante que las familias nos defendamos».
En relación a estos temas, el escritor y periodista Miguel Alejandro Rivera expresó que la violencia en México radica, en gran medida, «al enorme enriquecimiento de los grupos criminales en México a partir de la devaluación del peso en 1995, porque los grupos del narcotráfico tenían su dinero en dólares y esa decisión del gobierno de Ernesto Zedillo, consciente o no, coludido o no, les multiplicó por mucho sus fortunas».
Además, el también profesor de la UNAM expresó que el sistema capitalista global es un factor de violencia. «Citando a José Mujica, el expresidente de Uruguay, los padres de estos tiempos trabajan todo el día para darle todo a sus hijos, pero lo que no les dan es un padre, entonces los niños y jóvenes no tienen una guía, no hay nortes, y cuando el crimen organizado se les acerca con salidas para obtener dinero fácil, llenan ese vacío familiar».
Finalmente, Óscar Covarruvias, director de la oficina Nacional de Asuntos Externos de la Comunidad Bahá’í en México y organizador del evento, externó que una solución radica en «un esfuerzo de educarnos, independientemente de la religión, también es importante la realidad espiritual, una que no es física y cómo entender al otro desde ahí, de conocer todos los problemas de violencia y como hacer el esfuerzo de reeducarnos».
Fotos: Comunidad Bahá’í de México
