Por Edgar Cruz
Llegaré. No habrá día, ni hora, ni momento perfecto; llegaré.
Y tú, oh víctima eterna, tú, qué te congelas cada que me acerco, y tú, qué deberías enfrentarme, te callas. Te tapas los oídos con tus manos necias.
A ti que te encantaron las promesas de ascensión, te sedujeron mis palabras y pensaste que después de mí seguía la vida, a ti que esperas algo, te digo:¡No tengo nada que darte!.
Sueña lo que puedas, fluye en aguas diáfanas o estancadas, ama sin pereza, porque cuando yo postré mis ojos en los tuyos; ni las culpas ni el hastío, ni la melancolía serán suficientes para quitarte de encima mi blancura.
Pero quizá… quizá si aún te quedan palabras, quizá si amas ferozmente, quizá me espantes, quizá tenga que esperarte. De lo contrario te sorprenderé infraganti y a todas luces te llevaré conmigo.
Lo siento si para ti soy autoritaria, quizá en mis pequeñas llegadas te quedes o quizá te salves, pero alguna será definitiva, eso tenlo por seguro.
