Por Miguel Alejandro Rivera
Mientras montones de gente duermen, beben, festejan, cenan o andan por ahí vagando, ellos van y vienen con tambos y cubetas. En una colonia al sur de Ecatepec, los diablitos son artilugio básico en la empresa de quienes deciden que el agua no habrá de faltar, al menos esa noche o, si bien va, por un par de días.
Pasan de la una de la mañana y sólo las luces de los autos que transitan intermitentes permiten ver con claridad a ese tumulto de personas que, al amparo de una Virgen de Guadalupe y un San Judas, con esmero meten sus palanganas en un registro de la banqueta que se presenta como un oasis en el desierto.
Aquellos tiempos en los que el agua empapaba las risas de los chiquillos en sábado de gloria quedaron en el pasado, ahora hay que aprender a cuidarla, porque aquí, en la tierra del dios del viento, o es la desvelada o es la pipa que cobra el agua a precios de petróleo.
El periodista polaco Ryszard Kapuscinski contó en su crónica Mi callejón 1967 cómo en un pozo de Lagos, Nigeria, se formaban mujeres y niños para obtener un poco de líquido.
«La cuestión del agua, sin ir más lejos: hay que acarrearla desde la bomba, que está al otro extremo de la calle», escribió el reportero haciéndonos notar que, en 2025, Ecatepec vive las mismas penurias de un África siempre subdesarrollada ante los ojos occidentales.
También, pese al frío, la oscuridad, el viento y hasta el peligro criminal, son mujeres y niños en su mayoría los que en este rincón del Estado de México andan batallando para no quedarse sin tan importante recurso.
Carriolas, carritos eléctricos de juguete, diablitos, todo sirve para llevar garrafones y tambos de agua de varios tamaños. «A veces hasta las tres o cuatro de la mañana la gente está aquí y ni modo, con lo que tenga ruedas», dice don Gilberto, que aprovecha un Atos ya gastado que trae de taxi para atiborrarlo de la mayor cantidad de contenedores que pueda y añade: “Uno ya no está en edad para estas cosas”.
Si las guerras por el agua no son internacionales todavía, en Ecatepec, cuenta este vecino, ya hay enfrentamientos por ella. «Hace unos días, en La Popular, hubo hasta balazos porque todos querían sacar agua de un registro igual; yo digo, uno y uno y ya, todos tenemos necesidad, pero allá hubo detenidos y les clausuraron el registro; después cerraron la avenida R1 para exigir que se los abrieran otra vez, qué necesidad de pelear tenían, ya cerrado, así se va a quedar».
Esta crisis, que ya genera violencia, «va a orillar a que la gente secuestre pipas, porque mira, pasan y pasan llenas y nosotros aquí batallando».
La señora Patricia, que también anda acarreando botes, afirma que «cuatro mil litros de agua las pipas ya los dejan en mil 400 pesos y aparte no te quieren llenar un tambo, les tienes que comprar toda la cisterna».
«De lo que la gente no se da cuenta es que crecieron las embotelladoras, crecieron las lavanderías, a los negocios nunca les falta el agua, pero a uno hasta miedo le da pasar al baño, imagínate lo feo que es eso, no querer ni jalarle a la taza porque se acaba el agua», acusa don Gilberto.
Llenar botellas, galones, garrafones y botes les lleva varias horas; por eso, los que sólo tienen un diablito para transportar sus tambos, o acarrean cubetas por su propia mano, andan una y otras vez el mismo camino, dejando tras de sí rastros de humedad como si fueran caracoles itinerantes.
Y es que un viaje les rinde apenas para uno o dos días y ese liquido, que sale de un registro en la calle, lo usan para echarla al baño o trapear el piso, «porque para la comida o bañarse no se puede, viene sucia».

Otro problema radica en que, explican los vecinos, este manantial de banqueta tampoco tiene recurso permanente. «Toda la semana no cayó nada. En las casas pasan meses y no llega el agua, y aquí, toda la semana estuvo seco, por eso ayer hasta la madrugada y hoy hubo un montón de gente», comparte Patricia.
Según el Bando Municipal de Ecatepec de Morelos 2023, “a quien se sorprenda extrayendo agua potable de algún registro abierto o clandestino, en cantidades de 30 a 200 litros, se aplicara un arresto inconmutable de 10 a 36 horas”.
Sin embargo, la vecina refuta: «Ah, pero eso sí, te exigen que pagues, nosotros tenemos todo al corriente, cada año pagar el recibo del agua para que nunca caiga, sería el colmo que nos reclamaran por hacer esto». Y en efecto, las patrullas pasan e ignoran a esa gente que sólo busca satisfacer una necesidad básica.
En noviembre de 2023, las autoridades federales y estatales acordaron reducirle un 24.59 por ciento el suministro de agua del Sistema Cutzamala al millón 645 mil 352 de habitantes que, en 2020, contó en Ecatepec el Inegi, debido a los bajos niveles de recurso en las presas Valle de Bravo y Villa Victoria.
El pasado 21 de enero de 2024, el juez décimo de distrito René Ramos Pérez falló a favor de 154 colonias del municipio que interpusieron un amparo ante la escasez de agua. En la sentencia, se indicó que los habitantes de dichas demarcaciones deberían recibir al menos 50 litros de líquido al día.
Pero para personas como Dafne, una vecina de veintidós años, los datos duros no sirven de nada: “Es muy estresante tener que levantarte en la madrugada y activar la bomba. Aquí no habíamos tenido problemas con el agua; de unos meses para acá comenzó a faltar; los vecinos bloquearon un día la Avenida Central y de ahí se puso peor la escasez, dicen que el alcalde (de Ecatepec, Fernando Vilchis en ese momento) se enojó por las protestas y ahora menos dejan que llegue el agua”.
