Nosotros también

Por Natalia Lugo

—Hoy vamos a jugar al trenecito—, dijo su prima Sandra.

Ella llevaba un short muy corto. Hacíamos como que el tren chocaba: me pegaba su trasero en mi parte íntima, iba y venía, una y otra vez… Sentí tensión y presión en mi pene, me dio vergüenza, pero Sandra dijo que no me preocupara, luego procedió a quitarse la ropa y obligarme a meter a lo que llamó “el tren” por el “túnel”. Me siento atrapado, con miedo y no puedo escapar. Despierto agitado entre el sudor y los fuertes latidos de mi corazón. Otra vez esa pesadilla… No entendía lo que que pasaba, tenía ocho años y estábamos “jugando”.

Semanas después de lo que ocurrió en el supermercado, Saúl contó a su mamá que su prima lo había obligado a que jugar al trenecito. Ella contestó: “¡Ay estos niños!,¡Qué imaginación tienen! jajaja” . Por esa razón pensó el resto de su infancia que lo que había ocurrido no estaba mal, incluso cuando no se sintió bien. No dijo nada y siguió su vida.

Tiempo después en la secundaria, cuando en la escuela de Saul hablaron de sexualidad y el consentimiento que debería llevar, se percató que no estaba bien lo que había pasado. Aún así, quiso rectificar con su papá y le preguntó si los hombres pueden ser violados. Pero su respuesta fue todo lo contrario a lo que él esperaba: ”Más bien tienes suerte si eso pasa”, también se rio… Por eso se prometió así mismo no contárselo a nadie.

Al mismo tiempo, durante esa etapa decide no decirlo a sus amigos, porque en lugar de tomarlo en serio, le hubieran hecho burlas como: ”Ojalá hubiera sido yo”, “¡Qué suerte tienen algunos!”. A parte de eso, tuvo una novia llamada Martha, chica que no destacaba por su belleza, pero Saul la amaba por lo que era, en todas sus palabras… A Pesar de eso, su relación nunca había pasado más allá de manita sudada y besos de “piquito”. Ella pensó que él estaba planeando con mucho detalle romántico su “primera vez”, pero en realidad a Saul no le interesaba vivir su sexualidad porque su “primera vez” no fue nada placentera, más bien un trauma… Martha lo dejó por hacerla esperar tanto, ciertamente nunca se lo planteó, porque no quería parecer ser una mujer “fácil”, Saul nunca entendió muy bien el motivo por el que rompieron.

En la prepa, las cosas cambiaron un poco… Renata, su novia, coqueta y glamorosa, siempre bien arreglada y con unas curvas que ningún hombre perdería la oportunidad de tomarlas. En el caso de Saul, él se consideraba en una dudosa dirección.

Esto se puso a prueba en el inicio de una de las clases de biología, él recibió un mensaje de Renata que decía: ”Nos vemos en el baño de hasta atrás para una sorpresita, debes de estar 20 mins antes de que acabe la clase”, este mensaje venía acompañado de la combinación de emojis: berenjena 🍆+ durazno🍑 + carita que guiñe el ojo😉. Se sentía ansioso, se dijo a sí mismo: “ Tú puedes, el pasado, pasado”, “Lo que viviste ya tiene mucho y es tiempo de superarlo”.

Las 8:40 am, tiempo de la verdad. Inhaló fuerte, se paró de golpe de la silla e intentó caminar lo más disimulado que pudo, porque se sentía decidido a hacer algo que por supuesto estaba estrictamente prohibido y penalizado en la institución. Salió del salón, atravesó uno de los pasillos y empujó la puerta del baño. El lugar y esa hora eran conocidas entre los alumnos como el “punto perfecto” para realizar ese tipo de actos. Atravesó los cubículos hasta llegar al último y la abrió de un portazo.

Ahí estaba ella, vestida en lencería negra de encaje en una pose provocativa: sentada en el escusado de piernas abiertas, agachada y las palmas de las manos hacia el suelo entre los muslos, mirando hacia abajo. Cuando notó su presencia subió de manera paulatina junto a su mirada en busca de placer. Renata ascendió poco a poco acariciando sus piernas hasta llegar a su parte íntima, le quitó el pantalón y los boxers y acarició su pene de manera efusiva un par de veces. En ese momento, él sintió un poco de pánico, creyó que era normal y siguió aferrado a que tenía que “superarlo”

Renata continuó entre besos y caricias, cada vez más cerca. Ella lo tomó de nuevo, lo estimuló con tanta facilidad que Saul la vio con ojos como si fuese toda una diosa. Al fin llegó a esa rigidez, el calor continúa y él pensó sonriendo: “ Lo estoy logrando”. Ella dice: “Ahora sí, hasta el fondo” y ahí fue donde un recuerdo arribó de repente en su mente: “¡Mete el tren al fondo del túnel!”, el gritó Sandra desesperada, forzándolo, algo que creyó olvidar. Ahí, la espada perdió el poder… Renata se queda unos momentos quieta y se pregunta: “¿Qué pasa?”. Lo frota de nuevo; sin embargo, nada parecía reanimarlo, se volvió pequeño.

—¿Qué ocurre?
—Bueno, es que… —, dice apenado.
—No, no me digas nada.
—¿Lo volvemos a intentar?

El encuentro pasional se retoma y Renata acaricia y besa cada centímetro de pecho, baja cada vez más… Antes de llegar a su entrepierna sube la mirada y se encuentra con la suya, por lo que recuerda los ojos de Sandra, quiere huir y la empuja contra el retrete.

—¡Se acabó! —, reafirma Renata y sale del cubículo del baño y para ir directo a la salida.
—Espera, ¡puedo explicarlo!—, trata de alcanzarla corriendo tras ella, incluso cuando se tapando su pene con una mano.
—¡Poco pito! —, le grita sin piedad y eso lo escuchan los demás estudiantes, las burlas no faltaron.

Antes de que pudiera alcanzarla sintió una mano en el hombro, la directora lo había atrapado. Llamaron a su padre y fue directo a la escuela. ¿Cuál fue el resultado?: un mes suspendido. Dentro de casa, él seguía llorando.

—¿Por qué lloras si no te gusta ir a la escuela?—, le dijo su padre intrigado
—Pase por algo duro en mi infancia, lo escondí por ser algo controvertido y algo poco frecuente. Aún vivo con las consecuencias por lo que pasé.
—¿Y por qué lo ocultaste?
—Porque tenía miedo y cuando te cuestionaba se convertía en algo insignificante.
—¿Qué fue lo que pasó?
—Sandra me obligó a tener relaciones sexuales con ella cuando era niño.
—Ay mijo, te hizo hombrecito desde muy pequeño y eso hay que reconocérselo. Así que déjate de tonterías y no seas malagradecido. Ahora permíteme, voy a salir a hacer algunas compras —, dijo su padre y salió de la casa.

“No siento que soy lo suficiente hombre, ¡Qué impotencia!”, pensó. Lloró otro momento, pero en silencio porque está mal mostrar debilidad en los hombre, incluso cuando nadie escucha. Fue al desván donde su papá guardaba sus cosas y tomó un arma de fuego.

Antes de tomar una decisión tan dura escribió una nota:

¿Por qué si una mujer es abusada y/o violada recibe más apoyo en comparación a cuando le sucede lo mismo a un hombre? ¿Es que un hombre no tiene derecho a sufrir?, incluso pareciera que nos hacen un favor…

Nosotros también.

La soledad e incomprensión que venía acarreando fue tanta que tomó la pistola, la puso contra su cabeza y jaló del gatillo . Después de que la bala le atravesó su cráneo se se apoderó del ambiente un silencio, el mismo que se generó cuando calló por tanto tiempo lo que ocurría.

Publicado por Paradigma

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