
En tiempos en los que las ideologías no tienen la claridad con la que contaron en el siglo XX, la ultraderecha está capitalizando cada vez más los escenarios de incertidumbre de la política mundial. Hoy no hay izquierdas ni derechas, hay ultraconservadores que se están organizando de forma estupenda para sus fines y que, si las sociedades lo permiten, terminarán por dominar los mercados y la administración pública de las grandes potencias.
Con Donald Trump en el poder de Estados Unidos, la ultraderecha dio un paso enorme para su dominio; sin embargo, si los líderes afines a él homologan un movimiento contundente, podrían tener mucho más impacto.
Lo vimos con la reunión de la llamada Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), donde personajes como Javier Milei, presidente de Argentina; Elon Musk, funcionario del gobierno trumpista, y Steve Bannon, ideólogo del propio republicano, hicieron gala de sus ideas ultraconservadoras e incluso para muchos neonazis, por la forma en la que saludan a sus audiencias como lo hacía el propio Adolfo Hitler.
Nacida en 1974 en Estados Unidos, explica su página oficial, “la CPAC es uno de los eventos políticos más difundidos cada año por la prensa norteamericana. Se ha consolidado como espacio de aprendizaje, difusión y desarrollo de ideas, con CPACs realizados ya en Israel, Hungría, Japón, Austria, Brasil y, ahora, en México”.
El principal promovente de esta iniciativa en México es el actor Eduardo Verastegui, personaje a quien se le vio compartir viajes en el avión presidencial con el expresidente Enrique Peña Nieto y quien también se sumó a los saludos con la mano en alto que han generado muchas críticas.
Aunque para algunos, Verastegui es un payaso que no requiere mucha atención, por las personas con las que se reúne, debiera merecer algo de pendiente, pues pretende fundar un partido político ultraconservador con tintes católicos en México, el cual, por el pésimo momento que vive la oposición, podría capitalizar de forma importante el apoyo de grupos que en algún momento formaron la marea rosa u otros frentes que no miran en Acción Nacional la opción para terminar con los gobiernos de Morena.
“Vamos a luchar, es por eso que me voy a unir al movimiento de Elon Musk y el presidente Trump. Mi corazón va para todos ustedes”, expresó el exactor de telenovelas. Después de gritar “¡Luchen!” por tres veces, Verástegui aprovechó el micrófono para criticar al gobierno de Claudia Sheinbaum. “Si no reaccionamos pronto, mañana será demasiado tarde. Y por todas estas razones, estoy aquí. Me uní a la lucha por la libertad”, dijo a lo largo de su discurso.
En este contexto, Verastegui y quienes se sumen a su movimiento representan lo peor que le puede pasar a cualquier país: el extremismo, la pérdida se soberanía y el fanatismo por líderes de la ultraderecha internacional; sólo habría que mirar la pena ajena que da Javier Milei saludando a Elon Musk y a Trump como si fuera un niño viendo una botarga de Mickey Mouse en Disneylandia.
La mente detrás de este movimiento mundial es Bannon, quien en agosto de 2020 fue acusado de defraudar cientos de miles de dólares a personas que donaron fondos para la construcción del muro en la frontera con México, aunque libró la detención pagando una fianza de 5 millones de dólares.
El polémico exasesor de Trump, que dejó la administración del expresidente en 2017 y ha colaborado con formaciones de extrema derecha en varios países, ha sido acusado de conspiración para cometer fraude electrónico y de conspiración para el blanqueo de dinero, dos delitos que pueden acarrear penas máximas de 20 años de cárcel cada uno; asimismo, es señalado por estar vinculado a la famosa toma del Capitolio estadunidense en enero de 2021.
Sin embargo, y gracias al poder que recuperó Trump, Bannon ya no es un criminal, sino, otra vez, el líder que recluta a los políticos ultraconservadores del mundo para unir fuerzas y lograr el fortalecimiento del neoliberalismo. Mientras los movimientos progresistas se dividen y sectorizan, pues cada uno pelea sus batallas en solitario y de manera aislada, la ultraderecha coincide en que sus únicos intereses son el poder y el dinero, por lo que no les es difícil llegar a acuerdos para lograr sus objetivos.
Hoy, Verastegui puede parecer una broma, pero esperemos cómo crece su movimiento hacia 2030, obteniendo apoyos de los empresarios que odian pagar sus impuestos bajo los gobiernos de izquierda, en el poder desde 2018.
