My One and Only Parting Gift

Por Alejandra Cuevas

Ya déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados.

Me morí hace un par de semanas. Sorprendentemente, quien más lloró fue mi papá. Yo siempre dejé en claro que cuando me muriera quería que me incineraran, ya después podrían decidir mis seres queridos qué hacer con mis cenizas, siempre me fue irrelevante dónde las fueran a esparcir. Pero, claro, mis peticiones fueron ignoradas y decidieron enterrarme en un hueco bajo la tierra. Apenas llevo un par de días aquí. La preparación después de mi muerte fue un proceso tardado. Primero fue la vigilia en casa de mi tía Susana, porque es la residencia más grande en la familia, a la que fueron muchas amigas de mi mamá y rezaron todo lo que duró la vela. Fue raro estar ahí y notar cómo todos los presentes hacían su máximo esfuerzo por no voltear a verme: la muerta, el cadáver fantasmagórico yaciendo en el mismo cuarto donde todos los vivos tomaban café con más sabor a agua que a otra cosa y comían galletas ligeramente rancias. Mi primito Carlos, que sólo tiene 7 años, fue el único que realmente se me acercó y me vio directamente. “Se ve rara”, le dijo a su mamá, y su mamá se lo llevó lejos de mi periferia.

Unos días después fue la misa; la escuché atentamente en caso de que el padre dijera algo esencial para después de la vida, para ver si me daba un código secreto con el cual podría entrar al cielo, tal vez. Pero si el padre tenía consejos para mí, decidió quedárselos todos. De todas formas, yo no podía hacer otra cosa más que escuchar al padre dar una mala homilía. Las misas son doblemente aburridas si sólo se puede ver hacia el techo de la iglesia. Y ya, eso fue todo, me metieron a la tierra.

Estoy muy aburrida y no hay aire aquí abajo, todo huele mal, me dan ñáñaras cuando pienso en cuántos muertos más hay alrededor de mí. Siento una pesadez emocional y mental tan severa que pareciera que la tierra encima de mí está directamente sobre mi pecho. No necesito respirar, pero intento jadear el aire inexistente para sentir aunque sea un poco de alivio; no tengo éxito. Quisiera agarrar mi puño y abrir la puerta del ataúd como La novia de Kill Bill, pero no puedo mover mis brazos, no puedo mover nada. ¿Cuántos kilos de tierra habrá sobre mí? Si lograra salir del ataúd, ¿podría levantar todo ese peso? Nunca fui muy fuerte en vida, me imagino que la situación sólo puede estar peor ahora. Creo que no tengo otra opción más que resignarme a este confinamiento eterno.

No me puedo ver, pero siento cómo me estoy hinchando más y más cada día. Mi piel se está estirando tanto que está a punto de reventar; es la única sensación que he sentido en mucho tiempo y no me gusta. Ayer al mediodía empecé a sacar líquido por la nariz, por las orejas y por la boca. Honestamente, pude haber vomitado del asco que me dio. El líquido apesta, los gases que estoy emitiendo apestan, yo apesto. Mis secreciones no tienen ningún lugar a dónde ir, entonces estoy acostada encima de ellas, en pocos días voy a estar nadando en mis propios jugos de putrefacción. No dejo de gotear por todos lados. Me voy a ahogar.

Mi piel ya se reventó en algunas partes. En otras, mi carne se está cayendo. El olor que emano es insoportable. Dejé de secretar hace algunas noches, pero el líquido sigue aquí, en el ataúd, en charcos debajo de mí. Sé que es cuestión de tiempo antes de que lleguen los insectos y empiecen a hacer sus nidos dentro de mi cuerpo podrido, que se apoderen de mí.

La primera larva me salió del ojo izquierdo. Me parece curioso que se retorciera y estrujara para lograr moverse por mi lagrimal y viajar por dentro de mi carne hasta llegar a mi pómulo, el cual ya está hecho un desmadre porque se me cayó un pedazo de cachete esa mañana. Luego llegaron de a montones, sin aviso previo; me salieron de la boca decenas y decenas de larvas que viajaron hasta mi vientre y pusieron ahí sus huevecillos. Otras bajaron más y lo hicieron entre mis piernas. Siento el peso de las camadas y camadas de larvas que se están gestando sobre mi cuerpo echado a perder. La poca carne que me queda en los dedos está magullada, y las crías de las primeras larvas van hacia ella a continuar con sus propias plantaciones de más larvas. Larvas por todos lados. Siento cómo me comen con sus dientecitos minúsculos, cómo hacen su bailecito de celebración porque hay comida, cómo se retuercen en los hoyos de mi cuerpo, cómo succionan mi sangre coagulada e inerte. Cada vez son más y más. Cuando me dé cuenta voy a estar cubierta de ellas.

Estoy segura de que ya no hay un pedazo de mi cuerpo que sea reconocible. Si algo de carne sigue pegada a él, debe de ser morada, está toda podrida. El resto de ella estaba ya tan echada a perder que se cayó de mi cuerpo, le pertenece más a las larvas que a mí. Yo le pertenezco más a las larvas que a mí. Hace varias horas que ya no hay un sólo centímetro de mi piel que no esté cubierto por larvas comiéndosela, moviéndose por encima de ella con sus piernitas, sus pinches piernitas recorriéndome la espalda, el cuello, mi cabello caído a pedazos, entrando a mí por mi boca, por mi nariz, por mis ojos, por todos lados. Recorriendo mi cuerpo por dentro y por fuera, cada rincón, succionando, arrastrándose, haciendo hoyos dentro de los hoyos, procreándose.

Las larvas no dejan de reproducirse, no dejan de moverse, no dejan de alimentarse de mí. Sigo acostada sobre mis propios jugos corporales echados a perder, de vez en cuando me salen más por todos los orificios que tengo ahora en el cuerpo, siento cómo se estancan debajo de mí y crean un ambiente más prolífico para todo lo que me está consumiendo. Larvas, secreciones, pedazos de carne, podredumbre por todos lados. Encerrados todos aquí, conmigo, para siempre.

*Alejandra Cuevas. (Cuernavaca, 1997) es licenciada en letras inglesas por la UNAM. Tiene 12 tatuajes y una cicatriz en la rodilla. Le gusta escuchar pop-punk, caminar por la ciudad y hacer reír a sus seres queridxs.

*Este texto fue publicado originalmente en la página de la Red Universitaria de Mujeres Escritoras el 29 de octubre de 2021: https://medium.com/@rumescritoras/my-one-and-only-parting-gift-1df3d34f384c

Publicado por Paradigma

Medio de comunicación dedicado al periodismo literario de largo aliento; nuestras bases son la ética, la veracidad, el respeto a las fuentes y a las audiencias.

Deja un comentario