Por Gustavo Pablo Reyes Escalona
Hay muertos presos de sus actos de vida: de sus virtudes, intelecto, dones, odios, defectos, errores y miserias. Muertos irremediablemente materiales como todos los muertos, aunque sus almas vuelen al sepulcro, al cielo o a la espera del juicio final, según opinan muchos; lo que yo respeto, aunque la Trinidad los divida en cuerpo, espíritu y alma. Muertos al fin: utilizables, desechables, obvios e intrascendentes. Casi todos buenos en el momento final al dejar de ser vivos.
Después llega el peregrinar del alma, los huesos, las cenizas o el espíritu. Se olvidan aunque estén; se utilizan o desechan según sea el interés e incluso se les culpa, aunque ya no estén y por ende ya no puedan actuar, defenderse u opinar… tremendo eso.
Yo quisiera ser un día, cuando me llegue el momento, uno de esos muertos a los que el descanso acoge; a los que no hacen autores intelectuales sin consultarles. Mi obra estará; lo que se haga de ella, de lo que pensé, será el actuar de los vivos que me sobrevivan. Que conste: no es esto ni negar la historia ni dejar de ser dialéctico. Quiero que mi muerto pueda descansar en paz eterna. Si en algo erré, triunfé o pasé sin penas ni gloria; que no trascienda esto con valor de uso a mi deceso.
Si yo pudiera esfumar las obras anteriores a mi muerto en un viaje a la semilla carpenteriana; regresar a los testículos de mi difunto padre… No haber sido un parto feliz. Tal vez así le ahorraría a quienes me sobrevivan el poder usarme, culparme o hacerme autor de lo que nunca hice.
De este modo tal vez le ahorraría avergonzarse de mis desnudos intelectuales, mis arrugas corporales y mis escaras; de todo lo que hice bien o mal. Porque me equivoqué como todo humano. Porque me lo impusieron o me dio el deseo y las ganas por rebelde y depravado.
En fin, mi muerto: mientras el mundo siga de este modo, multiplicando, géneros y premiando oportunistas y triviales; tú, mi buen cadáver, tendrás que irte sin el descanso eterno, como se van los demás. Olvida esa historia de que serás un muerto anónimo.
