La obsesión con los aranceles, una oportunidad para el cambio de sistema

Si tú también estás harta o harto de escuchar o leer las palabras Donald Trump, migrantes y aranceles, te entiendo, pero desde el 5 de noviembre pasado que el multimillonario ganó la presidencia de Estados Unidos, sabíamos que esto no sería sencillo.

La segunda llegada al poder de un Trump recargado ha sido más que molesta porque, como lo dijo el propio expresidente de Estados Unidos, Joe Biden, en su último mensaje a la nación como mandatario, el nuevo gobierno del republicano implica el establecimiento de una oligarquía ultrarrica y dominante de la tecnología que amenaza a grandes sectores de la sociedad.

Sin embargo, toda crisis es una oportunidad de crecimiento y, si las mayorías aprovechamos los cismas en las minorías, se podrían capitalizar de forma interesante movimientos de resistencia a los embates e ideologías del conservadurismo.

Entonces, ¿cuál es la característica principal de esta oligarquía dominante en EU que dicta desde la Casa Blanca? Retomando de nuevo a Biden, que son ultrarricos, empresarios a quienes el incremento de los precios, de los impuestos y demás les beneficia en sobremanera. Porque claro, una pequeña o mediana empresa resentirá fuertemente un arancel, pero, los monopólicos amigos de Donald Trump, por supuesto que se ríen ante los gravámenes a las exportaciones y las importaciones.

¿Quiénes sufren ante el aumento de precios? Claro, los consumidores que verán las mercancías cada vez más inaccesibles. Pero he ahí el asunto clave, ¿de verdad no se puede luchar contra la hiperglobalización de la economía? Hasta el momento, el gobierno de México logró congelar el aumento del 25 por ciento de aranceles que había impuesto Donald Trump, en un movimiento histórico de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, la primera acción que debería tener el consumidor mexicano ante el aumento de precios de las importaciones desde Estados Unidos, o sería pedir créditos o trabajar el doble para tener el poder adquisitivo necesario para mantener el acceso a determinados productos, sino, simplemente, dejar de consumirlos.

Pensemos en qué productos son básicos: alimentos, medicinas, ropa, calzado, combustibles, ¿no en México todo eso se puede producir? En el caso específico de los medicamentos, por fortuna ya se firmó una actualización comercial con la Unión Europea, de donde también podrían ingresar insumos necesarios para el bienestar de la sociedad.


México, siendo un país megadiverso, debería recobrar el espíritu de las épocas cuando, por las guerras mundiales, sobresaltó el milagro económico de una industria nacionalista poderosa, con empresas que manufacturaban productos de calidad; pero ese no es sólo un tema de los emprendedores, también es del mercado que debería ponderar el consumo local.


Claro que Estados Unidos es un mercado importante y, si se logran buenas interacciones comerciales con él, más aún teniéndolo en la frontera, podría ser beneficioso para el sistema capitalista internacional; no obstante, también es un excelente momento para la reflexión en cuanto a nuestras dinámicas de consumo.

Si bien resulta interesante que, debido a las presiones económicas, podríamos ver avances en la seguridad por las acciones que el gobierno de México tomará para aplacar a Donald Trump, un tema no debería estar vinculado con el otro, y esta suena como una excelente oportunidad para ir restándole poder a uno de los países más influyentes de las últimas décadas. Es como con el crimen organizado: si quieres debilitarlo, ciérrale la llave del dinero. Lo mismo, como consumidores, dejar de enriquecer a las empresas estadunidenses sería un golpe directo a una zona medular de su poder.

El momento es aún más adecuado porque pensemos en los aliados indiscutibles de Donald Trump: Corea del Sur, que está en crisis interna desde el 3 de diciembre que su presidente enloqueció y tiró su propio gobierno; Argentina, cuya geoestrategia no es clave ni en cuestión económica ni militar; Hungría, que no afecta más allá de su región; Ucrania, que está en su guerra; El Salvador, un país muy pequeño que tampoco genera dinámicas clave a nivel internacional. Si bien todas las sociedades son valiosas, en materia geopolítica el pragmatismo es determinante y EU, en este momento, viéndolo de forma fría, tiene más posibilidades de perder, si el resto del mundo toma consciencia.

Textos y Contextos.

Publicado por Miguel Alejandro Rivera

Licenciado en Comunicación y Periodismo y pasante en Relaciones Internacionales por la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México; maestrante en Periodismo Político por la EPCSG; autor de las novelas “Peor es nada” (Fridaura 2014), “Ella no sabía nada de Bakunin” (Fridaura 2016), “El amor no es suficiente” (Endira 2018), “Dios te salve” (Fridaura 2021), y el libro de cuentos, “Narraciones del México profundo, cuentos cortos de historias largas” (Fridaura 2019); asimismo, redactó la Constitución de la Ciudad de México para Niños, editada por la Asamblea Legislativa de la CDMX. Ha publicado en medios digitales como Homozapping, Sin Línea Mx, Rebelión.org, y fue jefe de información de A Barlovento Informa. Sus talleres de periodismo literario y creación narrativa, así como sus libros y ponencias se han presentado en distintas instituciones como la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma de Guerrero, la Universidad Panamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma de Coahuila, entre otras, y en eventos como la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la CDMX 2016 y 2019, la 3era y 4ta Feria del Libro de San Juan del Río, y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2018, así como en la Brigada para Leer en Libertad en diversas ciudades del país. Actualmente es columnista del diario El Día, con el espacio editorial Textos y Contexto; además es profesor de la FES Aragón y de la Universidad Iberoamericana.

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