Papa Francisco: una muerte que se diluye ante la amenaza conservadora

Murió el papa Francisco. Una sola frase, un solo acontecimiento, una sola idea conlleva a miles de repercusiones y consecuencias, pues, aunque el siglo XXI es una época en la que el catolicismo o el cristianismo no vive su mejor momento en cuanto a porcentajes de seguidores en el mundo, siguen siendo religiones determinantes en lo que a la fe se refiere.

Francisco fue importante por su política transformadora. Conforme uno va creciendo, entiende que el Papa no es sólo una figura de liderazgo religioso, sino un faro de las relaciones internacionales, así como de las posturas ideológicas en las sociedades del planeta.

Por ejemplo, Jorge Mario Bergoglio, nombre civil del pontífice argentino que falleció a los 88 años, intercedió constantemente entre Cuba y Estados Unidos, Estados en constante conflicto que, gracias a la intervención del Vaticano, reestablecieron relaciones en 2014, un logro para nada menor, dado la historia y el contexto entre ambas partes.

Asimismo, Francisco fue clave para los acuerdos entre Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anunciado el 23 de septiembre de 2015, otro de los conflictos en América Latina que más problemas han generado en la vida interna de un país.

Dicho sea de paso, el interés de Francisco por este tipo de problemáticas radica, muy probablemente, en que fue el primer Papa latinoamericano en la historia de la Iglesia, por lo que también criticó la crisis en Nicaragua, por la política represiva del actual presidente, Daniel Ortega, y pugnó por cambios en ma estructura política de Venezuela.

Menos significativas, pero importantes, fueron sus intervenciones en los conflictos como el de Sudán del Sur, por ejemplo, pero sorprendió a muchos su insistencia de paz entre Rusia y Ucrania, así como las constantes críticas que realizó al Estado de Israel, por su asedio a Palestina. “Es con dolor que pienso en Gaza, en tanta crueldad, en los niños ametrallados, en los bombardeos de escuelas y hospitales. ¡Cuánta crueldad!”, dijo el año pasado.

Pero su labor primordial, aún más importante como un termómetro de las dinámicas sociales, fueron las reformas que implementó dentro de la Iglesia católica: fue un Papa que abrió diálogo y tolerancia a la diversidad sexual; tocó el tema del cambio climático, defendió la migración en el mundo y, algo que marcará un antes y un después en dicha institución religiosa, fue el que abrió un camino más preponderante para las mujeres dentro de su estructura.

El Papa Francisco nombró en pasado enero a la monja italiana Simona Brambilla como la primera mujer en dirigir el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, que es responsable de todas las órdenes religiosas del catolicismo.

Sus funerales serán austeros, porque así lo pidió, gran mensaje en tiempos de Donald Trump, Elon Musk y demás personajes que marcan agenda desde el poder económico. “A mí me duele ver a un sacerdote o a una monja con un auto último modelo”, dijo en 2013.

En fin, del perdón que pidió a nombre del cristianismo contra los pueblos indígenas, de sus críticas a los muros del mundo, como el que le encanta impulsar al actual presidente de Estados Unidos, del papa Francisco podemos decir innumerables frases, decisiones y contextos, pero, ahora, la pregunta que prima es quién habrá de sucederlo.

Es interesante, porque la muerte de un Papa es supertrascendente, pero en paralelo pierde importancia ante la incógnita de su sucesión. Aunque personajes como el secretario de Estado de Francisco, Petro Parolin, son favoritos para ser electos en el cónclave, hay otros perfiles más reaccionarios. Raymond Leo Burke, de EU; Peter Erdö, de Esztergom-Budapest, y el alemán Gerhard Ludwig Müller son perfiles ultraconservadores que criticaron la apertura política de Francisco y quienes, de ser electo alguno de ellos, podrían derrumbar su legado.

¿Imaginas a un Papa trumpista? ¡Válgame Dios! En tiempos en los que la ultraderecha crece en el mundo, veremos si su influencia es tan poderosa que puede posicionar al líder de la religión con más adeptos en el mundo.

Como corolario, no está demás decir que personajes como Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México, también tiene algunas posibilidades de llegar a ser obispo de Roma. La pregunta es, más allá del romanticismo que rodea la situación, ¿de verdad quisiéramos que un connacional tenga tanto poder, un personaje de un país donde la corrupción y el narcotráfico tienen una danza con las instituciones de poder desde hace décadas? Que cada quien responda la pregunta y, respetuosamente, que el papa Francisco descanse en paz.

Publicado por Miguel Alejandro Rivera

Licenciado en Comunicación y Periodismo y pasante en Relaciones Internacionales por la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México; maestrante en Periodismo Político por la EPCSG; autor de las novelas “Peor es nada” (Fridaura 2014), “Ella no sabía nada de Bakunin” (Fridaura 2016), “El amor no es suficiente” (Endira 2018), “Dios te salve” (Fridaura 2021), y el libro de cuentos, “Narraciones del México profundo, cuentos cortos de historias largas” (Fridaura 2019); asimismo, redactó la Constitución de la Ciudad de México para Niños, editada por la Asamblea Legislativa de la CDMX. Ha publicado en medios digitales como Homozapping, Sin Línea Mx, Rebelión.org, y fue jefe de información de A Barlovento Informa. Sus talleres de periodismo literario y creación narrativa, así como sus libros y ponencias se han presentado en distintas instituciones como la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma de Guerrero, la Universidad Panamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma de Coahuila, entre otras, y en eventos como la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la CDMX 2016 y 2019, la 3era y 4ta Feria del Libro de San Juan del Río, y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2018, así como en la Brigada para Leer en Libertad en diversas ciudades del país. Actualmente es columnista del diario El Día, con el espacio editorial Textos y Contexto; además es profesor de la FES Aragón y de la Universidad Iberoamericana.

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