
La conciencia nunca está sola, siempre le acompañan multitudes diversas porque ¿quién está libre de creencias, de “cadáveres en el armario”, de lugares comunes o “fantasmas”? Pero escribir es convertirse en el señor de esas multitudes, conquistar una sabiduría que te permite reflejar con palabras aquello que tu propia conciencia quiere expresar… Una lucha que vale la pena emprender.
Cuando Ganesh custodiaba el baño de su madre y le impidió el paso a Siva (como ya te conté en Saludo al Señor Ganesh), no sólo le cerró el paso a quien personifica la conciencia y la dualidad destrucción-creación, además tuvo el atrevimiento a golpearlo para dejar bien clarito que cumpliría con su deber. Por supuesto, Siva no permaneció inmutable, pues ¿la conciencia de quién se quedaría tranquila cuando se le niega el libre tránsito hacia su consorte? Sino que, antes de mancharse las manos de sangre él mismo, ordenó a su comparsa, los Ganá removerlo de enfrente suyo. Ganesh hizo gala de su extraordinaria fuerza y no sólo puso a comer tierra a esta multitud divina sino que venció a todos los dioses quienes se presentaron. Finalmente Siva se impuso, como ya te conté en el enlace de más arriba, pero luego de arribar a buen fin el episodio y Ganesh obtuviera su rostro actual, éste recibió de su padre el honor de ser nombrado el Señor de las multitudes, Ganapati [donde “gana” (गण) significa “multitud” o “grupo” y “pati” (पति) , “señor o “gobernante”], uno de los tantos nombre de Ganesh.
Los Ganá son una multitud de seres de naturaleza cósmica algunos; paranormal, otros. No se les considera dioses pero tampoco demonios, una posición única es la suya. Muchos de ellos tienen una existencia registrada en uno de los textos más antiguos de la humanidad, el Rig Veda [por cierto, la traducción de Juan Miguel de Mora publicada por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM en 1974, y reimpreso en 1980, es, hasta donde sé, la única versión en español]. La composición del conjunto de los Ganá es heterogénea: incluye a un ex dios del viento y a la personificación de los rituales y oraciones del Rig Veda. Contiene asociaciones como los pramatha ganás, seres asociados con rituales, actividades cósmicas y el baile divino; otros son los bhoota y preta ganás, donde se incluyen espíritus de los muertos, quienes disuelven los lazos y el apego material; una de sus tropas está compuesta por los desplazados dioses védicos comandados por Indra, la divinidad védica de mayor jerarquía y poder, controlador del rayo. Un grupo interesante es el de los rudras, dioses menores de tormentas, vientos, relámpagos y truenos: son seres indomables y apasionados, comandados por Rudra, una divinidad de la tormenta, feroz que luego se suavizaría y asimilaría a Siva. Pero también hay seres de las sombras y están las serpientes divinas. Los Ganá son los asistentes, compañeros y protectores de Siva, viven con él en el monte Kailash y, por estas actividades, también se les llama bhutagana [donde “bhuta” se puede traducir como “ser creado” o “ser existente”], y a menudo se les califica de feroces y se suelen representar como fantasmas o monstruos… Esta compañía guerrea pero también cabriolea junto con la consciencia (Siva) en la danza cósmica o Nataraja, que representa el ciclo de creación y destrucción del cosmos y que encierra los secretos de la vida y la muerte.
El mito es una forma de la consciencia con la cual explica el ser humano fenómenos, asuntos, sobre los cuales no tiene conocimientos exactos. Así, el mito puede tomar la forma de una figura o personaje cuyos atributos, habilidades, características y/o responsabilidades ofrecen una causa de algo, como cuando se explica que “el mexicano es moreno porque la Virgen de Guadalupe es morena”, por poner un ejemplo. Otro rostro del mito es el relato y su lógica diegética, ofrece un explicación de algo, claro, mediada por la narración; un ejemplo clásico es la explicación de que cuando el cielo se nubla durante un Viernes Santo es debido a que “a esa hora crucificaron a Jesús”. De ninguna manera se pueden tomar las explicaciones del mito como se toman las explicaciones provenientes de la ciencia; pero así como los poemas ofrecen una verdad sugerida, connotada, los mitos y sus historias ofrecen una verdad de índole transitoria y sólo funciona como tal en el individuo que la acepta y entiende como tal. En otras palabras: es verdad para aquel cuya conciencia se siente apelada por lo sugerido por el mito.
Ganesh es el patrono de los escritores pero no es un autor propiamente dicho, porque él no “inventa” lo que escribe, su inspiración, si la tiene, consiste en seguir el dictado de otro ser, como Vyasa en el caso del Mahabarata y los Vedas. Ganesh escribe con su colmillo no lo que Vyasa, quien puede ser considerado una forma de Krishna o Visnú o Siva o cualesquiera de los grandes dioses de India. Ganesh también tiene como atributos la sabiduría y la fuerza, esta queda claramente demostrada al vencer a los Ganá y sólo caer derrotado por Siva. Entonces tenemos que un muchacho formado de arcilla, como el golem judío y el mismo Adán, tiene una fuerza que se le opone y vence a una multitud de seres cuya obligación es proteger a la conciencia personificada. No olvidemos que estos seres son terribles, poderosos, algunos oscuros y producto de la vida y muerte de otros seres humanos… En buena medida, pienso que esos Ganá tienen una contraparte en la conciencia mía y de todo aquel con la intención de escribir, o ya lo hace [¿Será la presión o miedo a la página en blanco es un ganá?] se enfrenta a multitudes de seres no físicos pero muy reales que intentan amedrentarlo, como la idea que el individuo tiene de lo que es ser escritor, o del texto que escribe o de lo que debe ser la literatura, de qué es la poesía, los lugares comunes, el temor a parecer ingenuo o repetitivo o simple o cometer faltas de ortografía o caer en vicios sintácticos o contar historias “ya muy sobadas” o estar “refriteando” otras historias o parecerse mucho a tal o cual autor o… Y la lista puede seguir y seguir, incluso la podríamos agrupar en corporaciones o tropas, que muchos de los obstáculos que acompañan a la consciencia de quien escribe parecen invencibles.
Escribir tiene poderes fabulosos aunque reales, sí, pero hace falta entablar un lucha feroz y vencer a todos los Ganá para caer decapitado el ser de barro y obtener una nueva cabeza, una de elefante y que el escribir se gane el nombre de Ganapati o Ganesha, que significan cosas parecidas y que la sabiduría le dé cauce a la conciencia con deseo de expresarse mediante la palabra escrita. Sólo mediante esta lucha se puede conquistar la honestidad de lo escrito y eso, quizá, sea el único elixir trascendente que puede exprimirse de la conciencia de quien quiere escribir o mejor, de quien sabe, en su corazón, que debe escribir algo, aunque aún no sepa qué, lo descubrirá mientras escribe o cuando ya haya finalizado el texto.
¿Qué porqué Ganapati tiene cabeza de elefante y no de cualquier otro ser vivo, me preguntas? Bueno, eso lo exploraremos en otra ocasión, cuando el colmillo de Ganesh vuelva a escribir sobre tus ojos.

Un comentario en “Escribir es gobernar la multitud de la conciencia”