Las raíces del Papa latinoamericano, pequeña revisión de su autobiografía

Leí la autobiografía del papa Francisco. A una semana de su muerte, era inevitable que gran parte de la agenda internacional fuese acaparada por un personaje tan trascendente para la Iglesia católica, por lo que no estaba de más conocer la historia del pontífice argentino.

Fue el primer líder del catolicismo emanado de Latinoamérica, un logro enorme para el concepto del Sur Global, del que tanto han hablado pensadores como Enrique Dussel y Boaventura de Sousa Santos. Si es que se pugna por una epistemología del sur, qué mejor que el líder de una institución eminentemente creadora de moral, ideas y pensamientos fuese alguien de este lado de la Tierra. “Tuvieron que buscarme hasta el fin del mundo”, bromeó varias veces el propio Francisco.

En sus memorias, el pontífice dedica un buen tramo a contarnos la historia de su familia: migrantes que llegaron a la Mérica, como le decían los italianos a nuestro continente en esos tiempos, escapando de las guerras que padecía Europa.

Resulta interesante conocer la ascendencia del Papa por un par de razones: la primera, la anécdota de que sus abuelos y su padre estuvieron a punto de embarcarse en el Principessa Mafalda, un buque conocido como el Titanic italiano, que zarpó en octubre de 1927 y se hundió antes de tocar las costas argentinas; tenían hasta los boletos, pero no llegaron a la cita.

Editorialmente, me parece un atino enorme que el libro inicie con esa historia, sugiriendo que la vida de Jorge Mario Bergoglio fue, desde antes de su nacimiento, un milagro. Es una promesa literaria muy bella el saber que los antepasados del Papa pudieron morir en aquel naufragio, cambiando, sin dudas, el devenir del mundo moderno. Uno se pone a pensar en esta teoría de la lotería de la vida, donde tantas cosas tienen que mezclarse para que esté uno en el aquí y el ahora.

La otra razón por la que es interesante que el Papa se tome varios capítulos para hablar de sus orígenes es una idea interesante que él mismo pregona en su autobiografía: sin raíces, cualquier árbol muere, cualquier planta se seca.

Más allá de que las trascendencias de su vida se han contado en películas como Los dos papas y en innumerables entrevistas, creo que viene bien entender por qué Francisco ejerció un papado tan sobrio y cercano a ciertos exiliados del sistema mundo, a diferencia de otros líderes políticos y religiosos.

Gracias a sus raíces, y a tenerlas presentes, posicionó desde la iglesia el tema de la migración y lo poco que las potencias hacen para evitar que cientos de miles de viajeros irregulares mueran en su intento por una mejor vida, acorde con el sistema mundo. Según la Organización de las Naciones Unidas, al menos 8 mil 938 personas murieron en las rutas migratorias del planeta sólo en 2024, todas ellas porque Occidente ha subdesarrollado sus territorios.

Lo mismo pasa con el tema de la pobreza, pues, según el propio Francisco, su familia tuvo enormes carencias económicas durante varias épocas, en su intento por acomodarse en Argentina. Sin embargo, me gustó leer algunas declaraciones de arrepentimiento, pues, como a cualquiera, de pronto perdía el piso.

Cuando Francisco fue rector en el Colegio Máximo de San Miguel, en Córdoba, lo buscaron una mujer y su hija, que habían sido muy cercanas a su familia cuando él era pequeño. “Pero ese día yo estaba muy atareado y, con una ligereza que durante mucho tiempo no me perdonaría, mandé decir que no estaba. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, lloré”, cuenta el Papa.

Y añade: “Rezaba para volver a verla, para que se me permitiera reparar esa injusticia, una injusticia que, ahora lo comprendía, había cometido con los pobres”.

Fue agradable hallar en sus letras al ser humano. Y no, no soy un católico muy practicante ni un admirador del papa Francisco, sin embargo, se agradece ese toque de humanidad que le dio a un cargo que parece tan lejano de la realidad para nosotros los mortales.

Si lees su autobiografía, no esperes de arranque capítulos trepidantes en los que combatió la pederastia, las charlas que tuvo con su antecesor, Benedicto XVI, o las crónicas de sus viajes como pontífice a los lugares más exóticos del mundo; al inicio, tendrás que pasar por capítulos sobre su niñez, sus gustos musicales, incluso un apartado dedicado únicamente al futbol. De pronto uno piensa: “Caray, esto parece la biografía de un cualquiera”, pero creo que es precisamente lo que quiso reflejar en el núcleo de su libro: “Amigo, el Papa es también un ser humano, míralo como tal”.   

Ahora que el pontífice ha fallecido, se han viralizado fotografías de su habitación austera en la Casa Santa Marta; he visto incluso que varios funcionarios públicos comparten la imagen en sus redes sociales, enalteciendo la sencillez del Papa… Ojalá algo le aprendieran.

Insisto, no es de admirar, porque al final era lo correcto, pero sí habría que reconocer las luchas que emprendió Francisco en una institución tan compleja como la Iglesia católica: a los cardenales conservadores les parece una locura que Bergoglio haya tocado temas como el cambio climático, el empoderamiento de la mujer en la estructura del catolicismo y, peor para ellos, la apertura a la diversidad sexual, con lo que sintieron trastocadas las bases de su doctrina.

A días de que comience el famoso cónclave, eso es lo que está en juego: un Papa conservador sería tirar a la basura el mucho o poco avance de Francisco; elegir a uno más liberal, significaría que la Iglesia católica sí quiere modernizarse, pésele a quien le pese. ¿Qué crees que suceda? ¿Tú crees que Francisco logró algo?

Textos y contextos.

Publicado por Miguel Alejandro Rivera

Licenciado en Comunicación y Periodismo y pasante en Relaciones Internacionales por la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México; maestrante en Periodismo Político por la EPCSG; autor de las novelas “Peor es nada” (Fridaura 2014), “Ella no sabía nada de Bakunin” (Fridaura 2016), “El amor no es suficiente” (Endira 2018), “Dios te salve” (Fridaura 2021), y el libro de cuentos, “Narraciones del México profundo, cuentos cortos de historias largas” (Fridaura 2019); asimismo, redactó la Constitución de la Ciudad de México para Niños, editada por la Asamblea Legislativa de la CDMX. Ha publicado en medios digitales como Homozapping, Sin Línea Mx, Rebelión.org, y fue jefe de información de A Barlovento Informa. Sus talleres de periodismo literario y creación narrativa, así como sus libros y ponencias se han presentado en distintas instituciones como la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma de Guerrero, la Universidad Panamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma de Coahuila, entre otras, y en eventos como la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la CDMX 2016 y 2019, la 3era y 4ta Feria del Libro de San Juan del Río, y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2018, así como en la Brigada para Leer en Libertad en diversas ciudades del país. Actualmente es columnista del diario El Día, con el espacio editorial Textos y Contexto; además es profesor de la FES Aragón y de la Universidad Iberoamericana.

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