
La sabiduría, la escritura, no debe estar sujeta a caprichos. Su ir y venir, para ser benéfico y fructífero debe mantener sujeto, con la cuerda de las palabras, el discurso, a ese ratón que es el ego y todas las pasiones y vicios que conlleva. Ganesh debe limitar la cosecha consumida por Mooshika para darle al espíritu individual independencia de movimiento…
En la cultura occidental, los ratones y las ratas casi siempre están relacionadas con la enfermedad, la desgracia o cosas peores. Una muestra es el personaje literario Jusef Sardu o “El Amo”, vampiro protagonista de La Trilogía de la Oscuridad de Guillermo del Toro y Chuck Hogan, quien tiene un dominio amplio sobre estos animales quienes, además, anuncian su presencia… Pero, pese a todo esto, lo negativo no es el único significado de estos roedores. Por ejemplo, mi hija menor los considera incluidos en su “top 5” de animales favoritos debido a su tamaño compacto, lo “pachoncito” de su pelaje, su carita tierna y bigotes grandes.
En muchas ocasiones a Ganesh se le representa en compañía de un ratón como su vehículo, su transporte, “su montura”, que en la cultura del subcontinente indio se conoce como “vahana”, castellanizado como vájana. En la iconografía de donde procede, la vájana es una constante para las distintas divinidades y, algunas monturas alcanzan un gran relevancia y cierta independencia del dios al cual sirven; es el caso de Nandi, el toro de Siva, quien además es un miembro destacado de Los Ganá. La vájana está estrechamente relacionada con la diosa o dios a quien sirve; a veces como las fuerzas malignas dominadas; otras, como símbolo de algún atributo divino de importancia tal que se presenta como entidad independiente.
Las crónicas sagradas de India, llamadas Puranas, cuentan la historia siguiente: cuando Ganesh era aún niño y asistía a la escuela, un ratón enorme, podríamos clasificarlo de “ratonceronte”, invadió el lugar causando el sobresalto esperado en cualquier instituto en donde apareciera una rata enorme. Aunque lo intentaron los conserjes y algunos docentes, nadie podía atraparle. Ganesh se enteró y buscó a este ratón y con su presencia le volvió dócil, le ató una cuerda al cuello y lo convirtió en su vájana. Entonces Mushak o Mooshika pudo hablar y le confesó al Señor de los Ganá, que no siempre había tenido esa forma; había sido un músico celestial, un gandharva quien, en una ocasión, corría sin fijarse y tropezó inconscientemente con el dios del cielo, Indra, quien se ofendió y lo maldijo transformándolo en ratón. Mooshika se disculpó y conmovió a Indra pero ya era tarde y lo único que pudo hacer Indra por el gandharva fue una promesa: “cuando conozcas a Ganesh, este te hará su vájana”. Así, una vez atado por Ganesh, el roedor se sofistica y recupera el habla, se preocupa por vestir algunas prendas y lo transporta sobre su espalda.
El ratón Mooshika también representa los deseos, las inclinaciones, los vicios y gustos, todo aquello que atrae al individuo y lo hace moverse. La sabiduría, la escritura que monta al roedor lo tiene sujeto del “cogote” con una cuerda y lo domina, impone su voluntad y propicia que dichos “atractores” lo lleven hacia donde Ganesh desea ir; a diferencia de cuando las pasiones nos llevan hacia aquello que las produce sin saciarlas. También Mushak simboliza el autocontrol, la capacidad de gobernar los deseos y los impulsos. En este punto resulta muy ilustrativo recordar el un mito de la cultura popular según el cual los elefantes temen a los ratones; y que Ganesha, el dios con cabeza de elefante, monte a Mooshika, el ghandarva con forma de ratón, se vuelve una imagen muy transparente de alguien quien ha dominado su temor.
Según se sabe, en los orígenes sociológicos y culturales, a Ganesh, se le consideraba un dios de la agricultura cuyo poder era controlar a los ratones que se cernían por la noche sobre la cosecha y cuando no la mermaban la devoraban por completo. Un poco como el ego quien, como el ratón, habita en la oscuridad de la inconsciencia y malogra los frutos del individuo. Pero al ser atado, ese ego se pone al servicio de la persona a quien pertenece. Jean Chevalier y Alain Gheerbrant en su célebre Diccionario de los símbolos, incluyen en su entrada sobre la rata esto mismo, que es la montura de Ganesh, y agregan: “Está asociada como tal a la noción de robo, de apropiación fraudulenta de las riquezas. Pero este ladrón es el Atma [el alma individual] en el interior del corazón. Bajo el velo de la ilusión, es el único en sacar beneficio de los goces aparentes del ser, e incluso saca provecho de la ascesis” (Chevalier y Gheerbrant, 1999).
En tanto Señor de los escritores y corporización de la sabiduría, Ganesh monta y domina el ego y sus pasiones de tal manera que él guía y usa el servicio provisto por Mooshika y no al revés: el ego y sus quereres sean quienes lo llevan de aquí para allá caprichosamente. Escribir sujeta al ego y sus pasiones mediante la cuerda de las palabras. Esta cuerda del discurso evidencía ego y cómo sus apetitos no se agotan una vez alimentados. La cuerda formada por las palabras le dan a la sabiduría y a ningún otro elemento de la mente, una distancia, un escaparate para colocar y observar estas pasiones y decidir cuál usar, cómo y cuándo. La sabiduría opta por alguna de ellas y la azuza para propiciar el movimiento sin permitir su desboque, sino confrontándola y refrenándola dependiendo de qué es lo más adecuado en cada ocasión. Así los objetivos del individuo no se agotan en el fuego fatuo de los vicios y los caprichos, sino que se transforman en una caldera potente, con la misión poner en marcha un tren cuya inmensidad está fuera de las posibilidades de la miope vista pasional. Otra forma de concebir este fenómeno es la siguiente: los deseos alimentan el calor de un horno dentro del cual se colocan diversos alimentos, estos pueden ser sólo bocadillos y botanas o platillos mucho más elaborados como una barbacoa o un zacahuil. Siempre según la voluntad de quien mantiene el horno encendido y bien alimentado. En una cocina vana, no es frecuentada por el espíritu, es poco probable encontrar nido de ratones. Un tren de pensamiento cuya caldera no ofrece calor ni movimiento a los vagones, no será más que un paso temporal para Mooshika, pues el exceso, las sobras de las cuales se alimentan los ratones y que son un producto secundario de la actividad individual, no se producen. Cuando hay muchos ratones, es decir, cuando hay un ego fuerte, es muy probable que el espíritu no esté aprovechando cuanto debería dedicarse a su beneficio y nutrición. La cosecha, el alimento, se vuelve basura y la maldición del ghandarva se mantiene porque Ganesh aún no lo conoce ni lo ha convertido en su vájana. La música celestial que Mooshika puede tocar sigue sellada por la maldición del cielo, personificado en Indra.

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