Por Damián Andreñuk
He aquí mis modestas alegrías
(el escudo celeste para mis infortunios)
Unas palabras con luz que alcanzan para abrir el rumbo.
Un verso que me toca las entrañas.
Un abrazo de Irma en mi memoria.
Una muchacha que rompe con su risa
el sufrimiento inútil.
Una gracia femenina que dulcifica el aire.
Un café como un ritual.
Un gato en su sencilla majestuosidad.
Una humilde plegaria que enaltece.
Un viejo bondadoso y tranquilo
que este mundo no pudo envilecer.
Un gesto de inocencia que me hace sollozar.
Una danza de estorninos en equilibrio puro.
Sé del perdón, de dar la otra mejilla
varias veces.
Sé de vengarme con el mismo veneno
(pero más hiriente)
Y conozco una mujer de una belleza sin declive.
Una mujer total que me extirpa las desgarraduras,
que compensa lo Otro.
Una mujer profunda
veraz como un caballo,
un huevo,
una tormenta.
