Por Laura Puentes
En mi familia hay un montón de anécdotas que siempre contamos cuando estamos reunidos, esas historias nos hacen reír hasta que nos duele la panza. Pero, hay una que está en nuestro top ten de favoritas.
Mi madre siempre ha sido una mujer de carácter fuerte, de mirada castigadora, que no se doblega tan fácilmente y que se enoja con rapidez. Es de esas mamás que no te demuestran el cariño con melosidades sino con juegos bruscos y groserías.
Recuerdo ese día con claridad, hacía calor y sí mi memoria no me falla eran vacaciones, estaba en el cuarto de mis padres, posiblemente viendo la tele, porque hasta la fecha ese lugar sigue siendo el punto perfecto para ver películas, series o cualquier cosa acostados en su cama.
Por alguna razón, mi hermana estaba en la cocina jugueteando con mi mamá, las risas y gritos estaban a la orden del día, de un momento a otro vi como mi hermana corrió huyendo de ella, quien no la seguía, pero si preparaba el lanzamiento del arma letal, un limón.
Mi hermana trató de refugiarse en nuestro cuarto, dando la espalda cerró la puerta lo más rápido que pudo, sin embargo, aquel misil logró entrar antes del cierre haciendo una curva perfecta como en un juego de béisbol de las grandes ligas.
Pero, la hazaña beisbolística de mi madre no acaba ahí, pues aquel limón que tenía la colocación y velocidad perfecta para entrar en zona de strike dio justo en el guante del cátcher, el cuello de mi hermana, a quien no le quedó más que sobarse y reírse para evitar más represalias por la travesura previa. Así llegó el primer out de un juego donde la pitcher estrella es mi mamá.
