Por Cristóbal Apanco
Eres fuente
Agua que ora por el buen destino
Veladora que no duerme y en su lumbre calienta un retrato Se abrió la puerta a mi existencia
Eres la puerta
La mano extendida para el amoroso recibimiento Luz en la mirada
Mirada de galaxia
Un millón de universos brillando en tus ojos Eres ternura con el amanecer puesto de mandil Y en la estufa hierve el agua
¿Para el café?
¿Para bañarse?
¿Para lavar el mundo?
No lo sé, pero el agua hierve o se acurruca en tus manos Y sueña con la lluvia
Y con los peces
Y con los manantiales Y con las fuentes
Porque el agua sueña cuando duerme en tus manos mientras lavas la ropa Te veo y miro un alfabeto que se cuenta historias a sí misma en silencio Un laberinto acariciando sus propios pasillos
La luna y la noche tranquila se vuelven tu reflejo Ahí estás en la madrugada platicando con ella Salpicando de recuerdos la vía láctea
Me has visto crecer con el mismo brillo con el que me viste por vez primera Me gusta tu risa
Una guadaña colorida que no se parece a la que carga la muerte
Y ver cómo contagias de carcajadas hasta las más severas heridas Suavizas
Suavizas la tarde Suavizas el día Suavizas la noche Suavizas la vida
Y el dolor lo suavizas
Y la ponzoña se vuelve almíbar Y todo se cura cuando lo tocas
Y la herida se vuelve una risa simple y tranquila Y te limpias la manos cuando me acaricias
Y la caricia se vuelve gasa
E insistes en enseñarme sin importar que el tiempo pase
Bendices mi camino a la manera en que entendes el milagro Y el milagro te venera en silencio
Eres mujer de fé
Entregada al que murió en la cruz Y me dices que Dios me ama
Y yo lo sé
Sé que se derrama en tus brazos cuando me cobijas
Dios cabe en la última palabra que me dices antes de que cierre la puerta A veces me he preguntado si Dios ¿tiene tus ojos?
Los ojos semiverdes llenos de amor inmenso
¿Cuánto amor cabe en la mirada de una madre?
No me lanza la existencia para seguir contando números Sólo sé que me enseñaste a amar el mundo
A darse al otro
A sentir el dolor del prójimo A gritar ante las injusticias
Sólo sé que si se pudre o enferma el mundo Me pedirías agua caliente y vendas
para comenzar a curarlo
