
Los aranceles es uno de los temas que más ha trascendido en la relación México-Estados Unidos desde que Donald Trump ganó la presidencia en 2016 y después en 2024. Su método de intimidación comercial ha sido hasta interesante, pero también da pauta a que conozcamos más sobre las importaciones, las exportaciones y el porqué México ha cometido errores tremendos en torno a sus tratados internacionales.
Primero habría que entender que, además de los aranceles, un impuesto que sirve para proteger el mercado interno de los países, también existen las barreras no arancelarias, es decir, características de los productos de importación con las que los gobiernos pueden impedir el ingreso a su territorio, si es que éstas no cumplen con alguna condición.
Por ejemplo, el etiquetado de los productos es una barrera no arancelaria. En México, todas las etiquetas deben leerse en español: es por eso que hay productos que tienen la etiqueta chueca y sobrepuesta; si se la retiras, hallarás otra en portugués, inglés o hasta árabe.
Lo mismo pasa con el embalaje: si el producto de importación llega en palets o cajas de madera, es muy probable que se quede un muy buen tiempo en la aduana, pues necesita una cuarentena para analizar si no implica un riesgo fitosanitario para el país receptor.
Así, hay varias condiciones, como las que ahora le está imponiendo Trump al ganado mexicano, por el famoso gusano barrenador. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos dijo, a través de un comunicado, que la medida se mantendrá “mensualmente hasta que se alcance” una contención significativa del problema de gusano barrenador.
Otro caso emblemático de barreras no arancelarias es el del atún mexicano. Según la Secretaría de Economía nacional, «El embargo atunero comenzó en 1990, cuando EU prohibió las importaciones de atún mexicano bajo el argumento de que los métodos de pesca utilizados en México no cumplían con los estándares de protección ambiental de la flota estadounidense. El embargo fue levantado después de 10 años en los que México trabajó con la industria pesquera para apegarse rigurosamente a las normas internacionales en la materia; sin embargo, la restricción a la entrada del producto permaneció ya que una nueva legislación en EU introdujo el etiquetado dolphin safe, la cual excluye a los productos mexicanos debido a que los métodos de captura utilizados por la flota mexicana no son reconocidos por dicha legislación».
Estados Unidos puede inventar cualquier pretexto para impedir que ciertos productos ingresen a su mercado, lo cual resulta una presión importante para los productores mexicanos. ¿Qué va a pasar con todo el ganado que ya estaba etiquetado para exportarse a Estados Unidos? Las pérdidas en cabezas y en flujo de capital serán enormes para los ganaderos de nuestro país.
Pero ahí está el grave error de 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Dentro de las negociaciones de aquel documento, una de las prioridades era la modernización del campo mexicano para fortalecer su competitividad, al permitirle acceder a mercados más amplios y eliminar barreras comerciales.
Pero los gobiernos que firmaron aquel tratado, Salinas de Gortari, luego la implementación de Ernesto Zedillo e incluso hasta Vicente Fox, nunca invirtieron con seriedad en el campo, el cuál se mantuvo en atraso en comparación a los de Estados Unidos y Canadá.
Es ridículo que, en un país productor como México, compremos fruta, verdura y carne de importación en el Walmart u otros supermercados, pero lo hacemos porque hay precios competitivos, debido a la ausencia de aranceles y de otras barreras no arancelarias que México no les impone a los productos de EU y Canadá.
El caso del gusano barrenador, nos recuerda lo vulnerable que es el productor mexicano en el mercado internacional, pese al ahora llamado T-MEC, pues, siempre que un país sienta, o exagere, un mínimo riesgo a su población y ambiente, puede imponer restricciones al comercio internacional.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional lo advirtió una y otra vez, desde que se echó a andar el TLCAN, aquel primero de enero de 1994, cuando también ellos se levantaron por primera vez, haciendo un llamado al gobierno mexicano para proteger el campo y la cultura, argumentando que el tratado abriría las puertas a la competencia extranjera y que esto afectaría la economía local y los medios de subsistencia de los pueblos indígenas… El tiempo, pienso, le ha dado la razón al zapatismo.
