Una chela y un gallo por el Guadaña

Por Marcos Pablo López

A mí el Guadaña me parecía un tipo fanfarrón y vulgar. Nunca me simpatizó. Pero eso no quiere decir que no reconozca el gran disco que dejó como legado para la historia del rock nacional.

El disco de Viajero es un discazo, un álbum conceptual y de época dijeran los eruditos. Desde la primera rola hasta la última. Un obra que narra con maestría la vida de los barrios de la periferia de la gran ciudad, los dolores, las carencias, los sueños rotos, las inconformidades y las injusticias que vivían no sólo los jóvenes si no también las familias marginadas de los años ochenta.

Es en esos años cuando conocí a la Banda Bostik, cuando en un Cuautepec que comenzaba a urbanizarse, se vivía el desmadre de los chavos banda y yo era un niño que lo padecía y tenía que echar a correr para salvar el pellejo de un botellazo, una bomba molotov o un balazo. La banda de la cuadra eran los Sánchez y mi tío el Chulo era uno de ellos.

Los enemigos eran otras bandas de otras cuadras y colonias como los Pachas, los Kiss, los de la C.P., los de la López y otras más con las que se agarraban a madrazos en las fiestas sonideras o nomás por pasar por sus barrios o donde se toparan. Por consecuencia los más morros éramos los Sanchitos y también íbamos a amedrentar a otros morros de otras calles y los otros nos venían a amedrentar y a mentárnola.

En estos andares callejeros es donde la Bostik sonaba chingón y cantábamos Dios salve a las bandas, Abran esas puertas o Dolor de madre a todo pulmón. Recuerdo que el Cuentos, un chalán de mi papá de pelos parados, pantalón entubado y zapatostenis Flexi que todo aquél que se decía rockero debía traer, fue el primero al que le escuché poner ese cassette en el taller mecánico de mi papá en una vieja grabadora. Después mi hermano mayor se lo robó y lo escuchábamos en casa hasta el cansancio, “Voy recorriendo todo un camino de experiencia de hambre y desolación… dentro de un tren me encuentro ponchando un cigarro, burlando voy la migración…”. Nosotros no sabíamos de qué se trataba, pero nuestros tíos y primos que regresaban del gabacho sí. Igual que el dos de octubre no se olvida lo aprendí primero por ellos y mucho después en la escuela.

Sin duda es un disco que forma parte del soundtrack de mi vida y de la de muchos de mis contemporáneos, ese fue el primer rock que nos llegó junto con el Haragán, el Three souls y el Blues Boys, el que nos tocó antes que Caifanes o Café Tacuva y todas esas bandas que ni rock nos parecía con su Negra Tomasa y su Ingrata. Este disco de Viajero ha sido infravalorado, alguna vez en una entrevista de radio me preguntaron por mi top cinco de discos de rock nacional y sin dudarlo puse este disco dentro de los primeros tres.

Hoy al vecino de la colonia las Palomas y Casas viejas, lo ha partido la guadaña. Ese mismo que una vez viniera a tocar cuando iniciaban, a la azotea del Gil, otro rockero del barrio que siempre soñó tener una banda y andaba con su gabardina y su guitarra doblando las esquinas. Esa tocada memorial que toda la banda rockera de antaño de la colonia Zona Escolar recuerda y terminó cuando tocaron Avientense todos y se armó el desmadre y los putazos, y llegó la tira también a repartir parejo.

Aunque me caía mal, hoy beberé una chela y poncharé un cigarro en su memoria por aquellos años de infancia en un barrio que olía a mota y chemo principalmente.
Descanse en Rock.

Publicado por Paradigma

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