Por Miguel Alejandro Rivera
Cuando lo vi llegar aquella tarde, pensé que era un superhéroe, como los que aparecen en las películas o en las páginas de los cómics que uno compra de niño. Aunque yo en ese entonces rondaba los veinte años, su presencia me pareció tan imponente: cuántas veces no lo vi en televisión, volando de un lado para otro, frustrando el grito de gol de millones de aficionados de tal o cual equipo.
Se llama Rolando Hernán Cristante Mandarino y es el mejor arquero que el Deportivo Toluca ha tenido en sus filas. Aunque se retiró del futbol profesional en 2012, aún ostenta el récord de la Primera División del futbol mexicano de más tiempo sin recibir gol, con 772 minutos en los cuales mantuvo su meta en cero.
Cristante, como le conocemos los apasionados del futbol, fue parte de un Toluca que marcó época en el balompié mexicano: José Saturnino Cardozo, Vicente Sánchez, António Naelson Sinha, Maximiliano Cuberas, Israel López y demás futbolistas le regalaron tantas tardes de alegría a los hinchas de los diablos rojos, personas que, como yo, aprendimos el gusto por ese club gracias a las palizas que le ponían a cualquier equipo que se les pusiera enfrente.
Por eso, hace casi dos décadas, cuando la profesora de Entrevista de la carrera de Comunicación y Periodismo nos dejó como tarea una entrevista de semblanza a un personaje famoso, no dudé en tirarle una pedrada a la Luna para ver si podía tener una charla con mi jugador favorito de siempre, aquel poderoso sujeto bajo los tres palos…
¿Cómo fue tu infancia, Hernán?
“Un niño alegre, libre, diferente a como crecen hoy los chicos, antes andabas todo el día en bicicleta en la calle, jugando a la pelota con tus amigos, tus papás no se preocupaban tanto, no es que no te prestaran atención, sino que las variables para jugar con gente eran mucho menores a lo que lo son hoy, y normalmente vos conocías a toda la gente del barrio, no había de que preocuparse”.
¿Y qué te gustaba, además del futbol?, ¿si no hubieras elegido la pelota, en qué se habría convertido ese pequeño Hernán?
“Mmmm, no se (exclama, mientras mira hacia la ventana que da a los campos de su escuela de futbol y, pensativo pero inquieto, juega con las bolsas de su sudadera), soy de los tipos que creen que el hubiera no existe, es muy relativo, si me gustaban otros deportes, incluso estuve cerca de jugar profesionalmente voleibol, pero me gustó mucho más el fútbol”. En aquel 2009, comentó que estudiaba Administración de Empresas, pues resulta ser un hombre ambicioso; sin embargo, tras darle vueltas a los pensamientos, no tiene idea de qué sería su vida sin los guantes de portero.
En 1984, a sus catorce años, Hernán ya jugaba para las inferiores de Gimnasia y Esgrima, un equipo de su natal Argentina. Recuerda con cariño esa época en la que el deporte no lo era todo, también le gustaba “la música, el pasear, el conocer lugares. Había algo particular, cuando mi papá decía nos vamos de vacaciones, nos íbamos un fin de semana; nos despertábamos a las cuatro de la mañana, desayunábamos algo y nos íbamos. A mi papá le gustaba mucho viajar en coche y agarrarlo de madrugada y yo me iba todo el viaje despierto, lo disfrutaba mucho”.
Sin embargo, ante su evidente talento, en 1993 llega a Toluca, gracias a Norberto Basiolo. “Norberto fue el que les dijo acá en Toluca, miren que en Gimnasia hay un arquerito joven, fueron, me vieron y guste”.
¿Cómo fueron los inicios en el Club Deportivo Toluca?
“No fue todo celeste con Toluca, ese año (1993), me lesioné el pómulo, me operaron, me pusieron placas, tornillos, me hicieron un poquito biónica la cara y, terminando ese año, comencé a jugar, pero me vuelvo a lesionar y Roberto Silva, entonces técnico del equipo, no me quería… como no me ponía a jugar, me fui. Volví al otro año y después de una temporada donde yo no había atajado mal, me ponen en una lista de transferibles”.
Así, el ahora ídolo histórico de los Diablos Rojos, vivió un peregrinar en el que pasó por el Atlético Platense, Newlls Old Boys y Huracán, todos en Argentina; “incluso, me quisieron comprar equipos como River Plate e Independiente, pero Toluca nunca me quiso vender”. Además, Hernán tuvo otras ofertas desde Europa, una del Mallorca de España y otra del Bressia, de Italia.
¿Te hubiera gustado irte a jugar Europa?
“Mira, sí hubo ofrecimientos, incluso del mismo medio en México, Necaxa, América también dio un puntazo, pero Toluca me cerró el grifo en ese aspecto. Y con respecto a Europa, en algún momento sí lo hubiera intentado, aunque no estoy arrepentido de no haber ido, eso es una realidad, las cosas se dan por algo en la vida y vos tenés elecciones también, yo en su momento pude haber negociado por mi cuenta, pero siempre fui un agradecido con Toluca, con la gente que me ha apoyado y las cosas se dieron así creo por mis gratitudes”…
Cuando la profesora nos encargó aquella entrevista, todavía no eran tiempos de redes sociales; si hoy quieres contactar a algún famoso, ya sea actor, deportista o influencer, basta con mandarle un mensaje y encomendarse a Dios para que lo vea y, si quiere, responda. Pero antes no, las figuras que trascendían de entre las masas eran casi que inaccesibles, entonces no sabía cómo habría de lograr aquella entrevista: yo era apenas un escuincle, no llegaba ni a los veinte y la aventura del periodismo apenas comenzaba.
Busqué en internet y encontré que Hernán Cristante tenía una escuela de futbol; en ella, vi que tenía una sección para dejar mensajes y, consciente de que alguien más administraba ese sitio, esperé que esa persona se apiadara de mí y le comunicara a mi ídolo de la infancia que un aprendiz de reportero andaba buscándolo para cumplir con su tarea y no reprobar el semestre.
Aunque para muchos era José Cardozo quien acaparaba los reflectores del Toluca en la época dorada de inicios del siglo XXI, pues metía goles por montones, para mí Cristante era la mayor figura del club, pues por muchos años jugué de portero en las inferiores del Atlante y sabía lo ingrata que es esa posición: puedes hacer mil atajadas, pero, si cometes un error, serás odiado por todo aquel que confió en ti cuando te pusiste a defender la portería. Ser arquero enseña muchísimo sobre la vida, por eso yo quería platicar con uno, con el que, para mí, sigue siendo el mejor…
¿Qué se siente ser Hernán Cristante?
“No, yo sigo siendo un tipo simple, no me creo el papel del jugador famoso; sí hay una realidad, hay mucha gente que transfiere lo que hubiera querido ser a alguien que está ahí, entonces se identifica y, como los jugadores de fútbol somos parte del medio, ya no sos sólo Hernán, ya sos algo más. Eso lo tenés que tomar con calma y hay dos formas de afrontarlo: una es creer que sos más importante de lo que sos y perder el piso, y otra seguir siendo el mismo y asumir lo que sucede, entender que la gente te pone allá arriba por un sentimiento, por una proyección”.

¿Qué momentos fueron más entrañables con Toluca?
“Todos. Sí, están los momentos donde vos ganás y te pasan cosas extraordinarias, como el último campeonato (2008, contra Cruz Azul), donde te conviertes para la gente un poquito en héroe, no es que sos héroe, te toca recomponer la situación a favor… No sé, son muchas la sensaciones, pero desde llegar temprano, preparar un cafecito en el vestidor, poner música, charlar con mis compañeros o estar sentado en algún lado y que alguien te salude y por poco te reverencie por la historia que tenés en Toluca, eso es más que grato. No es que disfrutas que te endiosen, pero es lindo que te reconozcan tu esfuerzo; eso es lo que más me reconocen, la entrega que siempre he tenido para con el equipo”.
Un hombre amable y maduro, Hernán Cristante es un tipo sencillo y a cada una de sus respuestas la acompaña esa humildad, si dice algo que suena un poco, y aclaro, sólo un poco arrogante, de inmediato recompone.
¿Cómo hace Hernán Cristante para ser ese hombre humilde?
“Teniendo los pies en la Tierra, siendo crítico conmigo, no hay nadie que se pueda acercar a lo crítico que soy yo en lo que hago, no solamente en el fútbol; también siendo agradecido, me parece que no hay que hacer un gran esfuerzo para reconocer a la gente que te apoyó, creo que nadie se hace grande por sí solo, ni un tenista ni un escalador, siempre hay gente detrás de ellos que los apoyó en todo momento, y sí, después uno actúa por sí mismo, pero no se debe olvidar de a la gente que en algún tiempo compartió un momento de su vida y algo te dejo, me parece lo más simple del mundo, hacer que tus premios o reconocimientos sean de todos”.
Esa personalidad, sin duda, se construye de idas y venidas, subidas y bajadas, triunfos y derrotas. Torneo Apertura 2006, final contra Chivas, Toluca tiene ventaja por un gol de Bruno Marioni, pero, en el minuto 69, Adolfo Bautista cruza a Cristante con un balón que se incrusta en la red…
¿Qué sentiste al ver que el campeonato se estaba yendo?
“Sentí mucha impotencia, porque fue una jugada donde nos equivocamos y teníamos la sensación de que iba a costar dar la vuelta, porque el equipo estaba mermado, veníamos de jugar dos torneos, jugamos una final el torneo pasado, y había jugadores muy golpeados, que estaban haciendo un gran esfuerzo por estar en esa final, te sentís frustrado, abatido, pero también enseña, no era la primer final que perdía y sabíamos que las finales se ganan o se pierden, así que hay que asimilar, lo que no mata fortalece”.
Dos años después, final del Torneo Apetura 2008, Toluca se va a penales contra Cruz Azul. Todo o nada, la serie se resuelve en el duelo entre Cristante y Alejandro Vela… el arquero se lanza hacia su lado izquierdo y, con la punta de los dedos, ataja el balón; se levanta, corre eufórico y abraza a sus hijas…
¿Cómo fue ese momento?
“Bueno, el tema de elegir bien la jugada, es ir viendo cómo se van dando las cosas, los otros penales, y yo llego al que podía ser él último penal y se acerca Vela, un jovencito, alguien que por ahí no tenía mucha experiencia y que de pronto tiene en sus pies la posibilidad de resolver una final; para alguien de más experiencia, seguir no era tan complejo. Llegó al manchón del penal y todavía le pega para acomodar la pelota, eso me hizo pensar que estaba algo nervioso; además, es muy factible que un zurdo te patee cruzado a la izquierda. En realidad, más que pensamientos, son actos reflejos, porque todo pasa muy rápido”.
Tengo la foto de esa atajada colgada en una pared de mi casa; cuando fui a hacerle esta entrevista, hace tantos años, tuve el atino de imprimirla a color y llevarla para que me la firmara.
Es una estampa preciosa: en ella, apenas se ve a un hombre haciendo contorsiones para rechazar el balón con su mano izquierda; se ve el poste, la red, el pasto, un pedazo de la valla publicitaria y ya, es todo; sin embargo, lo que hay detrás de ese simple encuadre es sublime: un hombre cumpliendo su sueño, el de sus compañeros, el de los aficionados; un hombre destrozando las fantasías de los rivales, de los hinchas contrarios, risas, gritos y llantos, exclamaciones de todo tipo quedaron congeladas en esa fotografía que ahí tengo en mi pared y que, no miento, es uno de mis mayores tesoros, porque, con un plumón negro, Hernán Cristante le puso su firma y me la dedicó con la leyenda: “Miguelón, persigue tus sueños”… Cada que llego a dudar, esas palabras me ayudan tanto…

Para Hernán Cristante no solo la camiseta del Toluca ha sido importante en su carrera, también la playera de la Selección Argentina le dejo una huella importante en su corazón y en su aprendizaje como futbolista, Vivió algunos procesos con la sub. 19, en 1989 y 1992, además de la Copa América con la selección mayor en 1995.
¿Qué te dejó la camiseta albiceleste?
“Lo viví con mucha intensidad, me parece que jugar en la selección de tu país es lo mejor que te puede pasar, no hay un modelo comparativo, ni si quiera jugar en el mejor club del mundo te da ese plus. No sé, te llenas de emoción, de un patriotismo que viene desde la gente, ya no hay una bandera que te diferencie de los demás, todos somos iguales, es una sensación muy particular.
“A mí me fascinó, estar en la selección fue lo máximo que me ha pasado a nivel profesional. Fue una época corta, tal vez porque yo no fui político, no fui condescendiente con muchas cosas que no me parecieron, y eso me costó más de lo que yo hubiera querido, pero arrepentido nada, porque mi paso por la selección fue muy bueno, entonces en mí ya no quedó; que me hubiera encantado jugar un Mundial, seguro, que hubiera querido estar más tiempo con la selección, ni hablar, pero a veces las cosas duran poco e igual hay que disfrutarlas”.
Y entonces, ¿cuál ha sido tu logro más grande?
“Mis hijas (dice riéndose y vuelve a lo futbolístico). Todos, todos saben de manera distinta y son especiales, no hay uno que lo sienta más míos, ni si quiera el de los penales, sigue siendo una jugada como muchas. Yo recuerdo muy bien el campeonato que le ganamos a Santos (año 2000), que arrasamos; a Chivas le hicimos los dos partidos seis goles, a Puebla le hicimos nueve y en la final a Santos le hicimos siete, fue una liguilla espectacular, nadie se acuerda que hicimos setenta y ocho goles en todos los partidos de la temporada; además, personalmente creo que hice una liguilla espectacular y la disfrute muchísimo.”
Los aficionados podrían dar hasta la vida por su equipo y por cada uno de sus miembros, pero, ¿qué siente Hernán Cristante por la afición?
“Cariño, mucho cariño, mucha empatía de la buena, no por compromiso. Me enojo a veces cuando la gente critica o abuchea a algún compañero, pero también los entiendo, ellos están para exigirnos, para querer más y bueno, de afuera las cosas se ven más fáciles de lo que son adentro, pero lo que siento es un cariño y un respeto enorme. Amo lo que hago y finalmente la gente está en lo que hago”.
Al hablar con Hernán Cristante es imperativo hablar de su carrera, pero detrás de los guantes de arquero, se encuentra un hombre con una vida como cualquiera. ¿A dónde va, qué come, qué hace Hernán?
“Supersimple, en el sentido de que no he perdido mi esencia, me sigue gustando lo que me gustaba de niño, el pasear, el conocer, el comer bien, el juntarme en mi casa o en la de algún amigo a hacer un asadito, abrir un vino, salir a algún lado, escuchar música, tomarte una copa, todo con justa medida, o sea, sos un ser humano, y hay que disfrutar, eso es lo que me gusta.
Al momento de hacer esta entrevista, Hernán Cristante se recupera de una luxación en la rótula izquierda que sufrió en un partido contra Indios de Ciudad Juárez, en septiembre de 2009. Por ello, ahondando en sus reflexiones sobre la vida que lleva fuera de las canchas, y con cierta melancolía, añade: “Me pare en la mañana, miré el volcán nevado y me dieron ganas de irme, y me gustan esas cosas. Disfruto incluso estar sólo, disfruto un atardecer, me agrada, no soy mucho de buscar lugares populares, voy a algún concierto de vez en cuando, salto y canto como loco, no cuido mi imagen ni el qué dirán, no, así soy yo, auténtico, sincero y así me gusta”.
Nacido en La Plata, Argentina, el 16 de septiembre de 1969, Cristante es un sujeto multifacético: tiene un gusto especial por las motocicletas, toca el saxofón y, aunque dejó de ser el arquero del Toluca en 2010, sigue siendo muy cercano a la institución, en la cual, incluso, volvió para ser director técnico un par de ocasiones (2016-2019 y 2020-2021); sin embargo, algo que se nota cuando se charla con él es que su actividad predilecta es la de ser padre.
¿Cómo es Hernán de papá?
“Uy, soy de esos papás consentidores, desde que nació mi primera hija, Gianna, con todas me pasó lo mismo: las bañaba, las dormía, les cambiaba los pañales, parecía más la mamá que el papá, me encantan, mis enanas son mi motivación”.
¿Qué hace reír a Hernán Cristante?
“Cosas simples, sobre todo; me hace reír la autenticidad de la gente, acá en la escuela de fútbol, los niños son inocentes, son buenos y pasan cosas divertidas. El otro día vino un nene que me trajo su curita de dragón para que me curara más rápido de mi luxación, son situaciones que me gustan, no son programadas, el pibe tenía la curita en su casa, se enojó porque su mamá se la guardó, porque no sabía que era para mí y son situaciones que me hacen reí”.

¿Qué te hace llorar?
“Películas, algún comentario o una carta de mis hijas, ellas me escriben cositas, una con dibujitos, las otras ya cosas más profundas, y eso me emociona”.
Para finalizar, una pregunta obligada: ¿qué es el futbol en la vida de Hernán Cristante?
“Eso, mi vida (responde sonriendo). Gracias al fútbol he conocido lugares que jamás pensé que iba a conocer, he conocido gente que me ha abierto puertas que jamás pensé que se me iban a abrir, y no necesariamente de la alta alcurnia, más bien muy humildes, o codearte con personajes con los que soñaste estar, como la Madre Teresa, a mí me paso, que tuve la posibilidad de conocerla. Entonces el fútbol es mi vida, me enseñó mucho más que la escuela o me ha complementado más de lo que yo creía y me ha dejado relaciones, amistades y he extendido la familia, así que no lo podría comparar con otra cosa”.
Recuerdo cuando recibí respuesta al mensaje que le dejé en la página de su escuela de futbol, era un sábado, porque ese día de la semana mi madre lavaba ropa. Sonó el teléfono, preguntaron por Miguel: era una amable señorita que me dio fecha y hora para que fuese a Metepec, pues mi mensaje había llegado hasta Hernán Cristante y él decidió que me daría la entrevista.
Con lágrimas en los ojos, corrí a la azotea para contarle a mi madre lo que había sucedido. “¿Pero cómo?, ¿el portero del Toluca te va a recibir?”, claro, ella tampoco daba crédito de que su hijo hubiese logrado contactar a su ídolo: desde que tengo siete años, me sentaba las tardes de los sábados o domingos a ver por televisión los partidos de ese grupo de sujetos que representaban al Club Deportivo Toluca, y mi madre me veía, fue testigo de cómo me hice aficionado de los Diablos Rojos, pero, ya en ese momento, dio fe de que también me estaba convirtiendo en periodista.
Aquella tarde, Hernán Cristante me trató como si fuese yo un reportero del mejor medio de comunicación de México, cuando él mismo sabía que la entrevista era para acreditar una tarea escolar; jamás olvidaré que le encargó dos teléfonos celulares con los que cargaba a un asistente y pidió que no le pasaran llamadas mientras me atendía en una oficina de amplios ventanales y paredes blancas.
En la noche, cuando llegué a casa, le conté la experiencia a mi madre y me solté a llorar; quizás para el arquero del Toluca fue una charla más en la vida, tal vez hoy ni siquiera la recuerda; para mí fue un momento decisivo, pues confirmé que quería ser periodista. Desde ese día, no sólo admiro y agradezco a Hernán Cristante como portero de mi equipo favorito, sino también lo reconozco como un gran ser humano, pues, al paso de los años, entiendo que no cualquiera, a veces ni los amigos, te regalan cincuenta minutos de la vida, como él lo hizo conmigo aquella vez.

La presente entrevista se realizó en noviembre de 2009; a través de redes sociales, Hernán Cristante autorizó su publicación, en caso de que el Deportivo Toluca venciera en la final del Clausura 2025 del futbol mexicano al Club América, lo cual sucedió el pasado 25 de mayo, cuando los Diablos Rojos vencieron a las Águilas 2 goles a 0 en el estadio Nemesio Diez, obteniendo así su onceavo campeonato.
Fotografías. Iván Ponce de León
