
Más o menos 13 millones de mexicanos incluidos en el padrón electoral acudieron el primero de junio a las urnas para votar por los integrantes del Poder Judicial, en un ejercicio sin precedentes en México. Para unos fue un triunfo indiscutible, para otros un fracaso rotundo, ¿quiénes tendrán la razón?
“Todo es perfectible. Es la primera elección. Se sacarán conclusiones para el 2027″, dijo la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, sobre el proceso, un discurso que han repetido quienes lucharon por llevar a las urnas al último de los tres poderes que estaba libre de la voluntad popular.
Otro de los argumentos son los resultados de las elecciones federales anteriores, donde la derecha (PRI-PAN) y Movimiento Ciudadano, no lograron los 13 millones de votos que sí logró en su conjunto el ejercicio para elegir a jueces, magistrados y demás personajes para cargos afines.
“Fíjense cuantos votos tuvo el PAN el año pasado: 9.6 millones. Fíjense cuántos votos tuvo el PRI el año pasado: 5.7 millones. O sea, por ellos votan menos, de lo que votaron por el poder judicial, pues con razón están un poco preocupados”, aseguró también Sheinbaum Pardo.
La elección era tan importante para la narrativa nacional, que incluso el expresidente Andrés Manuel López Obrador salió de su retiro para ejercer su voto, lo cual emocionó a sus seguidores. «Tenemos a la mejor presidenta del mundo, Claudia Sheinbaum», dijo el fundador del Movimiento Regeneración Nacional, tras destacar la importancia del proceso electoral.
En contraste, pera varios analistas y opositores al gobierno federal, el proceso carece de legitimidad, pues alrededor de un 87% de los votantes eligieron abstenerse, lo cual se puede leer de dos formas: o no les importa, o le dieron la espalda al gobierno de Morena.
Ahí es donde sí tiene razón Sheinbaum cuando dice, palabras más, palabras menos, «en 2027 vemos», pues, aunque pareciera que la sociedad no respaldó su proyecto, cuando Andrés Manuel López Obrador se sometió a la revocación de mandato a mitad de si gobierno, sólo participó 17% del padrón electoral, lo que no significó que hubiese restado apoyos entre los mexicanos, pues su sucesora obtuvo mayor porcentaje de sufragios que él en 2018.
La complejidad de la elección también fue un factor: mucha gente no sabía ni por quién estaba votando, sobre todo en el caso de los puestos locales, aunque, si a esas vamos, la mayoría de la sociedad no conoce tampoco a su diputado local ni federal, muchas veces ni al edil o delegado, lo cual habla de una muy mala cultura de la información en nuestro país.
En la historia, México ha sido ejemplo regional e internacional para impulsar procesos de cambio: el movimiento de Independencia de 1810 fue clave para que otros países del continente se levantaran; la Revolución de 1910 fue la primera del siglo XX que conmocionó al mundo, y luego la Constitución de 1917 sentó las bases para muchas otras legislaciones.
En el mundo no hay nada igual como la Elección Judicial mexicana. Un proceso acelerado y confuso, sí, por supuesto. Un problema de legitimidad con 13% de participación, claro; los intentos de un movimiento por cambiar un régimen de derecha que llevaba años pisoteando los derechos de los mexicanos, obviamente.
Digamos que, aplicando la Teoría de Sistemas, lo macro determina a lo micro y lo micro se refleja en lo macro: los mexicanos somos de hacer las cosas al aventón, al ahí se va, composturas que terminan con explicaciones como «la cosa es que jale».
No sé si como dice la presidenta, en 2027 ya pueda haber un análisis, yo calculo que tardará más, porque muchos cargos elegidos estarán en funciones más hasta 12 años, en los cuales tomarán decisiones que, ahora sí, podrían reflejar un cambio en el Poder Judicial o que refrendarán que no importa el proceso, siempre tendremos en esos puestos más de lo mismo: en su mayoría, salvo honrosas excepciones, un puñado de gente que busca poder y dinero para darse una vida de lujos a la que el 99% de mexicanos no podemos acceder.
