Mi primera bicicleta

Por Marcos Pablo López

Mi primera bicicleta la compramos entre mi hermano y yo con lo ahorrado en todo un año en una caja de ahorros con los domingos o con lo que no gastábamos de lo que nos daban diario para comprar algo de comer en el recreo. Fue una bici usada y vieja, con rines de plástico y freno de pedal, sin marca, ni nada. En la calle donde vivíamos en ciudad Neza la mayoría de los vecinos eran acróbatas con bicis de salto, hasta un medio tubo tenían a mitad de la calle, casi enfrente de nuestra casa. Yo desde la azotea me pasaba las tardes mirando sus trucos y acrobacias, admirando sus bicicletas GT, Haro, Odyssey, soñando con algún día tener una así. Hasta vergüenza nos daba sacar la nuestra cuando ellos estaban afuera.

Aún así esa vieja bicicleta nos llenaba de alegría y seguimos ahorrando para pintarla nosotros mismos, cambiarle la masa y ponerle frenos de rotor para poder girar completamente el manubrio como las bicis de nuestros vecinos. Como no nos alcanzaba para llevarla al mecánico, nosotros aprendimos a hacerle de todo. Esos momentos nos unían y nos hacían convivir a pesar de los cinco años de diferencia que me llevaba. Obviamente a veces peleábamos por usar la bici, pero cuando se trataba de repararla o de ponerle foquitos led con un botón y una pila cuadrada o ponerle calcomanías, nos divertíamos mucho y lo principal era la bicicleta.

Después de muchos años de insistir con la misma petición a los Reyes Magos, por fin llegó una bici nuevecita, color azul metálico, hermosa y brillante, tampoco era de marca, ni siquiera BMX, pero eso no importaba, era nueva con eso bastaba, igual con el tiempo le hice de todo, hasta cambios le puse. Aunque seguía siendo una bici demasiado sencilla en comparación con la de los vecinos, esta ya no me avergonzaba. Mi hermano se quedó con la otra y ya cada quien tenía la suya, podíamos salir a dar la vuelta juntos.
Desde entonces, desde los siete años en que me monté por primera vez a una bicicleta, esta se convirtió en mis piernas, en mi compañera, en mi válvula de escape cuando todo parece ir mal.

Hace poco tuve la oportunidad de cumplir un sueño, que fue ir a la playa en bici desde la ciudad de México y ha sido de las mejores experiencias que he tenido, agarrar carretera y sólo pedalear, pedalear y pedalear, atravesar montañas y pueblos, conociendo gente, con el viento acariciándome y refrescando, con el sol del mediodía golpeando con todo, con la lluvia mojándome el alma.

La bici nos regala sonrisas, caídas que se convierten en aprendizajes, la sensación de libertad y de llegar a donde sea con nuestro propio esfuerzo.
Gracias infinitas a Karl Drais y demás personajes que ayudaron a la evolución de su invento.

Y Muchas Felicidades a esta gran invención hoy en su día.

Publicado por Paradigma

Medio de comunicación dedicado al periodismo literario de largo aliento; nuestras bases son la ética, la veracidad, el respeto a las fuentes y a las audiencias.

Deja un comentario