Por Manuel Hernández Bautista
“Los favores sexuales dentro del campo son una práctica muy común para evitar la realización de tareas como las guardias nocturnas”, expresó Josué, cabo con más de 15 años dentro del Ejército Mexicano.
En su relato, emergen dinámicas que contrastan con la imagen tradicional de rigidez, disciplina y masculinidad que proyecta la institución. Josué asegura que el sexoservicio entre elementos del ejército no solo existe, sino que ha evolucionado: “Ya no es como antes. Ahora es más consensuado. Algunos lo hacen por dinero, otros por placer, y muchos simplemente para librarse de ciertas obligaciones”.
Fuera de las instalaciones del Campo Militar Número 1, ubicado en Lomas de Sotelo, las prácticas sexuales entre militares se organizan con discreción, pero también con cierta normalidad. Según testimonios de varios elementos, uno de los puntos más comunes para encontrarse es frente a una Farmacia del Ahorro, en el cruce con Pericentro y la puerta 8 del campo. “Es más bien por las noches, sobre todo en fines de semana”, comenta Josué.
A unos metros, en una sexshop de nombre “Vibra”, el encargado afirma que militares —reconocibles, según él, por “el acento de provincia”— acuden regularmente a las cabinas y cine para adultos que el establecimiento ofrece por $60 pesos. “Los días de quincena se llena más, entre 6 y 7 de la tarde”, detalla.
La dinámica, según Josué, no siempre implica dinero: “A veces con invitar unas chelas ya se arma”. Señala también a “El Dubái”, una marisquería frente a la puerta 1 del campo, como un sitio recurrente para pactar encuentros casuales. Aunque la administradora del lugar niega cualquier uso alternativo del espacio, en redes sociales circulan publicaciones que lo sugieren como un punto de ligue entre militares.
Este panorama revela una diversidad oculta detrás del uniforme. Las prácticas sexuales entre miembros del ejército no solo desafían los estereotipos de masculinidad hegemónica, sino que también evidencian tensiones internas entre la vida institucional y las identidades personales. En medio del silencio institucional y la moral castrense, estas historias salen a flote, señalando que incluso en los entornos más rígidos, la sexualidad busca espacios para manifestarse.
Saul, quien pertenece a la Guardia Nacional que colabora con la SEDENA, asegura que aún sigue existiendo sexoservicio bajo los términos tradicionales. Incluso menciona que muchos de ellos aún ofrecen su servicios, recargados en la barda del puente que cruza el Periférico con la avenida Parque de Chapultepec.
Saul asegura no ser una persona homosexual, pero revela que, aprovecha las apps de ligue y encuentros casuales como manera de enganchar a usuarios para ofrecer servicios de electricidad y mantenimiento, sin tener alguna preocupación de tener alguna sanción por exponerse en aplicaciones donde hace creer que después de dicho servicio complacerá fantasías a aquellos que tienen el fetiche de los uniformes pixelados, ya sea de tonalidades verdes o grises.
No obstante, Saul revela que nunca ha tenido intención de tener relaciones sexuales con quienes lo contactan, generando, en muchas ocasiones, molestias con los usuarios. Por fortuna, no ha sufrido ningún intento de abuso.
Cabe destacar que, la idea de promocionarse dentro de la app fue otorgada por un amigo suyo que sí pertenece a la comunidad gay, pues reafirma que este fetiche de estar semidesnudo con uniformados está creciendo. Varios de los clientes y usuarios que han contactado a Saul han quedado con las ganas de que suceda algo más, según palabras de este mismo.
Gerardo, elemento de la Guardia Nacional, conocido por crear contenido sexual en redes sociales como X y Telegram, posee una perspectiva particular sobre el tema, puesto que, para él, su situación actual justifica la necesidad de realizar este tipo de contenido para solventar una deuda que tiene, ya que, después de la transición de la antigua llamada Gendarmería a la actual Guardia Nacional se produjo una reducción de los salarios de los elementos pertenecientes a la institución.
El grupo de Telegram que maneja Gerardo alberga al menos el 5% de los más de 3 mil seguidores que tiene en X. No todos sus seguidores suelen suscribirse a su canal debido a que el acceso ronda los 800 pesos aproximadamente. Dentro de aquellos que suelen entrar a dicho grupo, Gerardo asegura crear contenido pornográfico para extranjeros, médicos y servidores públicos como diputados.
Ante el incremento de usuarios por el fetiche de ver uniformados desnudos, la creación de cuentas falsas se ha hecho presente para estafar o apropiarse del contenido de otros usuarios. Antes esto, Gerardo nos dice:
“Existen güeyes que ni siquiera son uniformados, actualmente es fácil conseguir uniformes de manera informal”
Uno de los consejos para detectar estas cuentas que Gerardo nos da es que una cuenta verídica no suele estar activa todos los días, ya que su trabajo les exige demasiado tiempo y son pocos los momentos en que suelen tener un descanso.
“Basta con mandar mensaje pidiéndole un video diciendo la fecha y hora del momento a cambio de dinero y solo te mandaran fotos de otros usuarios”.
Gerardo lleva más de 5 denuncias en X a cuentas que roban su contenido. Para evitar que esto continúe ha optado por pagar aplicaciones de edición audiovisual para imponer una marca de agua imborrable para sus demos de 10 segundos para X.
A su vez, la creación de contenido ha resultado un riesgo para su imagen. Una vez se filtró una imagen con su rostro casi al descubierto, acontecimiento que lo llevó a ser víctima de extorsión; recibió mensajes cuyo contenido aludía a delatarlo con sus superiores si no accedía a tener relaciones sexuales con el extorsionador, el cual era menor de edad.
Por fortuna, ante las denuncias que Gerardo implementó, en la antes conocida como Twitter, consiguió que banearan el contenido que se subió sin su consentimiento haciendo que la red bloqueará las cuentas que se apropiaron de sus fotos.
Ante el desconocimiento del manejo de estas herramientas de edición por parte de otros uniformados que crean contenido, Gerardo ha orientado y realizado edición para proteger la identidad de dichos elementos. Asimismo, él ha administrado los grupos particulares de aquellos que comienzan o están ya dentro de este negocio, el cual suele tener al menos 90 castrenses de la SEDENA, SEMAR y Guardia Nacional por casi todo el país.
Gerardo no se ha decidido a trabajar en el negocio del sexoservicio. Sin embargo, suele tomar las medidas adecuadas para mantener encuentros sexuales de manera consensuada, sin recibir remuneración económica por ello.
Muchos de esos encuentros los lleva a cabo con compañeros de su mismo trabajo, pese a que no todos se identifican como homosexuales. Nos comenta, además, que tiene que someterse a análisis clínicos de manera constante para determinar su estado de salud, ya que contraer enfermedades de transmisión sexual podría condenarlo a la baja de la institución.
“Muchos de ellos son casados, pero al estar lejos de sus casas, de sus esposas por atender las situaciones de Otis en Acapulco y al no querer arriesgarse a contagiarse de alguna enfermedad, muchos optan por desestresarse con nosotros”.
Más que compartir el cereal con leche para la cena, varios elementos de la Guardia Nacional deciden colaborar entre ellos mismos para la elaboración de contenido que ponen a la venta en las plataformas ya mencionadas. El riesgo mayor que presentan es que sus superiores se percaten de la existencia de dicho material y tenga como consecuencia su baja definitiva.
“No es fácil crear contenido, no tenemos el tiempo suficiente ni el lugar para hacerlo” mencionó Gerardo, “Dormimos en casas de campaña, rolamos turnos en la madrugada, es tanto el tiempo de trabajo que no tengo mucho espacio para editar, con decir que aún me falta editar material que tengo desde hace meses”.
Asimismo, Gerardo asegura que este ingreso extra solo será temporal hasta cubrir las deudas que tiene pendiente. En cuanto a los encuentros casuales, él menciona que ya forma parte de su vida.
“La creación de contenido será algo temporal, quedar con alguien no porque uno tiene necesidades como todos. Llevo meses aquí en Acapulco que es muy poca la actividad que he llegado a tener”
Ante la existencia de más cuentas de contenido, Gerardo no lo ve como una competencia radical. Si busca innovar y ofrecer contenido con acciones exclusivas para atender las peticiones de sus seguidores, aunque afirma que disfruta mucho de lo que suele hacer.
“Yo ya he realizado de todo. Si me preguntas sobre si me hace falta algo, déjame decir que no, he hecho cruising, trios, me he tirado a un amigo casado en su casa, todo lo que el usuario promedio tiene como fantasía”
Cabe destacar que, como toda persona creadora de diversos contenidos, Gerardo ha recibido hate por parte de seguidores quienes le cuestionan el material que suele compartir en su telegram poniendo en duda si el pertenece a la guardia nacional o no.
“Me han pedido fotos de mi rostro para comprobar si estoy uniformado o no, yo les digo que sí pero a cambio de una cuota extra a lo cual muchos se niegan y optan por salir del grupo. Yo no tengo problema alguno, les regreso su dinero y los eliminó del grupo, total, así como unos se van, otros llegan”.
Los grupos de Telegram que ofrecen este contenido pornográfico llega a tener una cuota que ronda los 300 pesos. Sin embargo, este tipo de grupos se presta para el robo de contenido y la estafa según la experiencia de Gerardo.
La proliferación de perfiles nuevos en redes sociales como X (antes Twitter), muchos de ellos creados recientemente y con escasa actividad o seguidores, ha generado dudas sobre la veracidad de las ofertas sexuales supuestamente protagonizadas por elementos de las fuerzas armadas. Una constante en estos perfiles es el desequilibrio entre la cantidad de cuentas que siguen y las que los siguen, así como la insistencia con la que promueven la adquisición de suscripciones o el acceso a grupos de contenido explícito.
Uno de estos casos se evidenció a través de una conversación sostenida con un usuario identificado como Militar Act, quien respondió con rapidez a una solicitud de información sobre su contenido. En sus mensajes, aseguró ofrecer “videos explícitos cogiendo en el cuartel totalmente uniformados”, es decir, material pornográfico grabado dentro de instalaciones militares, lo cual sugiere una transgresión directa de los reglamentos institucionales.

El usuario ofreció distintas tarifas según el número de vídeos adquiridos: tres videos por 600 pesos, veinte por mil 200 y un paquete de cincuenta videos por 2 mil pesos. Además, promovía el acceso a un supuesto grupo exclusivo de “militares calientes de toda la república mexicana”, con una suscripción anual también de 2 mil pesos. La idea central del negocio no se limita a la venta de material audiovisual, sino que se expande hacia una red informal de contactos sexuales presuntamente formados por soldados activos dispuestos a sostener encuentros íntimos.
Cuando se le preguntó si los soldados cobraban dependiendo del rol sexual, Militar act respondió que no, que “jalan por cerveza o comida”, minimizando cualquier intercambio monetario y posicionando estas interacciones como acuerdos informales entre adultos. También afirmó que el grupo cuenta con aproximadamente 350 integrantes activos y un total de 1,600 contactos distribuidos en todo el país.
Este tipo de afirmaciones, sumadas al uso de imágenes institucionales, precios inflados y la falta de verificación de identidad, refuerzan la posibilidad de que se trate de una oferta dudosa, diseñada más para captar clientes incautos que para ofrecer un servicio real. En este entorno digital, la fantasía, el anonimato y la estafa se entrelazan sin barreras claras.
En cierta medida, existe un patrón repetitivo en la forma en que algunos creadores de contenido sexual con estética militar comercializan sus servicios. Un caso particular es el de un usuario que se hace llamar Comandante Enmascarado, quien opera desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. En sus mensajes promocionales, difundidos a través de plataformas de mensajería instantánea, asegura ser un “militar real” y afirma contar con una “dotación de verga de 18 centímetros”, una frase que, dentro de este tipo de publicidad, funciona como carta de presentación para cumplir fantasías sexuales asociadas a la imagen del uniformado. El servicio sexual, según anuncia, tiene un costo de mil pesos e incluye encuentros con la vestimenta militar puesta.
Sin embargo, el negocio no se limita al encuentro físico. El Comandante Enmascarado ofrece una gama de “paquetes” escalonados por precio, cada uno con beneficios particulares, la mayoría vinculados a contenido audiovisual pornográfico, interacción con otros usuarios y el acceso a grupos cerrados. El paquete más completo, con un costo de 400 pesos, brinda acceso a dos grupos de Telegram: uno privado que presume más de mil videos explícitos —coitos, sexo oral, masturbaciones, manoseos y encuentros en espacios públicos, conocidos como cruising— y uno general con más de dos mil miembros que sirve como espacio de ligue, cotorreo y organización de citas. Este paquete también incluye un envío personalizado con diez videos exclusivos, cien fotografías y la incorporación a un grupo de WhatsApp con wachos (término popularizado en estas comunidades para referirse a militares o fuerzas del orden) y civiles de distintas regiones, permitiendo así la circulación de contactos por zona geográfica.
Los demás paquetes disminuyen en precio y en servicios ofrecidos. El de 300 pesos mantiene el acceso a los grupos, pero omite el contenido personalizado. El de 200 pesos incluye el ingreso al grupo privado con más de mil videos del propio Comandante Enmascarado en actos sexuales con miembros de la Guardia Nacional, la SEDENA, la SEMAR y civiles. Por 100 pesos se accede sólo a los contactos regionales y a los grupos generales, mientras que el de 50 pesos ofrece únicamente el ingreso a un grupo de Telegram y uno de WhatsApp, donde se promueve la interacción social entre usuarios con este tipo de fetiches.
Llama la atención que todos los pagos son solicitados a través de una cuenta del Banco Nacional del Ejército, Fuerza Aérea y Armada, conocido como BANJERCITO. Esta institución financiera opera exclusivamente para las fuerzas armadas mexicanas y su uso en este contexto no sólo refuerza la veracidad del supuesto origen militar del oferente, sino que añade un elemento de autenticidad que podría generar mayor confianza en los posibles compradores. La mención directa del banco dentro de este tipo de ofertas sexuales representa, además, una contradicción simbólica entre el deber institucional de disciplina y el uso privado y lucrativo del uniforme.
El mensaje finaliza con una pregunta provocadora: “¿Dime tu rol?”, una frase que invita al juego de poder, sumisión o fantasía militar que caracteriza buena parte del consumo erótico relacionado con uniformados.
La intersección entre el contenido sexual en línea y la presencia militar puede presentar un terreno fértil para posibles estafas. En algunos casos, individuos que se identifican como militares pueden aprovechar su posición para generar confianza en sus seguidores. Sin embargo, es crucial recordar que la identidad en línea puede ser fácilmente falsificada.
Algunos usuarios podrían afirmar ser militares para atraer a un público específico, utilizando esta identidad falsa como un anzuelo para manipular emocionalmente a sus seguidores y, en última instancia, estafarlos tal es el caso del usuario Militar Act quien se caracteriza por buscar seguidores y ofrecer contenido cuando la fórmula suele ser de acción opuesta.
Gerardo asegura que dicha cuenta es falsa debido al cambio repentino de número telefónico que hay dentro de su propaganda y el movimiento sospechoso de en X al seguir usuarios que posiblemente se interesen en dicho contenido para caer en una estafa.
Asimismo, Gerardo afirma que el usuario Comandante Enmascarado no se caracteriza por estafar a los usuarios que consumen, pero si para aprovecharse del material que otros militares suelen hacer, razón por la cual Gerardo fue expulsado de dicho grupo al no someterse a las reglas impuestas por dicho usuario.
Es importante reconocer que el uso de aplicaciones como Grindr por parte de algunos miembros del ejército para fines económicos o incluso estafas en grupos de Telegram relacionados con contenido pornográfico no debe ser motivo para denigrar o emitir prejuicios contra los militares homosexuales.
Muchos de ellos eligen vivir una vida común y socializan en plataformas como Grindr, o consumen pornografía, tal como lo hacen muchos hombres, independientemente de su orientación sexual. Todos merecen la libertad de explorar y vivir su sexualidad sin importar su afiliación institucional.
Es crucial recordar que no todos los militares participan en actividades que alimenten ciertos fetiches relacionados con tener sexo con uniformados. Estereotipar a todos los militares homosexuales en función de las acciones de unos pocos es injusto y contraproducente para promover la igualdad y el respeto hacia todas las personas, sin importar su orientación sexual.
Jorge González, licenciado egresado de la UNAM y actual integrante de la SEDENA nos ofrece un contraste diferente sobre cómo él se desenvuelve dentro de la institución donde ha trabajado desde hace tres años, pues, como muchos otros elementos, decidió ingresar a dicho organismo para cubrir necesidades económicas.
Cabe destacar que Jorge no considera que su ingreso al ejército haya sido difícil a pesar de haber entrado durante el intermedio de la pandemia por covid-19, donde sólo 3 de cada 20 civiles que solicitaron ingresar al ejército pudieron ser seleccionados para cubrir una vacante en el área de cocina lo cual no le permitió pese a no ejercer, en su totalidad, la licenciatura de la cual egresó hace más de 10 años.
Su condición física apunta a ser un perfil que encaja perfectamente dentro de la creación de contenido sexual, pues, la práctica de gimnasia, desde su etapa como estudiante, le ha permitido tener un físico llamativo para civiles y uniformados dentro de sus redes sociales. No obstante, él no tiene interés en involucrarse a la creación de contenido sexual puesto que, no es un ámbito que le llame la atención pese a que hay instantes donde no suele tener una economía estable.
A diferencia de otros elementos, el solo usa la plataforma de X para consumir contenido pornográfico, ajeno al que se llega a elaborar por otros elementos de las fuerzas armadas ya que él no posee una atracción o fetiche por el uniforme pixelado.
Si se ha estado involucrado con gente de su medio, pero no con un fin de crear contenido sexual para monetizar. incluso él afirma que no le prende tener relaciones con su uniforme y que suele bloquear aquellos que le insisten en retroalimentar este fetiche al momento de confirmar un encuentro casual.
González ha recibido propuestas económicas para acceder a tener relaciones con su uniforme, pero ante el desinterés que él tiene por este fetiche, no accede porque no se siente cómodo con este tipo de ingresos económicos.
Su libertad sexual no se manifiesta, de forma forzada, en los espacios comunes donde otros elementos del ejército deciden hacerlo, tal es el caso del Dubái cuyo sitio no es del interés de González por su intenso olor a cigarro.
En cuanto a los prejuicios sobre la homosexualidad dentro del campo militar, González nos dice que: “ya no es un tema tan prohibido, cada vez más hay una mentalidad más abierta por parte de las nuevas generaciones”.
Asimismo, González considera que los conflictos que atentan contra la integridad de los elementos del ejército radican más en el grado que tiene cada militar ya que un sargento recibe respeto por su grado sin importar la orientación sexual que este posee. No obstante, para aquellos que tienen un rango menor, la situación no es la misma.
“Los casos de represión son más por abuso de autoridad, uno no puede quejarse sabiendo que el agresor tiene un rango más grande”
Siendo así que, el acoso laboral repercute más en el respeto que otorga el cargo de cada miembro del ejército, incluso, él como licenciado es reconocido por el rango menor pero subestimado por el rango mayor a pesar de que muchos no tienen preparación universitaria.
Ante situaciones como esta, González suele orientar a reclutas para informar que, su orientación sexual no repercute como tal en el acoso. Dicha acción recae más en la jerarquía de mando
González afirma no recibir acoso por su orientación sexual, sin embargo, hay otras cuestiones donde sí se ha sentido desdeñado al sentir que tiene desventajas sobre el personal femenino.
“Dentro del campo militar, por más que algún elemento femenino haya cometido un error, se ha establecido que siempre hay que darles la razón”.
Con base a lo anterior, se podría decir que los comentarios y adjetivos como tío o choto, cuya referencia da a miembros de la comunidad gay son tomados ya de manera consensuada, habrá casos excepcionales, pero ya no está orientado en denigrar la sexualidad de soldado en su totalidad.
Siendo así que, los juegos de actitudes sexuales están orientados en la convivencia y el desestrés que produce el relajo dentro del campo o eso parece ser.
Santiago, de 37 años, licenciado en deporte, comparte una experiencia más cruda sobre cómo es pertenecer al Ejercito Mexicano, siendo una persona homosexual. Su ingreso a la SEDENA se deriva como una manera de distanciarse de su familia disfuncional, donde su madre, quien adoptaba un rol de matriarca y su nula relación con su padrastro y sus hermanastros conllevaron a que revelar su homosexualidad resultara problemático, ya que su madre insistía en que debía seguir los estereotipos de género, algo con lo que Santiago no se identificaba.
Santiago solía estudiar en la vocacional número 7, tenía pensado estudiar medicina, pero al revelar su orientación sexual a su mamá decidió ingresar a un Instituto Militar en Guadalajara, decisión que fue motivada por el deseo de desafiar la percepción de que la masculinidad y la homosexualidad son incompatibles.
Durante su adolescencia y juventud, en los años 2000, la falta de grupos o comunidades LGBTQ+ visibles y de no saber cómo acceder a ellos, hizo que se sintiera incomprendido. Aunque tenía una amiga lesbiana que le ayudó a explorar conceptos relacionados con la comunidad LGBTQ+, su conexión con ella se ha desvanecido con el tiempo.
A pesar de este conflicto, lleva 19 años de servicio en la SEDENA, una institución que inicialmente no consideraba pertenecer, se convirtió en su elección después de que una ligera desviación en su rodilla le impidiera ingresar a la SEMAR.
El proceso de ingreso a la SEDENA fue más viable para él, ya que su problema de salud no fue detectado en los exámenes médicos. Además, considera que su síndrome de Asperger incluso le benefició durante la evaluación psicológica.
Sin embargo, la presión y el rechazo de su familia lo llevaron a enfrentar depresión y ansiedad, lo que desencadenó un ciclo de consumo de drogas como el cristal y la metanfetamina, así como actividades de prostitución para financiar su adicción.
A pesar de sus esfuerzos por tratar su depresión, con ayuda de psicólogos y psiquiatras en la Sedena, no se sintió cómodo, lo que lo llevó a buscar alivio en el consumo de estas drogas.
Entre 2018 y 2019 comenzó con esta actividad del sexoservicio pero la pospuso por motivos de crecimiento cultural. Actualmente ha retomado esta actividad. El lleva usando X (antes Twitter) desde 2009 y no fue hasta meses recientes donde empezó a publicar pornografía para buscar con quién consumir dichas sustancias.
Este comportamiento tuvo un impacto negativo en su salud física y mental, afectando su peso, fuerza, resistencia y patrones de sueño. Se sometió a tratamientos con medicamentos como clonazepam y metilfenidato para controlar su síndrome de abstinencia y consumo de sustancias sin mejoría alguna.
Cabe destacar que Santiago no consideraba tener el riesgo de que los exámenes médicos lleguen a revelar indicios de dichas sustancias en su cuerpo y, que en consecuencia pudiera causar su baja puesto que el previene con días de anticipación para no consumir y mantenerse limpio.
Dentro de su entorno laboral, ha enfrentado situaciones de acoso y hostigamiento. En una ocasión cuando tenía 23 años, pues un superior alcoholizado de 40 años con esposa e hijos lo quiso obligar a practicar sexo oral a lo que Santiago se negó. Por fortuna no tuvo repercusiones. Asimismo, sufrió un caso de hostigamiento por parte de un subalterno quien siempre le lanzaba miradas lascivas y pese a que el elemento no estaba mal físicamente, tanta insistencia provocó que Santiago lo rechazara.
Actualmente, Santiago no considera estar en la posición de elegir a sus clientes puesto que él no es el seleccionador sino el seleccionado por necesidad, por lo cual el accede a tener relaciones sexuales a cambio de una cuota de mil pesos por hora, la cual estableció con referencia otros usuarios cuyo precio ronda entre los 500 a los 3500 pesos dependiendo que tan atractivo sea la persona. Santiago está consciente de que no está en su mejor estado físico, pero sí lo suficiente como para ser solicitado por jóvenes de 21 años hasta extranjeros.
Para el cuidado de su integridad, Santiago establece una serie de reglas como el no extender su tiempo de una hora a excepción si el cliente es de su gusto, no acepta consumo de drogas ni la práctica de tríos por su seguridad puesto que, pese a ser militar, se siente inseguro y cree que podría sufrir un ataque o robo por parte de dos personas. Asimismo, tampoco acepta tener relaciones con su uniforme puesto ya que él no quiere monetizar con su uniforme.
Ante las diversas propuestas que a Santiago le llegan, ha decidido cobrar 800 pesos por tener relaciones bajo el rol de pasivo y mil 400 pesos como inter. Esto se debe a que él cree que es muy importante no eyacular cuando juega el rol de pasivo porque el éxtasis es algo que él solo experimenta con alguien de su agrado o cuando juega el rol de activo.
Varios de sus clientes le han ofrecido 3 mil pesos para que él tenga sexo con su uniforme o 2000 para que tenga sexo sin condón, casos que él no accede porque una vez contrajo gonorrea y no es algo que quisiera experimentar de nuevo.
Para presentarse en el mundo del sexoservicio, Santiago usa una página web llamada mileroticos.com porque, aplicaciones como Grindr hace que el busque sexo por placer y no por necesidad, pese a la oportunidad que él tiene de escoger y no que lo escojan.
Del mismo modo, Santiago no acepta colaborar y crear un grupo de Telegram exclusivo, pese a que no es tan arriesgado como el prostituirse. De la misma forma, no acepta tener relaciones con otros sexoservidores ya que estos aprovechan su rol para querer tener sexo gratis.
Para evitar desperdiciar su tiempo, él hace un estudio de cliente, es decir, Santiago logra detectar quienes realmente están interesados en su servicio y quienes no concretan al poner pretextos, no acordar un lugar y extender el día y hora del encuentro. Incluso ha optado por pedirles a sus clientes que lo recojan y trasladen por medio de servicios como Uber.
Su experiencia en encuentros sexuales consensuados, no son del todo positivos pues nos comenta que en una orgía él solicitó la compra de un popper, pero al ver que el vendedor le entregó una caja vacía él decidió optar por robarle el celular y venderlo.
Así como Gerardo, Santiago también ha sufrido intentos de extorsión al ventilar su imagen a cambio de que Santiago acceda a tener relaciones sexuales con los extorsionadores, pero él no ha accedido a dicho chantaje porque al tener un perfil de exhibicionista considera imprudente denunciar en redes sociales el robo de su contenido ya que para que la denuncia proceda el debe de otorgar datos personales. Incluso buscar ayuda de algunos amigos no es prudente ya que muchos tendrán la intención de robar contenido suyo.
En cuanto a su perspectiva sobre cómo dentro del ejército tratan a las personas homosexuales él considera que entre más subalternos haya menos probabilidad hay de sufrir acoso, pero entre más superiores haya por encima de él, sus derechos parecen ser inexistentes. incluso, para que no todos cuestionan su orientación, él ha optado por decir que está en alguna relación con una mujer o que está ocupado en sus actividades porque dentro de la institución hay un dicho que dice:
«Sí a los 35 años no tienes esposa e hijos es porque eres gay»
No obstante, estos riesgos no son exclusivos de la comunidad LGBT dentro del Ejército Mexicano, pues Alex, un soldado del Campo A1, relató una experiencia que reflejaba los peligros inesperados que acechan a cualquiera, sin importar su orientación sexual.
“Un día, cuando caminaba por el Cinépolis por el Periférico, un Chevy con cuatro señoritas se me acercó y me preguntaron a dónde iba, y después de unos minutos me invitaron a subir al auto. En medio de la charla, una de ellas me preguntó si no tenía un amigo que pudiera acompañarlas, a lo que les dije que no, pues yo tenía la fantasía de cogerme a las cuatro, ya que se veían excitadas por mi uniforme pixelado”.
Lo que parecía ser un encuentro impulsado por una fantasía personal de Alex dio un giro inesperado y perturbador. “De repente, me cubrieron la cara con un pasamontañas o algo así para que no supiera a dónde me llevaban, pero de que era un fraccionamiento por Lomas de Sotelo, lo era. Entonces empecé a sospechar de algo raro, pero yo seguía con el morbo, hasta que me pasaron a un cuarto y me ataron a una silla, con los ojos vendados para que no pudiera ver nada. De repente comenzaron a quemarme con colillas de cigarro, y pues las ganas de chingarme esos cuatro culitos desaparecieron por completo. Al final, me dejaron tirado cerca de la puerta 7 junto con seis mil pesos, y pues me quedé con las ganas de que las cuatro se rolaran mi verga”, relató Alex, quien decidió no denunciar, pues consideró que catalogarían su caso como algo que él mismo se buscó..
Ante esta y otras situaciones, se evidencia el mal manejo de diversos casos donde no solo se contempla la orientación sexual, sino problemas de equidad de género, pero que la queja no es una opción viable a pesar de que cada vez hay más perspectiva de género y de derechos humanos ya que la SEDENA tiene que proyectar un perfil estricto al exterior para consolidar esa idea de protección a los civiles, pero que esta concientización dentro de sus instalaciones no vulnera sino fortalece la estructura interna del ejército.
Ante esto, el Programa de Derechos Humanos de la Secretaría de la Defensa Nacional para el periodo 2021-2024 tuvo como objetivo promover los derechos humanos de las personas lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transgénero, transexuales e intersexuales.
La SEDENA planea implementar acciones específicas para capacitar al personal militar en materia de derechos humanos de la población LGBTI. Esto incluirá un enfoque en la Convención Interamericana contra toda forma de Discriminación e Intolerancia, lo que indica un compromiso con los estándares internacionales de derechos humanos.
Se propone impartir pláticas de derechos humanos dirigidas al personal militar para sensibilizarlos sobre las cuestiones que enfrenta la población LGBTI. Esta medida busca prevenir conductas discriminatorias y fomentar un ambiente de respeto y tolerancia dentro de las filas militares.
Capacitación del personal ministerial y servicios relacionados:
Además del personal militar, se planea capacitar a otros actores dentro de la institución, como asesores jurídicos, servicios periciales y aquellos que tienen contacto directo con las víctimas de delitos relacionados con la orientación sexual. Esto sugiere un enfoque integral para abordar las necesidades de la población LGBTI dentro del contexto militar.
En cuanto a la formación del personal del servicio de sanidad se plantea una serie de acciones a considerar como:
Descartar la importancia de capacitar al personal militar del servicio de sanidad en los derechos humanos de la población LGBTI. Esto sugiere un reconocimiento de las necesidades específicas de atención médica y de salud mental de esta comunidad, así como un compromiso con proporcionar un trato respetuoso y sensible la cual va a tener una periodicidad o frecuencia de edición anual. ¿Esta sensibilización realmente beneficiaría a los miembros de la comunidad LGBTI que laboran dentro de estas instituciones?.
En este mismo tenor, el personal del Servicio de Sanidad militar será capacitado en el reconocimiento de las necesidades médicas específicas de las personas LGBTI, en particular en temas de salud sexual y reproductiva. Sin embargo, surgen cuestionamientos en torno a si estas capacitaciones incluirán información actualizada sobre herramientas de prevención como la Profilaxis Pre Exposición (PrEP), un tratamiento que ha demostrado reducir el riesgo de adquirir VIH en más del 94% cuando se toma de forma constante.
El PrEP representa una alternativa preventiva para muchas personas, incluidos aquellos que, por alergias al látex o prácticas sexuales específicas, enfrentan mayor vulnerabilidad. ¿Están los elementos del Ejército Mexicano siendo informados adecuadamente sobre esta estrategia de prevención? ¿Se les está brindando la posibilidad de ejercer una sexualidad segura y libre de estigmas dentro de un sistema históricamente cerrado y jerárquico?
Más allá de las intenciones plasmadas en papel, la pregunta central permanece: ¿realmente se garantiza el derecho a la salud integral y la protección ante riesgos físicos y de transmisión sexual a los elementos del Ejército que forman parte de la comunidad LGBT? En un entorno en el que aún persisten tabúes, prejuicios y una cultura de silencio, el acceso a información veraz y a servicios médicos adecuados no solo es un derecho humano, sino una deuda institucional pendiente.
*Los nombres de las fuentes en el presente reportaje han sido alterados por petición de los propios entrevistados. La información es responsabilidad del autor.
