Por Gabriel Espinoza Zazueta
—No te asustes y no me juzgues por la casa. Es muy, muy grande —escuchó mi esposa, al entrar a casa de su amiga. Segundos antes, Mich lo tenía más que claro, pues atravesó un precioso jardín y una cochera enorme, donde algunos trabajadores de mantenimiento tomaban medidas y detallaban la imponente fachada. Su amiga se encontraba en Mérida, de visita. Habían quedado para comer.
Ya sentadas en el comedor, la tía entró. Mi esposa se acercó a saludarla.
—Tía, ella es Mich, mi jefa.
—Ah, mucho gusto… —dijo la señora, confundida, mirándola de pies a cabeza, como si el color de su piel no encajara con el rol que escuchó. Intentó detener lo que estaba a punto de salir de boca, pero su lengua la traicionó—. Pensé que venías con los de mantenimiento.
El silencio se expandió en cada rincón de la habitación. Y miren que esa casa en verdad que es grande.
***
En mis momentos de mayor estrés, el síndrome del impostor me visita, a través de sueños nítidos cual profecías. Me confirma mis sospechas que decido no creer durante los primeros meses en mi nuevo trabajo.
Mientras me peino, frente al espejo, me digo que no es cierto, que tengo este puesto por méritos propios, por mi sapiencia y no por mi tez. Pero, a medida que conozco al resto de mi equipo en México, le creo más al síndrome, al sueño que confirma la hipótesis. En el organigrama regional y en videollamadas puedo ver rostros como los de Belinda, Anahí, Juanpa Zurita o Yuri pero nunca una cara como la de Yalitza o la de Tenoch Huerta.
Diario, cada vez que me peino frente al espejo lo saludo. He aprendido a convivir con él.
—Hola, impostor… sí, lo sé. Definitivamente te eligieron por ser más güero que alguien más.
***
—Lo más curioso es que ya me acostumbré a esos comentarios. —dijo Mich tras contarme la anécdota en casa de su amiga. Ya había pasado un día de aquél incómodo suceso cuando la acompañé a una plaza, a comprar maquillaje. Inclusive el escaparate de Rihanna se ve más claro de lo que ella es en persona. Sin duda, como sociedad, nos cuesta mucho aceptar las variedades en el pantone de la piel—. Cuando eres morena en México, la familia es la primera en enseñarte a vivirlo a manera de chiste. Por eso a la fecha les da tanta risa que yo, una niña morena, haya querido mi fiesta infantil de Blancanieves.
Septiembre del 2021.
Mérida, Yucatán.
