Mi nube

Mi nube me ha dejado solo: la descuidé, se fue lejos, me abandonó. Contrario a las que aparecen en las caricaturas, símbolos de mala suerte depresiva, la mía me cubría con amor del inclemente rayo del sol abrasador.

Nunca me pedía nada; mi nube tranquila se mecía con el viendo para darme el amor que, sin saberlo, yo tanto necesitaba. Ingenuo, me acostumbré a su sombra, como si la fuese a tener para siempre: vaya que hay que ser imbécil para pensar que no es dueño de algo tan divino como ese montón de reacciones físicas y químicas que me lo daban todo.

Me daba paz, me daba quietud, me daba sombra, me daba calma… con su forma de borrego afelpado, desde lejos cuidaba mi andar y mis sueños, siempre silenciosa y fraternal.

Mi nube era como una tonada alegre de son cubano, era el amor de loca juventud y sus acordes reconfortantes; a veces trompetas, a veces pianos, timbales o tambores, su ritmo era preciso cuando lo necesitaba.

Pero yo nunca le dejé ni una gota de agua para que se alimentara; jamás le pregunté si estaba bien ahí, flotando encima de mí. No me di cuenta que sus blancos se volvieron grises, que sus brisas se volvieron llantos. Mi nube se apagó.

Ese día en que desperté y el rayo del sol me golpeó violento en el rostro, supe que se había marchado: hasta entonces rememoré cuánto la había ignorado y cuánta falta me haría.

Ahora vivo en angustia: no como bien, no duermo nada, lloro intempestivamente y la canción que tanto me gustaba escuchar junto a ella, ahora me hace sufrir; quisiera borrar mi memoria, saltar de un acantilado, gritarle al viento que vaya a prisa y me la traiga de vuelta; quiero que el pasado sea presente, que la bonanza no me abandone.

Un día me pareció verla a lo lejos: estaba radiante, blanquísima, única como siempre lo fue, tan feliz de cubrir a otro afortunado que no era yo… más me dolió que fui prescindible, nunca especial para ese cúmulo de gotas que ahora se rehusaban a rozarme el rostro.

Mañana me acostaré con el pecho hacia el sol, para ver si, aunque sea por lástima, viene a cubrirme unas horas; si me ignora y sigue con su existencia, preferiré entonces que el calor me consuma, que me evapore para ver si puedo fundirme con ella cuando me lleve el aire.  

Publicado por Paradigma

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