Inconsistencias del existir

Por Gustavo Pablo Reyes Escalona

Llegamos por el azar de una interminable cadena de decisiones inconsultas y, por si fuera poco, condenados por costumbre, disposición o mito a vivir presos de la voluntad de un omnipresente que, como en un manual de uso de un equipo tecnológico, regula cómo se debe actuar para no terminar reprocesados en las llamas del infierno. Al final, al menos de momento, los acatantes y los disidentes de lo dispuesto en ese catálogo de normas terminan, por igual, en brazos de la parca, la muerte, la de la guadaña; nombres que le ha puesto la historia, los credos o quién sabe quién; a la que regula, controla y dispone el momento de partida al más allá o a quién sabe dónde, de los que terminan su existencia en esto que llamamos vida, por costumbre o porque alguien lo dispuso.

A ese ser omnipresente que llamamos de diferentes formas según las culturas y los credos; ese que establece parámetros o normas de conducta, escritas o reproducidas verbalmente de generación en generación; ese ser que dispone reencarnaciones, derecho a nueva vida o simplemente estableció el manual de uso o de comportamiento de los seres vivos sobre el planeta Tierra. A ese ser millones le veneran, le ignoran o simplemente se cagan en él por no permitirles vivir la vida que quisieran, sea por normas, escasez de posibilidades o porque, simplemente, para que el mundo sea mundo tiene siempre que haber jodidos y jodedores: crédulos, incrédulos, ateos, pecadores, consagrados, travestidos, puros y malvados; y otra interminable lista de especímenes humanos que no cabrían en este ensayo.

Así, el existir de cada minúscula individualidad del universo —cada ser vivo humano, animal o vegetal— transcurre entre normas o azares ancestrales que definen casualidad y causalidad. Todos pretendemos encontrar una explicación al adónde venimos, hacia dónde vamos y qué seremos; pero al final otros deciden nuestra llegada a este mundo. Todos, hasta donde la práctica demuestra, tenemos igual final. Lo único que nos hace distintos es la obra que creamos en nuestro discurrir por la vida. Lo único que está medianamente bajo nuestro control es eso; y cómo obremos dependerá de cómo se nos recuerde: si como omnipresentes reguladores de normas, formas y modos en el futuro; o como insignificantes partículas de luz cuyo recorrido se apagó sin dejar huella ni historia para la posteridad.

Unos van por la vida sembrando verdades, plasmando las realidades según existen; otros van pretendiendo —por credo, ideología, costumbres o interés personal— esconder bajo la alfombra las oscuridades, las mentiras y suciedades del existir. Solo de obras se construye la inconsistencia de una existencia a la que nadie nos consultó para llegar y de la que todos partimos por la misma puerta.

Publicado por Paradigma

Medio de comunicación dedicado al periodismo literario de largo aliento; nuestras bases son la ética, la veracidad, el respeto a las fuentes y a las audiencias.

Deja un comentario