El primer amor

Por Rafael Contreras

Qué bello empezar con ese título, todos recordamos a nuestro primer amor, o en todo caso lo estamos viviendo, y todo parece muy lindo, pero luego recuerdas todo el sufrimiento que te causó, lo inmaduro que eras en ese momento y se te amarga el recuerdo, y esto me hace pensar que la cultura ha idealizado mucho este concepto, en las películas, series, música, etc. sólo prestemos atención a las canciones “solamente una vez, se entrega el alma, solamente una vez y nada más” o las películas de Disney donde unas mujeres que nunca han amado, encuentran al príncipe perfecto y se aman para siempre, lo cual se podría justificar diciendo que así era antes, la primera vez siempre se recuerda con cariño, porque fue cuando conociste el amor, pero en realidad, así era antes, porque la cultura, religión y sociedad les hacían creer a nuestros abuelos y abuelas principalmente, que sólo se amaba a una persona toda la vida, y que con esa persona te tenías que casar y tener una familia, hasta que la muerte los separe, pero en realidad no era amor, era un constructo social de la cultura y el patriarcado, pero los tiempos cambian y las personas también, sin embargo, actualmente se sigue idealizando el primer amor, ignorando que fue cuando cometiste o la otra persona cometió muchos errores y en muchas ocasiones los dos, fue cuando no sabías qué sentir o hacer y tomaste muchas malas decisiones, fue cuando los dos apenas se estaban conociendo, fue la primera vez que creaste una conexión romántica con alguien, pero por tu inexperiencia, inconscientemente creaste una codependencia, y cuando todo terminó sacaste el repertorio de las canciones migajeras, fue cuando, si tú tuviste la mala suerte de que en tu adolescencia, los padres de la otra persona no la dejaban salir o le prohibían tener novi@, tenías que verla en la escuela con el nervio de que los vieran los maestros besarse, o si se cambió de escuela, tenías que resignarte a ver a tu pareja casi nunca, con suerte se veían a escondidas o llamaban a un amigo que les hiciera de chaperón, pero si te iba peor mandaban a un familiar tuyo o de tu pareja y si bien te iba, se hacía guey y los dejaba que se lengüetearan y agarraran de la mano, nunca falta la tía desmadrosa, que los lleva a su casa y los deja solos, pero si te tocaba un gandalla, ni un pedo te podías echar porque era como ser espiado por la CIA, en todo momento estaba jode y jode, metiéndose en las conversaciones y haciendo preguntas que a todos incomodan, ya sabes, el típico, y ¿cuánto llevan?, o no lo sé, simplemente si tú hablabas de un tema cualquiera se metía y si era el hermano o hermana de tu pareja, podía ser hasta grosero y celoso, peor cuando son menores, pero ni modo, porque con que le dijeras algo se iba a acusar con los suegros y valías madre, y que podemos decir de los suegros, tantito peor porque siempre quieren estar cuidando a sus hijos y más cuando son mujeres, lo cual es comprensible hasta cierto punto, pero que no mamen, a veces ni al puto parque podías salir, y a veces no tenían nada que hacer, no estaban castigados, nada más era por chingar, por nuestra cultura mocha y conservadora, que prefiere encerrar a las mujeres en lugar de hablarles de anticonceptivos, porque piensan que por salir van a salir con su domingo siete; pero cómo si ellos no hubieran sido jóvenes y calientes, igual ya después de mucho hacerla de pedo y que también tú pareja insistió, cada mes casi casi conseguían el permiso, y todo chido hasta ahí, pero cuando era hora de presentarse con los papás, que complicado, parece que hacían todo lo posible por hartare, desde las miradas de este que hace en mi casa, hasta querer interrogarte como si fueran policías, y ni hablar si es tu primer relación LGBT+ ahí es igual que todo lo anterior pero a la potencia de diez, con todos los tabúes y las expectativas de los padres reflejadas en una mesa, aunque esto depende mucho de los padres, ya que hay algunos comprensivos que no hacen todo ese tipo de jaladas.

Pero en fin, independiente de tu género, todos pasamos por ahí, y vaya que la sufrimos, y me imagino que generaciones anteriores más, ya que ahí no había celulares y mucho menos redes sociales y videollamadas, así que si no se podían ver en persona, no había nada que hacer, aunque eso no quita que actualmente siga siendo una experiencia dolorosa, es al fin de cuentas necesaria, ya que si bien no tiene muchas cosas rescatables, no todo es malo y necesitamos vivir eso para madurar y aprender a negociar, a soltar el control, a amar al otro con todas sus partes, no a la idea que tenemos, al personaje idealizado en nuestra mente, y por más dolorosa que pueda parecer la pérdida del primer amor cómo dijo Gustavo Cerati, “decir adiós, es crecer”.

Publicado por Paradigma

Medio de comunicación dedicado al periodismo literario de largo aliento; nuestras bases son la ética, la veracidad, el respeto a las fuentes y a las audiencias.

Deja un comentario