Trump, el error dentro del sistema. ¿Podrá Musk impulsar su propio partido?

Los sistemas, por más perfectos que parezcan, tienen dentro suyo los factores para llevarlos a su propia ruina. El sistema capitalista, por ejemplo, tuvo su gran cisma en 1929, cuando entró en una crisis de sobreproducción, por lo que ideólogos y políticos de la época debieron proponer nuevas dinámicas para preservar la estructura económica que rige al mundo hasta nuestros días.

Así, cada sistema que revisemos tendrá dentro suyo las fallas necesarias para colapsar y, para el sistema estadounidense, el nombre de estas entropías parce ser Donald Trump. Aunque resulte paradójico, el segundo mandato del magnate republicano está golpeando las bases de lo que él mismo juró defender y cuya consigna es: Make America Great Again.

Desde que impulsó la toma del capitolio el 6 de enero de 2021, Trump demostró lo poco que le importan las instituciones e incluso el pesos de la identidad histórica de su país, pues mancilló ese orden interno e institucional que, según sus propios gobernantes, hace de Estados Unidos un país ejemplar. Sin embargo Trump tenía el objetivo de manchar el inicio presidencial de Joe Biden, pese a que en el camino generara un caos reaccionario provocado por la radicalización de una buena parte de la población.

La cuestión es que Trump debía mantener esa tensión varios años, en aras de utilizarla como impulso para 2024: por eso enfrentó casi gustoso los diversos juicios en su contra durante el mandato de Biden, argumentando que, ya fueran casos de abuso sexual o la propia toma del Capitolio, todo era una cruzada para desvirtuar a un expresidente que buscaría regresar a la Casa Blanca «por el bien de sus ciudadanos».

Finalmente lo logró, de la mano de personajes como Elon Musk, quien durante la campaña republicana tomó poder y relevancia hasta ser ahora uno de los mayores opositores de Trump por desencuentros sobre el presupuesto de EU.

Musk escribió el sábado en X: “Hoy se crea el Partido de América para devolverle a Estados Unidos la libertad”, tras preguntar a sus seguidores si apoyaban el surgimiento de una nueva opción política nacional. “Por un factor de 2 a 1, ¡quieren un nuevo partido político y lo tendrán!”, señaló el empresario de origen sudafricano.

Vaya caos que han generado los movimientos de Trump, que ahora están por poner a prueba una de las grandes instituciones estadounidenses: el bipartidismo.

Desde mediados del siglo XIX, en Estados Unidos se ha ponderado la lucha de dos facciones: demócratas y republicanos. Para muchos una mera simulación para mantener el status quo, ambos grupos tienen agendas políticas similares, aunque rinden cuentas a diferentes cúpulas oligárquicas. Incluso Bernie Sanders, de los pocos políticos de izquierda trascendentes en EU, debió luchar en su carrera por la vía independiente, pues con los demócratas no hallo eco a sus ideas.

No obstante, ese bipartidismo garantizó por casi cien años cierta estabilidad política, pues, aunque existen partidos verdes y de otros tipos, ninguno es ni de cerca trascendente para, por ejemplo, colocar a un candidato en la Casa Blanca. Así, sólo con demócratas y republicanos, en EU se evitaron partidos comunistas, laboristas y demás organizaciones que representaran con veracidad a sectores sociales marginados por el sistema. En tiempos de Martin Luther King no descartemos que pudo haber partidos de la negritud, e imaginemos el impacto que hubiesen tenido.

Pero, ¿qué sucedería si Musk logra posicionar su partido? Trump le enseñó cómo hacer política desde el poder económico y las redes sociales, cosas que el dueño de Tesla ya maneja muy bien. ¿Podría Musk capitalizar políticamente luchas sociales como, por ejemplo, las de los migrantes y descendientes de ellos?

Será interesante ver qué quiere Musk, si imponer una agenda o sólo llegar al poder, sin embargo, cuando se habla de él, no debemos olvidar su obsesión por las novelas de Isaac Asimov y la conquista del universo, para lo que no le vendría mal tener en sus manos la administración de uno de los países más poderosos del mundo. Si bien él, siendo extranjero, no podría llegar a la presidencia, sería liderazgo de su propio proyecto.

No se ve lejana una revolución política en Estados Unidos, muy a lo Javier Milei, en Argentina, o a lo Vox, en España. Veremos hasta donde llega el magnate de los autos y los cohetes, el aprendiz de Trump que puede ser su más grande rival.

Publicado por Paradigma

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