Gentrificación, ¿qué vamos a hacer al respecto?

Hace ya algunos días, la Ciudad de México albergó una marcha contra la gentrificación, debido a que cada vez se agrava más el descontento de la sociedad ante el alza de los precios de las propiedades o las rentas en algunas zonas de la capital.

Esto no es un fenómeno nuevo: desde hace varios años, la gentrificación era un tema latente, sólo que no causaba la preocupación en la ciudadanía que, ahora sí, ya no sabe qué hacer para poder conseguir una vivienda digna y asequible.

Definamos primero qué es la gentrificación y por qué es una dinámica nociva para las sociedades. Según la Real Academia Española, este concepto implica “renovar una zona urbana, generalmente popular o deteriorada, mediante un proceso que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra de mayor poder adquisitivo”.

Aunque ya la propia definición nos muestra una situación deplorable, entendamos este fenómeno a través de casos como el de la Torre Mitikah, al sur de la Ciudad de México, donde los vecinos del pueblo de Xoco se quejaron por su construcción debido a que les bloquearon en muchas ocasiones el suministro de agua como forma de controlar sus protestas, además de que la enorme edificación bloqueó varias calles por las que históricamente se han hecho fiestas populares de la comunidad.

Además, sumemos a ello el tráfico que genera el flujo de clientes que van a la plaza o la gente que vive en los departamentos de lujo alojados en la propia torre, así como la contaminación visual de uno de los edificios más grandes de la capital y el daño al ecosistema local.

No sólo en Xoco, sino en cualquier zona que sufre gentrificación, las amenidades que conlleva la modernización del territorio, a través de nuevos comercios que atraen gente de varias latitudes, provocan el aumento del impuesto predial o las rentas, un problema que aqueja a la sociedad mexicana y a la de otros países.

En España, ya son varios años los que se han presentado marchas contra la gentrificación en Ciudades como Barcelona, Mallorca o las Islas Canarias, donde las protestas han congregado hasta a 57 mil personas. El motivo: el exceso de turismo que genera el alza de los costos para los residentes.

Otra cosa para quejarnos del sistema capitalista-neoliberal en el que vive el mundo: la especulación y la estandarización de divisas como el dólar causan que se generen sentimientos de rencor y odio contra el Otro, el extranjero. En la Ciudad de México, donde habrá otra marcha el próximo 20 de julio, ya son comunes las consignas contra los estadunidenses o los europeos que trabajan de forma remota desde colonias como La Condesa, La Roma o Coyoacán, pues su salario en dólares les permite tener una vida más holgada de la que tendrían en su país.

Sin embargo, los caseros, dueños de inmuebles y comerciantes, al ver que el mercado tiene más dinero, aplican una clásica del capitalismo, que es el aumento de precios, lo cual deja muy rezagados a los mexicanos que ganamos y gastamos en pesos. En páginas como Inmuebles24, por ejemplo, uno puede hallar un departamento de dos recámaras en La Condesa por 80 mil pesos, que transformados a los 4 mil dólares aproximados que equivalen, no suena tan mal para un extranjero.

Por eso muchos habitantes de la Ciudad de México han decidido comprar casa o departamento en las afueras de la urbe, apostándole a que funcionen proyectos como el tren Interurbano, que conectará a la capital con centros como Pachuca e incluso hasta Querétaro. Sin embargo, mientras eso sucede, deben viajar más de dos horas al día a su trabajo, más las tres horas de vuelta, porque el tráfico es más pesado; los gastos del transporte o la gasolina los carcomen, la calidad de vida les disminuye, pero no queda más que alejarse del problema, porque nadie lo soluciona y, peor aún, se agrava.

En el pasado, conocí maestras cuya familia vivía en San Vicente Chicoloapan, en el Edomex, y ellas, de lunes a viernes, rentaban cuartos de azotea para no viajar durante horas a la Ciudad de México a fin de dar sus clases: sólo los fines de semana veían a sus hijos y a su pareja. A ese grado se ha llegado, le es más fácil a una familia separarse para vivir dignamente, que vivir todos juntos en la capital, pues las jefas y los jefes de familia no quieren hacinar a sus seres queridos en cuartos diminutos de baños compartidos.

Eso es la gentrificación: desmembramiento familiar, horas y horas en el tráfico, cambios de entorno forzados… Ahora en Querétaro, por ejemplo, se quejan de un tráfico vehicular que antes no existía, de lo que culpan a los capitalinos que migran allá en busca de una vivienda digna y asequible: el capitalismo causando odios por todos lados.

La cuestión es, ¿cómo solucionarlo? Cuando Martí Batres fue jefe de Gobierno de la CDMX, sugirió, casi que sólo como comentario, regular los precios de las rentas, pero de inmediato lo tildaron de socialista. ¿Entonces, cómo le hacemos?  En tanto, las marchas se salen de control y grupos de choque causan destrozos que no deberían, la xenofobia se exacerba y se juzgan situaciones desde un paragón del que no se debería, porque en México no hay racismo contra el extranjero, hay descontento por las inestabilidades que su presencia genera debido al sistema económico que ha profundizado la desigualdad en el mundo. 

Publicado por Miguel Alejandro Rivera

Licenciado en Comunicación y Periodismo y pasante en Relaciones Internacionales por la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México; maestrante en Periodismo Político por la EPCSG; autor de las novelas “Peor es nada” (Fridaura 2014), “Ella no sabía nada de Bakunin” (Fridaura 2016), “El amor no es suficiente” (Endira 2018), “Dios te salve” (Fridaura 2021), y el libro de cuentos, “Narraciones del México profundo, cuentos cortos de historias largas” (Fridaura 2019); asimismo, redactó la Constitución de la Ciudad de México para Niños, editada por la Asamblea Legislativa de la CDMX. Ha publicado en medios digitales como Homozapping, Sin Línea Mx, Rebelión.org, y fue jefe de información de A Barlovento Informa. Sus talleres de periodismo literario y creación narrativa, así como sus libros y ponencias se han presentado en distintas instituciones como la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma de Guerrero, la Universidad Panamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma de Coahuila, entre otras, y en eventos como la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la CDMX 2016 y 2019, la 3era y 4ta Feria del Libro de San Juan del Río, y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2018, así como en la Brigada para Leer en Libertad en diversas ciudades del país. Actualmente es columnista del diario El Día, con el espacio editorial Textos y Contexto; además es profesor de la FES Aragón y de la Universidad Iberoamericana.

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