El engaño a Ravana

Comenzamos a escribir siguiendo una idea, ¿pero esa es la forma del texto? En esta historia, Ganesh nos enseña que quizá no.

Uno de los demonios más poderosos de la mitología hindú fue Ravana, el antagonista de una de la epopeyas más antiguas de la humanidad y de las más veneradas en el hinduismo: El Ramayana. En esta historia, Ravana secuestra a Sita, la pareja de Rama, un avatar de la suprema personalidad divina. Este demonio, hermano de Kubera, de quien ya te conté en Un banquete que te devora: cómo alimentar la verdadera creatividad, era un ferviente devoto de Siva, su devoción era intensa, a pesar de su orgullo y arrogancia, realizaba rituales y ofrendas para complacer al dios. Ravana no era un devoto ordinario: poseía diez cabezas y veinte brazos, era un erudito versado en los Vedas y un poderoso guerrero. Su reino de Lanka (la actual Sri Lanka) era próspero y magnífico, pero su ambición no tenía límites: lo deseaba invencible y protegido por los poderes divinos más elevados.

            Impulsado por su deseo de obtener poder y protección para su reino, Ravana emprendió un viaje desde su reino en el sur hasta Kailash, en los Himalayas. Al llegar, hizo austeridades y ofreció oraciones a Siva, pero intentó levantar el monte para llevárselo a Lanka. Esto enfureció a Parvati, quien instó a su esposo a castigar el atrevimiento. Siva presionó la montaña con su dedo y atrapó las manos de Ravana debajo. Retenido con un dolor insoportable, Ravana compuso y cantó 1001 hermosos himnos para expresar su amor y rendición total. Conmovido por esta devoción, Siva liberó a Ravana y le ofreció un Atma-lingam (o Jyotirlinga), una manifestación del propio Siva en forma de piedra, contenedora de un inmenso poder. Para Ravana, significaba la posibilidad de hacer invencible su reino. Sin embargo, Siva impuso una condición: debía llevarlo a pie hasta Lanka sin depositarlo en el suelo durante el viaje o se enraizaría en ese lugar y no podría ser movido jamás.

            Los dioses se alarmaron ante la perspectiva de que Ravana obtuviera tal poder. Si lograba llevar el lingam a Lanka, se volvería prácticamente invencible, lo que representaba una amenaza para el equilibrio cósmico. Por lo cual pidieron ayuda a Ganesh.

            Ravana caminó 3000 kilómetros desde el monte Kailash hacia el sur, absteniéndose de comer y de atender necesidades físicas. Pero en la costa occidental de la India, en Gokarna, estado de Karnataka, Ravana sintió una necesidad urgente de orinar. Después de días de contención, su vejiga estaba por estallar, pero no podía depositar el lingam en el suelo. Entonces Ganapati puso en marcha su plan: tomó la forma de un joven pastor y se apareció en el camino. El rey demonio, desesperado por aliviar su necesidad, vio en el joven una solución temporal, se acercó y le pidió sostener el lingam por unos minutos mientras él orinaba, pero le dijo que no lo pusiera en el suelo por ningún motivo. El joven aceptó pero apenas se alejó Ravana, Ganesh lo llamó: “¡Ravana! ¡Ravana! ¡Ravana!”, y como no respondió, depositó el lingam en el suelo, con el pretexto de que era muy pesado para él.

            Cuando Ravana regresó y vio el lingam en el suelo, montó en cólera, reconoció a Ganapati como el pastor y golpeó su cabeza, dejándole una marca; hasta el día de hoy, en el templo de Gokarna, existe una estatua de Ganesh con una depresión en su cráneo, recordando este episodio. Ravana intentó arrancarlo de la tierra utilizando la fuerza de sus veinte brazos pero fue inútil: Tal como Siva advirtió, estaba enraizado en ese lugar.  A pesar de su esfuerzo, solo logró alterar la forma del lingam, dándole el aspecto de un oreja de vaca. Por esta razón, el lugar se llama Gokarna (Go = vaca, karna = oreja, en sánscrito). El lingam mismo recibió el nombre de Mahabaleswar, en roconocimiento a que Ravana no pudo moverlo. Demasiado agotado para regresar a Kailash y comenzar de nuevo su penitencia abandonó su intento y se fue a Lanka, con una lección de humildad.

            En el mito, el Atma-lingam representa la esencia pura de la creatividad divina. Al igual que este poderoso objeto, la verdadera inspiración creativa es un don proveniente de una fuente superior. Para quienes escribimos, simboliza los momentos de claridad e inspiración que parecen llegar desde más allá de la mente consciente. Así como Siva otorgó el lingam a Ravana bajo condiciones específicas, la inspiración creativa también llega con sus propias condiciones: debe ser tratada con reverencia, no puede ser forzada, y requiere un compromiso constante por parte del escritor para mantenerla viva durante el viaje creativo. El viaje de Ravana desde Kailash hasta Gokarna, sosteniendo el lingam sin descanso, refleja el compromiso y la disciplina necesarios en el proceso de escritura. Al igual que Ravana, los escritores debemos mantener la visión e inspiración intactas a lo largo de un camino que puede ser largo y exigente. La necesidad física que abruma a Ravana simboliza las inevitables limitaciones humanas que todos los escritores tenemos: fatiga, distracciones, dudas, y las demandas de la vida cotidiana compitiendo con el proceso creativo.

            El papel de Ganesh en esta historia es una metáfora del rol del editor o de la voz crítica en el proceso creativo. Como Ganapati interviene en el momento preciso para evitar que Ravana lleve el lingam a Lanka, así el editor o la voz crítica interna del escritor interviene en momentos cruciales para redirigir el trabajo creativo. Ganesh no destruye el lingam ni niega su poder sólo le asegura un lugar adecuado. De igual manera, la edición no destruye la inspiración, le ayuda a encontrar su forma y ubicación apropiadas. El “engaño” de Ganapati es una metáfora de la necesidad ocasional de subvertir las intenciones originales del escritor para servir a un propósito más elevado. A veces, la obra toma un rumbo diferente al planeado y esta desviación resulta ser lo que el texto necesitaba. Los escritores debemos reconocer esos momentos en que la historia parece tomar vida propia, desviándose del plan original pero revelando verdades más profundas en el proceso. El escritor debe reconocer cuándo permitir que la obra se “asiente” en un lugar diferente al originalmente previsto.

            Ravana, a pesar de su devoción, estaba impulsado por la ambición de hacer su reino invencible. Su deseo de poseer el lingam para sus fines ilustra el peligro de aproximarse a la escritura con motivaciones egoístas. El Señor de los Escritores nos recuerda la importancia de equilibrar la ambición creativa con la humildad. La verdadera escritura no sirve para elevar al escritor, sino para transmitir verdades que trascienden al individuo.          

El hecho de que el lingam encontrara su hogar en Gokarna, convirtiéndose en un centro de peregrinación, sugiere que cada obra creativa tiene su tiempo y lugar ideales. A veces, quien escribe debe reconocer que una idea no está destinada a manifestarse como la había imaginado, sino que puede encontrar una expresión más poderosa en una forma diferente. Los escritores debemos aprender a discernir cuándo persistir en nuestra visión primigenia y cuándo permitir al texto encontrar su propio camino, confiando en que este proceso de “asentamiento” natural puede llevar a resultados más significativos que los iniciales.

Publicado por Paradigma

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