Las reelecciones de Bukele, ¿héroe o villano?

 Qué complejo es analizar la figura de Nayib Bukele. Desde que llegó a la presidencia de El Salvador en 2019, este polémico personaje ha sido un caleidoscopio de personalidades que lo mantienen en un vaivén político, como si de un péndulo se tratase.

Comenzó su militancia en el mítico Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, por lo que su figura se relacionaba más con los movimientos de izquierda; sus propuestas sobre seguridad y el cuidado de las clases proletarias en el país centroamericano también lo posicionaban como alguien cercano al progresismo, que incluso podía tener buenas relaciones con personajes como Luis Inácio Lula da Silva, mandatario brasileño, e incluso con Nicolás Maduro, su homólogo venezolano.

Con la política de seguridad como su bandera, Bukele se posicionaba como una esperanza legítima para los salvadoreños, asolados por las pandillas criminales que asesinaban y extorsionaban sin castigo prácticamente en todo el país.

Conforme avanzó su gobierno, sus posturas se radicalizaron tanto que se le calificó como a un político de extrema derecha, dictador que, acompañado de militares, en febrero de 2020 tomó la Asamblea salvadoreña para iniciar el proceso que terminaría con un estado de excepción que aún no termina.

Fue entonces cuando Bukele imprimió un sello único en un mundo maniqueo acostumbrado a los extremos: blanco o negro, bueno o malo, izquierda o derecha. Mientras parecía un tirano cuya policía apresaba a cualquiera, se oponía al status quo internacional, que lo criticaba por sus medidas unilaterales. “En El Salvador hay que tomar medidas diferentes a las de cualquier otro país, porque sus problemas son muy específicos y se necesitan soluciones específicas”, respondía, palabras más, palabras menos, a las oenegés y a los Estados que le recriminaban sus estrategias de seguridad.

Entonces, las críticas de las Naciones Unidas y de varios gobiernos, como el de España, encabezado por Pedro Sánchez, de origen socialista, lo llevó a acercarse a la disidencia del mundo progresista: a los Javier Milei, a los Elon Musk, a los Donald Trump… a la derecha conservadora.

¿Por qué hablamos de él? Porque hace unos días, Bukele logró que 57 de los 60 congresistas en El Salvador aprobaran una reforma para permitirle reelegirse cuantas veces quiera en por periodos presidenciales de cinco años.

Por supuesto, a todas luces apesta a dictadura, sin embargo, hay que reconocer algo: a Bukele la gente lo quiere. La última vez que se reeligió, en febrero de 2024, tuvo una preferencia de más del 80 por ciento, pues la megacárcel donde los expandilleros son tratados como animales de corral, a los que jamás se les apaga la luz y no comen carne de ningún tipo, al parecer le fascina a una población que tenía décadas sin poder salir a las calles en las noches, ni siquiera en la capital San Salvador.

Conozco a un excombatiente de las guerrillas del siglo pasado que vive en México, pero cuya familia radica en El Salvador; a través de él, he sabido que en verdad gran parte de la población está conforme con los cambios que ha realizado Bukele, un sujeto con una innegable personalidad imponente y una elocuencia envidiable.

Empero, en esta época en la que la palabra democracia es casi un credo para los movimientos políticos, ¿qué tan contradictorio o dañino es para un mandatario el pensamiento de: “si no lo hago yo, nadie lo hará mejor”?

Vladimir Putin lleva décadas en el poder en Rusia, Ángela Merkel pasó al menos 15 años como canciller alemana y no hablemos siquiera de que en países como Reino Unido y España aún existen monarquías; entonces, ¿por qué El Salvador tendría que, como dice Bukele, adaptarse a lo que le dicen desde afuera?

Son muchas las preguntas. Su propio gobierno ha aceptado que, en su momento, hubo al menos ocho mil detenidos debido a su estado de excepción, lo que da validez a las críticas de una estrategia de seguridad totalitaria; no obstante, en el camino se ha capturado a más de 78 mil delincuentes… Esos balances son los que quedan en el aire ante una pregunta casi que de meme: Bukele, ¿héroe o villano?           

Publicado por Miguel Alejandro Rivera

Licenciado en Comunicación y Periodismo y pasante en Relaciones Internacionales por la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México; maestrante en Periodismo Político por la EPCSG; autor de las novelas “Peor es nada” (Fridaura 2014), “Ella no sabía nada de Bakunin” (Fridaura 2016), “El amor no es suficiente” (Endira 2018), “Dios te salve” (Fridaura 2021), y el libro de cuentos, “Narraciones del México profundo, cuentos cortos de historias largas” (Fridaura 2019); asimismo, redactó la Constitución de la Ciudad de México para Niños, editada por la Asamblea Legislativa de la CDMX. Ha publicado en medios digitales como Homozapping, Sin Línea Mx, Rebelión.org, y fue jefe de información de A Barlovento Informa. Sus talleres de periodismo literario y creación narrativa, así como sus libros y ponencias se han presentado en distintas instituciones como la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma de Guerrero, la Universidad Panamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma de Coahuila, entre otras, y en eventos como la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la CDMX 2016 y 2019, la 3era y 4ta Feria del Libro de San Juan del Río, y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2018, así como en la Brigada para Leer en Libertad en diversas ciudades del país. Actualmente es columnista del diario El Día, con el espacio editorial Textos y Contexto; además es profesor de la FES Aragón y de la Universidad Iberoamericana.

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