
La verdad que permanece luego del fin y el comienzo, lo caótico y la forma, se relacionan y sintetizan en la relación entre El Señor de los escritores y esta serpiente cósmica.
En algunas tradiciones de la India, existe una conexión entre El Señor de los Escritores y Shesha, la serpiente cósmica de mil cabezas, quien da asiento a la suprema personalidad divina. Aquí, Ganapati, en su encarnación como Vighnaraja (el rey de los obstáculos), tiene una asociación especial con Shesha: se dice que ésta le sirve y le proporciona un asiento o trono en algunas representaciones iconográficas. Tal conexión es significativa porque esta sierpe representa el infinito y los ciclos eternos del tiempo en la cosmología hindú. Su asociación sugiere que Ganesh controla el tiempo y los ciclos cósmicos, lo cual refuerza su papel como señor de los comienzos y los finales.
El nombre de Shesha deriva de la raíz sánscrita “śiṣ” que significa “lo que queda”, pues cuando el universo se disuelve al final de cada ciclo cósmico, ella permanece como el único testigo de la existencia anterior. A diferencia de otros ofidios míticos, soporta todos los astros del universo sobre sus múltiples cabezas y representa el fundamento de la realidad manifestada. Mientras sostiene el cosmos, con sus múltiples bocas canta la gloria eterna; como símbolo de la celebración de la divina conciencia. Ananta-Shesha (“Shesha infinito”), representa la conciencia sin límites; trasciende los ciclos de creación y disolución. Su figura ofrece perspectivas profundas sobre la naturaleza del conocimiento. Como ella sostiene el universo, el conocimiento fundamental sostiene todas las expresiones del intelecto y la creatividad, más allá de épocas y civilizaciones. Sus múltiples cabezas simbolizan la diversidad de perspectivas y disciplinas del conocimiento, aunque todas emanan de una misma fuente. Testigo único de ciclos cósmicos completos, encarna la memoria universal preservadora de toda esencia.
Esta relación puede interpretarse a través del principio de complementariedad: por un lado tenemos a Ganesh, con su forma corpórea distintiva y concreta, con límites definidos, su actuar como removedor de obstáculos facilita el movimiento y el cambio, él es la memoria activa que resuelve los problemas. Por otro lado tenemos a Ananta-Shesha cuya naturaleza infinita sugiere que la creatividad requiere tanto límites como horizontes infinitos, simboliza el fundamento fluido y estable de la existencia, posibilitador de toda acción, además de encarnar la memoria de todo cuanto ha existido.
La conexión de Ganapati con la escritura va más allá de su papel como escriba del Mahabharata. El señor de los comienzos, Ganesh preside el inicio de la escritura y la arquitectura completa de los textos; determina cuáles elementos perdurarán y aquellos a transformar. Él media entre la inspiración infinita y su expresión finita en palabras concretas. Así como guarda umbrales, también protege el espacio liminal entre lo conocido y lo desconocido donde la creatividad florece. Su capacidad para transformar obstáculos refleja el proceso por el cual quienes escribimos trasmutamos las limitaciones (de forma, género, lenguaje) en catalizadores de creatividad.
El vínculo entre Ganesh y Shesha muestra a la escritura como un acto de sostenimiento: Ella carga el cosmos mientras El Señor de los escritores sustenta y mantiene la coherencia interna y las leyes de los mundos imaginarios. La escritura, bajo el patronazgo de Ganapati y la influencia de Ananta-Shesha, busca crear obras que permanezcan relevantes a través de los cambios culturales y temporales. Como esta culebra cósmica, quien escribe, se vuelve testigo de lo transitorio para preservar a través de palabras lo que de otro modo se perdería en el flujo del tiempo. Quien escribe celebra y explora las múltiples dimensiones de la existencia a través de su obra, así como ella canta la eternidad.
La relación entre Ganesh y Shesha sugiere una visión de la escritura como testimonio cósmico. Esto implica escribir desde el remanente, inspirándonos en cuanto permanece después de la disolución de lo superficial, y suscribir las verdades fundamentales. Quienes escribimos debemos cultivar la conciencia del testigo imparcial de la existencia: observar sin juzgar para crear textos profundos y auténticos. A semejanza de las múltiples cabezas del ofidio cósmico, quien escribe aprende a mantener en simultáneo múltiples perspectivas y voces narrativas. Es fundamental reconocer que toda creación emerge de una continuidad más amplia la cual conecta a la obra individual con corrientes profundas de sentido y significado, tanto cultural como existencial.
La dinámica entre Ganesh (señor de los comienzos) y Shesha (lo que permanece) apunta a una paradoja esencial en la escritura. Cada comienzo es una continuación: todo nuevo proyecto de escritura emerge de la continuidad del conocimiento y la experiencia. La innovación auténtica no surge de la nada, sino de una relación profunda con aquello permanente a través del tiempo. Quienes escribimos trabajamos en un espacio fluctuante entre ciclos de creación y disolución; capturamos momentos de transición donde lo nuevo y lo eterno se encuentran. La verdadera originalidad no consiste en crear algo sin precedentes, sino en reconocer patrones eternos y darles nueva forma.
La ligazón entre Ganesh y Shesha sugiere una dimensión cósmica de la escritura. El acto de escribir, bajo esta perspectiva, no es sólo personal sino el de participar en mantener el orden cósmico, cómo la serpiente sostiene el universo. La escritura profunda trasciende los ciclos de moda y tendencia, aspira a la cualidad “remanente” de Shesha. Quienes escribimos nos convertimos en testigos de transiciones entre eras y paradigmas; documentamos el flujo de la conciencia colectiva a través del tiempo. Así como ella soporta invisiblemente el cosmos, la escritura sostiene discretamente la cultura y la conciencia colectiva. La correlación entre Ganapati y Shesha ilumina la paradoja central de la creación literaria: crear lo perdurable a través de la impermanencia de las palabras para capturar verdades trascendentes en el tiempo. Se trata de encontrar el equilibrio entre la innovación y la continuidad con la tradición. Usar la forma finita de un texto como portal hacia perspectivas infinitas refleja la correspondencia entre la forma definida de Ganesh y la infinitud de Ananta-Shesha. Y se vuelve fundamental reconocerlo: recordar es un acto creativo y toda creación, una forma de memoria.
El nexo entre Ganesh y Shesha nos invita a concebir la escritura como un acto que existe en el espacio sagrado entre el comienzo y lo eterno, entre la innovación y la continuidad, entre la forma definida y el fundamento infinito. Para quienes escribimos hoy, esta perspectiva nos ofrece un contrapeso a la obsesión moderna con la originalidad y la novedad. Nos recuerda que la escritura más poderosa no es la que rompe con el pasado, sino la que establece un diálogo consciente entre novedad y eternidad, entre el impulso creativo de Ganesh y el fundamento perdurable de Shesha. En última instancia, la relación entre Ganesh y Shesha nos invita a ver el escribir no como un acto de creación ex nihilo, sino como una participación en un proceso cósmico más amplio, uno en el cual cada palabra es un nuevo comienzo y un eco de lo eterno, una expresión finita de una verdad infinita, un momento de creación emergiendo del remanente indestructible de todo lo que es, ha sido y será.
